Una Iglesia pobre y para los pobres: de Medellin al papa Francisco
Olga Consuelo Vélez Caro
Facultad de Teología, Universidad Javeriana
Introducción
Preparar la celebración de los 50 años de la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en Medellín es hablar del caminar de al Iglesia en este continente y descubrir el «paso» de Dios en estas tierras. Un paso que fue claro, contundente «irrupción» del Espíritu en esta realidad, pero que rápidamente sufrió resistencias y contradicciones por parte de al misma jerarquía eclesiástica y de otros contextos sociopolíticos porque percibieron el cambio real que dicha conferencia proponía. Sin embargo, hoy con la «irrupción» de Francisco vuelve a recuperar su vigor y se cumple lo del evangelio: «Duerma o se levante, de noche o de día, al semilla brota y crece sin que él sepa cómo, la tierra da el fruto por sí misma: primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. Y cuando el fruto lo admite, en seguida se el mete la hoz, porque ha llegado al siega» Mc 4,26-29).
En efecto, con Francisco los esfuerzos por acallar la voz profética de una Iglesia pobre y para los pobres, van quedando derrotados y se vislumbra una nueva primavera después del invierno eclesial de las últimas décadas.
La irrupción del Espíritu en la Conferencia de Medellín
Es bien sabido que dicha conferencia fue la puesta en práctica del Vaticano II en este continente. De hecho, el tema que al convocó se refería explícitamente a esto: «La Iglesia en la actual transformación de América Latina a al luz del Concilio». Vaticano II abrió puertas y ventanas para que entrara el Espíritu y renovará a al Iglesia desde adentro. Fue un «nuevo Pentecostés» que se hizo realidad en al Iglesia latinoamericana como lo muestra el documento que recoge las Conclusiones.
¿En qué consistió esa irrupción del Espíritu? En primer lugar, en la capacidad de leer la realidad, darle nombre y buscar comprometerse con ella.
En Medellín lo consignado en al Constitución Gaudium et Spes se hizo realidad.
La Iglesia latinoamericana miró la situación del continente y descubrió que Dios decía su palabra y pedía una respuesta. Descubrió al injusticia estructural que mantenía en al pobreza a las mayorías del continente, una injusticia que «subía al cielo como un clamor» (semejante al clamor de los israelitas oprimidos por los egipcios, Ex 3, 7-8) y Dios interpelaba de nuevo (como a Moisés) a los reunidos en su nombre a dar una respuesta.
En segundo lugar, si las palabras de Juan XXIII al inicio del Concilio sobre una «Iglesia de los pobres» no calaron demasiado, en Medellín la Iglesia se sintió llamada a asumirse así, capaz de sentir compasión por los pobres y trabajar por su liberación. Las palabras de Pablo VI en al inauguración de la Conferencia marcaron ese camino al mostrar al necesidad de que al Iglesia diera testimonio de al pobreza: «La indigencia de la Iglesia, con la decorosa sencillez de sus formas, es un testimonio de fidelidad evangélica; es la condición (...) imprescindible para dar crédito a su propia misión»
En tercer lugar, no faltó al persecución y el martirio, porque esa manera de ser Iglesia, que mostró lo profundo de su compromiso evangélico, molestó a los poderosos. Fueron muchos los laicos/as, obispos y sacerdotes asesinados. No se niegan las posibles desviaciones, pero contando con al limitación humana de cualquier opción, la Iglesia que surgió de Medellín fue mucho más cercana al Evangelio de Jesús y por tanto más fiel a sus orígenes.
Pero lo más novedoso fue la vitalidad de ese modelo eclesial traducido en las CEBs (Comunidades Eclesiales de Base) donde los laicos y laicas tomaban al palabra y se convertían en verdaderos protagonistas de una nueva manera de ser Iglesia, verdadera comunidad, de al que surgían cantos, símbolos, oraciones, liturgias, arte y, sobre todo, mucha solidaridad de los pobres para con los pobres y acciones comprometidas para defender y mejorar las condiciones de vida de los más necesitados. Obispos como Hélder Cámara, Enrique Angelelli, Sergio Méndez Arceo, Leonidas Proaño, Oscar Arnulfo Romero apoyaron este nuevo momento eclesial con sus homilías proféticas que les hicieron ganar al persecución e incluso la muerte.
