Breves folletos de Pastoral Popular.Rafael Tello

  ISSN 2451-7186









EDICIONES VOLVERÉ FASCÍCULO EXTRAORDINARIO N° II

Rafael Tello

Breves folletos de Pastoral Popular

Luján - 2015

  Fascículo Extraordinario n° 2

  

Ediciones Volveré / Luján – Argentina CC 202 – B6700WAC – Luján (BA) Año I. Vol. Extraordinario II / pp 1-111 Septiembre 2015 / ISSN 2451-7186 Editor responsable: Fabricio Forcat connaturalidad40@gmail.com

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Presentación

Ediciones Volveré, surge en mayo de 2015, como una publicación seriada en fascículos sucesivos en formato digital. Es una revista electrónica inscripta en el CAICYT dependiente del CONICET1 y tiene como objetivo constituir un reservorio de fuentes documentales vinculadas a la teología y la evangelización, en orden a que puedan ser utilizadas en otras publicaciones interesadas en textos hasta el momento inéditos.

En esta oportunidad, nuestro segundo fascículo extraordinario ofrece en versión digital cinco publicaciones aparecidas en formato papel, los años 2005 y 2006, para uso interno de la Cofradía de Luján.2 Se trata de textos relativamente breves en los que el padre Rafael Tello ofrece fundamentos para una pastoral popular entre los pobres, atendiendo puntualmente algunas cuestiones particulares:

1- Las misiones y peregrinaciones con la Virgen [p. 4-34]

2- El problema de la Iglesia y las sectas [p. 35-53]

3- La Imagen y la Palabra en la Pastoral Popular [p. 54-71]

4- La virtud teologal de la fe en el cristianismo popular [p. 72-91]

5- La pobreza de los pobres [p. 92-110]

Agradecemos a la Fundación Saracho, propietaria de los derechos de autor de la obra intelectual de Rafael Tello ofrecernos la oportunidad de esta edición digital en orden a una divulgación de su pensamiento.

Equipo Editorial


1 Con ISSN 2451-7186 asignado en nota fechada en Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el 07 de agosto de 2015 según el registro CAICYT n° 348/2015.

2 Asociación privada de fieles cuya creación fue impulsada por el propio Tello, reconocida por la Arquidiócesis de Mercedes Luján con el nombre de “Asociación Sacerdotal Santa María Estrella de la Evangelización”. Cf. G. RIVERO, COMP, El viejo Tello y la pastoral popular, Patria Grande - Fundación Saracho, Buenos Aires, 2013, 77ss.

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BREVE FUNDAMENTACIÓN

DE LAS PEREGRINACIONES Y MISIONES CON LA VIRGEN




I. Principios y razones de la Pastoral Popular* 

                          

La Iglesia toda es la que evangeliza. Ella es el Cuerpo de Cristo, que tiene muchos miembros. Nosotros no somos toda la Iglesia, somos sólo uno de sus miembros. Y cada miembro debe alegrarse por los otros.

Hay que evangelizar a las personas y también a las naciones y culturas.

A las personas

La Iglesia [con sus instituciones -parroquias, capillas, colegios, por ejemplo-, sus ceremonias, asociaciones y movimientos, sus obras de asistencia y promoción -Caritas vgr.- y sus variadas obras apostólicas] llega sólo al 4, 6 u 8 % de la población del país. Hay que ir ampliando esa franja.

A las naciones y la cultura 

(está expresamente indicado por el Conc. Vat. II, por la EN y por todo el Magisterio hodierno).

La Iglesia tiene los principios para cristianizar a la sociedad. Pero ésta, en su vida real y en la vida de sus miembros, se halla en un proceso de descristianización, que en los últimos tiempos se ha agudizado y se ha vuelto muy rápido.

El empleo por la Iglesia -aunque fuera bastante generalizado- de medios técnicos muy modernos (televisión, video, radio, computadoras, Internet, etc.) no lo impide, ni siquiera retarda -considerada en escala amplia- la pérdida de primordiales valores cristianos. Hay que trabajar más para ser fieles a Dios. Y atender a “cuanto hay de bueno y verdadero” entre los

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* El texto bajo este título y el apunte “Fundamentación breve” que reproducimos a continuación del mismo, fueron entregados por el Padre Tello durante 1999.

