La nueva eclesialidad de Francisco.
El Papa Francisco ha abierto las puertas y ventanas de la Iglesia al viento del Espíritu y prolonga la reforma del Vaticano II.
En su pontificado se pueden ya apreciar cambios eclesiales.
1. De una Iglesia poderosa, distante, fría, acartonada, miedosa, reaccionaria, de la cual la gente se aleja y se va... a una Iglesia pobre, sencilla, cercana, acogedora, sincera, realista, que promueve la cultura del encuentro y la ternura. El nuevo obispo de Roma, Francisco se reconoce pecador y pide oraciones; recuerda que la Iglesia necesita una conversión y una continua reforma evangélica, una reforma a lo Francisco de Asís.
2. De una Iglesia moralista obsesionada por el aborto, el control de natalidad, el matrimonio homosexual... a una Iglesia que va a lo esencial, que se centra en Jesucristo contemplado y adorado, recupera el evangelio, anuncia la gran buena noticia de la salvación en Cristo, pues Jesús es lo único que atrae; quiere difundir el olor del evangelio de Jesús. No puede ser un cristianismo de meras devociones sin Jesús. La alegría del evangelio llena el corazón de todos los que se encuentran con Jesús.
3. De una Iglesia centrada en el pecado y que ha hecho una tortura del sacramento de la confesión y ha convertido la petición de sacramentos en una aduana inquisitorial...a una Iglesia de la misericordia de Dios, de la ternura, de la compasión, con entrañas maternales, que refleje la misericordia del Padre, una Iglesia ante todo hospital de campaña que cure heridas de emergencia, que cuide la creación, una Iglesia en la que los sacramentos son para todos, no solo para los perfectos.
4. De una Iglesia centrada en ella misma, autorreferencial, preocupada por el proselitismo...a una Iglesia de los pobres preocupada ante todo del dolor y del sufrimiento humano, de la guerra, del hambre, del paro juvenil, de los ancianos, donde los últimos sean los primeros, donde no se pueda servir a Dios y al dinero; una Iglesia profética, libre ante los poderes de este mundo; en Evangelii gaudium (53-60) afirma que el actual sistema económico basado en la idolatría del dinero es injusto, pues enriquece a unos pocos y convierte a una gran mayoría en masas sobrantes, es un sistema excluyente que mata; por esto lanza un “no” a una economía de exclusión, un “no” a la nueva idolatría del dinero, un “no” al dinero que gobierna en lugar de servir, un “no” a la inequidad que genera violencia.
5. De una Iglesia encerrada en sí misma, reliquia del pasado, con tendencia a mirarse el ombligo, con sabor a invernadero, que espera que vengan los otros... a una Iglesia que sale a la calle, “callejea la fe”, va los márgenes sociales y existenciales, a las fronteras, a los que están lejos, aun con riesgo de tener accidentes; no teme ser una Iglesia minoritaria y pequeña, con tal que sea semilla y levadura, que abra caminos nuevos, que vaya sin miedo a servir, una Iglesia a la intemperie, que sale a las cu- netas del mundo, una Iglesia en estado de misión.
6. De una Iglesia que discrimina a los que piensan diferente, a los diversos, a los otros... a una Iglesia que respeta a los que siguen su propia conciencia, a las otras religiones, a los ateos, a los homosexuales, dialoga con no creyentes, con judíos, nuestros hermanos mayores, una Iglesia de puertas abiertas, atenta a los nuevos signos de los tiempos.
7. De una Iglesia con tendencia restauracionista y de vuelta atrás, que añora el pasado... a una Iglesia que considera que el Vaticano II es irreversible, que hay que implementar sus intuiciones sobre la colegialidad, evitar el centralismo y el autoritarismo en el gobierno, caminar en medio de las diferencias. El Papa reconoce que no tiene la respuesta a todas las cuestiones, que hay que reformar el Papado, que hay que dar responsabilidad a los laicos, ofrecer mayor protagonismo a la mujer, desclericalizar la Iglesia, pues el clericalismo no es cristiano.
8. De una Iglesia con pastores encerrados en sus parroquias, clérigos de despacho, que buscan hacer carrera... a pastores que huelan a oveja, que caminen delante, detrás y en medio del pueblo; el carrerismo es la lepra del Papado, la curia es vaticano-céntrica y fácilmente traslada su visión al mundo.
9. De una Iglesia envejecida, triste, a una Iglesia joven y alegre, levadura y fermento en la sociedad, con la alegría y la libertad del Espíritu, con luz y transparencia, sin nada que ocultar.
10. De una Iglesia ONG piadosa, clerical, machista, monolítica, narcisista,...a una Iglesia Casa y Pueblo de Dios, mesa más que estrado, que respete la diversidad, donde jueguen un papel relevante los laicos, las mujeres, las familias.
Víctor Codina
La Reforma de la Iglesia en tiempos de discernimiento
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