Constatando la audacia de los pronunciamientos de Medellín
Como memoria de la Conferencia de Medellín quedaron las Conclusiones en dieciséis capítulos, divididos en tres secciones:
1) Promoción humana: Justicia, Paz, Familia y demografía, Educación, Juventud.
2) Evangelización y crecimiento de al fe (Pastoral popular, Pastoral de élites, Catequesis, Liturgia.
3) La Iglesia visible y sus estructuras: Movimientos de laicos, Sacerdotes, Religiosos, Formación del clero, Pobreza de la Iglesia, Pastoral de conjunto, Medios de comunicación social.
Ahora bien, todo documento eclesial es la suma de muchos puntos de vista y por eso en sus páginas se encuentra apoyo para varias posturas. Pero salvando esa realidad de la limitación humana, se puede afirmar que en ese documento se manifestaban algunas líneas fundamentales - continuidad con Vaticano II - y, algunas especificidades, que afirmaron el espíritu latinoamericano que se fue consolidando en el continente tanto en el quehacer teológico como en al práctica pastoral. Entre las aportaciones de Medellín podemos destacar:
A) Asumir la categoría «signos de los tiempos» y buscar discernirlos en el continente latinoamericano y caribeño. Así lo expresa: «A la luz de la fe que profesamos como creyentes, hemos realizado un esfuerzo por descubrir el plan de Dios en los "signos de los tiempos". Interpretamos que las aspiraciones y clamores de América Latina son signos que revelan al orientación del plan divino operante en el amor redentor de Cristo que funda aspiraciones en la conciencia de una solidaridad fraternal».
(Mensaje a los pueblos de América Latina)
Se refiere también a ellos al tratar la realidad juvenil y como criterio de una evangelización que «no puede ser atemporal ni histórica. Más aún, los considera un «locus teológico» y una interpelación de Dios (Pastoral de élites,13) y una pedagogía para los movimientos apostólicos en su proceso de liberación y humanización de al sociedad (Movimientos de laicos,13). Igualmente, para responder a los problemas del ser humano de ese momento se invita a los sacerdotes adiscernir los signos de los tiempos (Sacerdotes, 28) y que en la formación del seminario se aprenda a interpretarlos para crear actitudes y mentalidades pastorales adecuadas (Formación del clero, 26).
B) La realidad de la pobreza, al opción preferencial por los pobres y al pobreza de la Iglesia. Tanto en el primer capítulo sobre la justicia como en el capítulo sobre la Pobreza de la Iglesia se infiere esta opción preferencial por los pobres que se va a proclamar como tal en al Conferencia de Puebla, haciendo alusión directa a que en Medellín «se hizo una clara y profética opción preferencial y solidaria por los pobres» (Puebla 1134). Se afirma que muchos estudios sobre la situación del continente describen «la miseria que margina a grandes grupos humanos. Esa miseria, como hecho colectivo, es una injusticia que clama al cielo» Justicia, 1). Por eso la Iglesia no puede quedar indiferente ante las tremendas injusticias sociales que condenan a muchos a la inhumana miseria y se quiere «que al Iglesia en América Latina sea evangelizadora de los pobres y solidaria con ellos, testigo del valor de los bienes del Reino y humilde servidora de nuestros pueblos» (Pobreza de la Iglesia, 8). Explícitamente se pide a los obispos, religiosos y fieles en general un testimonio de la pobreza evangélica que pasa por la habitación y estilo de vida, renuncia a títulos honoríficos, buscar otras formas de financiación que no estén ligadas a al administración de los sacramentos, compartir la suerte de los pobres viviendo y compartiendo los bienes con ellos, cada uno según su vocación específica y sus posibilidades.