El 28/1/99 decía: “El asunto sería así: a los curas del interior llevarles una cosa práctica (peregrinación o misión). Las dos ideas serían estas: la acción del cura llega a un 6 u 8 % de la población y dice el magisterio que hay que evangelizar la cultura. Pero la cultura en la Argentina se descristianiza más. Es decir la evangelización se muestra cada vez más ineficiente. Más ineficaz, no logra el objetivo. De hecho la cultura no se cristianiza sino que se está descristianizando rápidamente... Es necesario hacer otra cosa. Y entonces hacer un grupo de muchachos que acerquen la Virgen a los más pobres. Con gente pobre como ellos y también con medios pobres. Con ese motivo rezar y facilitarle los sacramentos. Muchas veces no se animan a ir a la Iglesia. Llevarles a los curas una cosa así. Con gente que no se le exige ni formación cristiana, ni práctica de vida cristiana. Aunque sean pecadores, que ellos lleven la Virgen. ¿Pueden hacer eso? Entonces yo pensaba una fundamentación teológica para curas. Yo la pensaba muy breve y resultó larga. La fundamentación teológica responde a dos preguntas: ¿por qué hacer eso? Tiene sentido? Y la segunda: ¿y después qué pasa? Es la objeción que suelen poner: llevan la Virgen, ¿y después qué?. Yo ponía muchas objeciones: no es usada por la Iglesia esa forma; la Iglesia practica otras; es gente que no tiene fe verdadera; es un culto marianista. Yo ponía razones positivas: la nueva evangelización es de los pobres. La cuestión de los pobres es un signo mesiánico; en fin, varias más.

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hombres, que “la Iglesia lo juzgue como una preparación al Evangelio y otorgado por quien ilumina a todos los hombres para que al fin tengan la vida” (LG 16).

Y entre eso “otorgado por quien ilumina a todos los hombres para que al fin tengan la vida” hay que poner la cultura, que según el mismo Concilio (GS 53) incluye “las costumbres recibidas (que) forman el patrimonio propio de cada comunidad”, con “distintas maneras... de practicar la religión”, la cual cultura -con sus “costumbres”, “estilos de vida” y “escalas de valores”-, hace llegar sus modos de ser, valorar y actuar, a todos los miembros de la comunidad o sociedad.

Hay que buscar pues, una manera de practicar la religión “que por una parte esté de acuerdo con el Evangelio, y por otra, teniendo su origen en la primera evangelización, forme parte de la cultura (costumbres recibidas, estilos de vida, escalas de valores) y por ella halle fácil eco en la población.

Una larga experiencia -20 años- ha mostrado que un medio adecuado (no “el” medio, sino uno más entre otros) es:

Acercar la Virgen en su Imagen venerada

a la gente más pobre, y en lo posible a sus casas,

con gente pobre como ellos y medios pobres,

con ese motivo rezar, darles sacramentales,

facilitarles los sacramentos (muchas veces no se animan a ir a la iglesia o capilla).

Para esto formar un grupo de muchachos vagos [que en su vida privada muy comúnmente serán pecadores (y lo seguirán siendo muchísimas veces)] pero que -de un modo naturalmente inexplicable- entienden y se entusiasman con lo de la Virgen. Formar el grupo y darles campo de acción.

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 II. Fundamentación breve

Ante las peregrinaciones y misiones con la Virgen se suele poner una doble objeción: ¿por qué eso?/ ¿y después qué?

Con lo cual se quieren sintetizar diversas razones para negarle valor al hecho.

¿Por qué eso?

Respuesta a razones negativas

A) No es lo usado hoy en la Iglesia “aggiornata”; en el Concilio ni figura.