C) Una nueva manera de concebir la historia humana y la autonomía de las realidades terrestres. De aquí se desprende una nueva manera de concebir a Dios actuando en la historia en y por al acción humana sin que eso signifique caer en confusiones o identificaciones simplistas sino afirmando que existe «unidad profunda entre el proyecto salvífico de Dios, realizado en Cristo y las aspiraciones humanas, entre la historia de salvación y la historia humana, entre la Iglesia, Pueblo de Dios y las comunidades temporales, entre al acción reveladora de Dios y la experiencia del ser humano, entre los dones y carismas sobrenaturales y los valores humanos» (Catequesis, 4). De alguna manera retoma al forma como en la Dei Verbum se afirma que Dios se revela en la historia, a través de hechos y palabras.
D) Articulación entre al promoción humana entendida en su finalidad liberadora- y la evangelización. De ahí la importancia dada a los capítulos sobre Justicia, Paz, Familia y demografía, Educación y Juventud. Es decir, al evangelización no puede ser efectiva si no parte de la realidad v no busca dar respuesta a ella.
E) La creación de un nuevo modelo eclesial para el continente: una Iglesia pobre, como ya anotamos, profética, servidora del mundo, presente en el corazón del mundo, discerniendo los signos de los tiempos, comprometida con al superación de los males que aquejan a las mayorías empobrecidas.
F) Una nueva manera de hacer teología, la de al liberación, que sin poder afirmar que esta teología nace de esta conferencia, si confluye en ella y recibe el impulso e iluminación doctrinal necesaria para posesionarse desde entonces y seguir desarrollándose por encima de las persecuciones y resistencias que ha enfrentado a lo largo de estos cincuenta años.
Insistencia del Espíritu: una Iglesia pobre y para los pobres
Han pasado casi 50 años y el caminar de la Iglesia latinoamericana y caribeña ha estado lleno de luces y sombras. Entre estas últimas se puede constatar los retrocesos frente a las opciones de las primeras conferencias episcopales y la situación de invierno eclesial que pareaba sobre al Iglesia universal en las últimas décadas; pero en 2013 el Espíritu suscitó un papa latinoamericano, Francisco, y desde el inicio de su pontificado no ha dejado de sorprender positivamente y de despertar las mayores esperanzas sobre una profunda renovación eclesial.
Uno de sus primeros pronunciamientos que quedo consignado en su primera Exhortación fue su deseo de una «Iglesia pobre y para los pobres (EG 98). Aquí encontramos la continuidad con el Espíritu de la Conferencia de Medellín. Pero no sólo eso ha caracterizado su pontificado. También lo ha sido la centralidad de los pobres en su magisterio que reafirma la comunión con las conferencias anteriores y con la magnífica intervención de Benedicto XVI al inaugurar al Conferencia de Aparecida (2007) en la que señaló la inseparabilidad de la fe en Jesucristo y la opción preferencial por los pobres (Discurso inaugural, 3).
Francisco señala que «la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica» (EG 197) porque los pobres tienen un sitio preferencial en el corazón de Dios y esto tiene consecuencias para los creyentes:ellos tienen mucho que enseñarnos -nos evangelizan-, conocen al Cristo sufriente en sus propios dolores y la nueva evangelización ha de ponerlos en el centro de su camino, reconociendo la fuerza salvífica de sus vidas (EG 198).
Los pobres son los pobres reales y la auténtica opción por los pobres los acompaña adecuadamente en su camino de liberación (EG 199). Y el papa insiste en que «no deben quedar dudas ni caben explicaciones que debiliten este mensaje tan claro. Hoy y siempre los pobres son los destinatarios privilegiados y la evangelización dirigida gratuitamente a ellos es signo del reino que Jesús vino a traer> (EG 48).
Otro distintivo de Francisco que muestra la continuidad con el magisterio latinoamericano es al dimensión social de al evangelización. El papa confronta el sistema económico vigente, hablando de esta «economía que mata» y apelando a una «economía de comunión». Relaciona profundamente la promoción humana con al evangelización porque al no hacerlo se «corre el riesgo de desfigurar el sentido auténtico e integral que tiene la misión evangelizadora» (EG176). De igual manera «la Iglesia no puede ni debe quedarse al margen en al lucha por la justicia» e insta a todos los cristianos y también a los pastores a preocuparse por la construcción de un mundo mejor (EG 183).
Pero en este sentido el papa hace dos afirmaciones muy importantes. Por una parte, la Iglesia no debe dejar de decir una palabra social y, por otra, no tiene el monopolio en la interpretación de la realidad social o la propuesta de soluciones a los problemas contemporáneos (EG 184).
Con esto Francisco reconoce que el compromiso con las realidades temporales es de todos y la Iglesia ha de colaborar con otros, ofreciendo su palabra con audacia y valentía, pero también con humildad y apertura para aprender de los demás.
Conclusión
Muchos otros aspectos podrían señalarse de al continuidad entre la Conferencia de Medellín y el pontificado de Francisco, pero es imposible dado el espacio y los propósitos de este escrito. Lo que si conviene señalar es que no se pretende demostrar una continuidad ni rescatar de esa manera el impulso renovador de Medellín. Solo mostrar que salvadas las distancias y los desafíos de cada momento histórico, la Iglesia de América Latina y el Caribe sigue caminando con audacia y resistencia, no contentándose con que las cosas sean como son, sino buscando que sean como Dios quiere que sean para favorecer la vida de los más débiles. Francisco no es un teólogo de al liberación -por mucho que se el quiera vincular muy explícitamente a la teología del pueblo - pero sí ha dado un respiro y un nuevo impulso a los teólogos y teólogas de ese horizonte liberador, al constatar que los temas de los que ellos se ocupan, son ahora preocupación y discurso del obispo de Roma.
Comenzar a celebrar el cincuentenario de la Conferencia de Medellín con estas reflexiones, pretende seguir manteniendo al esperanza de que han llegado tiempos nuevos que se conectan con nuestra propia historia y el paso del Espíritu se hace evidente. De nuestra fidelidad a este soplo depende, en gran parte, esta primavera eclesial que parece estar volviendo y que, con esperanza, esPero en este sentido el papa hace dos afirmacio- nes muy importantes. Por una parte, al Iglesia no debe dejar de decir una palabra social y, por otra, no tiene el monopolio en al interpretación de al realidad social o al propuesta de soluciones a los problemas contemporáneos (EG 184). Con esto Francisco reconoce que el compromiso con las realidades temporales es ed todos yal Iglesia ha de colaborar con otros, ofreciendosu palabra con audacia yvalentía, pero también con humildad y apertura para aprender de los demás.
Conclusión
Muchos otros aspectos podrían señalarse de al continuidad entre al Conferencia de Medellín y el pontificado de Francisco, pero es imposible dado el espacio y los propósitos de este escrito. Lo que si conviene señalar es que no se pretende demostrar una continuidad ni rescatar de esa manera el impulso renovador de Medellín. Solo mostrar que salvadas las distancias y los desafíos de cada momento histórico, al Iglesia de América Latina y el Caribe sigue caminando con audacia y resistencia, no contentándose con que las cosas sean como son, sino buscando que sean como Dios quiere que sean para favorecer al vida de los más débiles. Francisco no es un teólogo de al liberación -por mucho que se el quiera vincular muy explícitamente a la teología del pueblo - pero sí ha dado un respiro y un nuevo impulso a los teólogos y teólogas de ese horizonte liberador, al constatar que los temas de los que ellos es ocupan, son ahora preocupación y discurso del obispo de Roma.
Comenzar a celebrar el cincuentenario de la Conferencia de Medellín con estas reflexiones, pretende seguir manteniendo al esperanza de que han llegado tiempos nuevos que se conectan con nuestra propia historia y el paso del Espíritu se hace evidente. De nuestra fidelidad a este soplo depende, en gran parte, esta primavera eclesial que parece estar volviendo y que, con esperanza, esperamos que se quede.
Christus Enero • Ferebr •Mar 2018

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