Rp. a) no es propio de la pastoral de las instituciones eclesiásticas, pero sí lo es de “la gente”. [Esto demostraría a lo sumo que las comunidades eclesiales se han alejado del pueblo bajo].

b) Es una devoción particular. No corresponde que trate de ella un Concilio Universal. Pero aún así, el Concilio ha tratado el asunto en forma genérica. Por ejemplo en OE 5, dice que las Iglesias de Oriente y Occidente han “de regirse según sus respectivas disciplinas peculiares”... que “son más adaptadas a las costumbres de sus fieles y resultan más adecuadas para el bien de las almas”, (con lo cual reconoce el valor de las costumbres de los fieles), y en el “Decreto sobre el ministerio y vida de los Presbíteros” dice: “Pero si es cierto que los presbíteros se deben a todos, de modo particular, sin embargo, se les encomiendan los pobres y los más débiles [=necesitados] con quienes el Señor mismo se muestra unido (Mt. 25, 34-45) y cuya evangelización se da como signo de la obra mesiánica (Lc. 4,18)” (PO 6). Y “eso”, es costumbre de los fieles y práctica religiosa de los pobres.

B) La Iglesia practica otras devociones (al Sagrado Corazón, el Rosario, el Mes de María, etc.), ésta es ajena a Ella.

Rp. a) San Francisco de Sales, doctor de la Iglesia y autor de la “Introducción a la vida devota” (cf. Oficio, 24 de enero, 2da. lect.), enseña que la devoción “perfecciona y completa” la vida cristiana, hace “más agradable a Dios y más perfecto”, con tal de que sea auténtica y sincera.

“Es por tanto un error, por no decir una herejía, el pretender excluir la devoción de los cuarteles militares, del taller de los obreros...” y a pari -o mejor a fortiori- de la gente pobre y sencilla, cuando es auténtica y sincera.

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Que es sincera no cabe duda para el que la ha visto u oído, que es auténtica consta por la autoridad papal, de la que se habla a continuación.

b) Juan Pablo II dijo en el Santuario de Ntra. Sra. de Zapopán, México, el 30-I-79: “Esta piedad pobre (fe y devoción a María) no es necesariamente vaga, carente de sólida base doctrinal, como una forma inferior de manifestación religiosa. Cuántas veces es, al contrario, como la expresión verdadera del alma del pueblo, en cuanto tocada por la gracia y forjada por el encuentro feliz entre la obra de evangelización y la cultura local... Es la manera como estos predilectos del Señor viven y traducen en sus actitudes humanas, y en todas las dimensiones de la vida, el misterio de la fe que han recibido”. ¿Después de esto podemos decir que el ministerio parroquial y ordinario no nos deja tiempo para los “predilectos del Señor”?

Juan Pablo II cita allí mismo la enseñanza de Paulo VI, EN 48, que ponemos al final (ver nota 1).


C) Es de gente ignorante y supersticiosa, sin fe verdadera.

Rp. a) De suyo esto no es algo “carente de sólida base doctrinal”, al contrario, “es la

traducción” en sus vidas “del misterio de fe que han recibido” (cf. texto anterior).

b) La fe, don infuso sobrenatural, puede ser considerada en dos aspectos referentes uno a la vida humana temporal del hombre, otro a la vida en Dios. Los dos son importantes, el segundo de mayor importancia absoluta.

Considerando el primer aspecto, la fe puede hacerse viva y operante si es ilustrada por la doctrina, lo que se obtiene gracias a la catequesis (en este sentido se expresa ChD 14 y CIC 773). Y en ese sentido la práctica de que tratamos puede ser de gente ignorante. Pero cristianamente no es el aspecto más importante. Cristianamente, es decir referida a la vida en Dios, la fe se hace viva por la caridad (es doctrina tradicional en la Iglesia, cf. vgr. Conc. de Trento s.VI cap 7, Dz 800); pero la falta de caridad no implica que la fe tenida sea falsa.

c) La fe católica, en el mismo acto en que se ejerce tiene, según San Agustín (De verbis Domini s.61 y super Joan. tract. 29), tres diversas relaciones a su objeto: una formal, credere Deo, creerle -adherir el intelecto- a Dios que se revela; otra material, credere Deum, porque todo lo que se propone para creer es cuanto se refiere a Dios -estas son las “cosas” creídas, incluso y en primer lugar, Dios-; otra a Dios como último fin, credere in Deum, (S.T. 2-2, q.2, a.2).

Así pues, la fe tiene dos funciones: es especulativa y práctica. En cuanto especulativa, su perfección se mide principalmente por su objeto formal y por tanto según la intensidad de la adhesión a Dios, la perfección según el objeto material -lo que se sabe de Dios y de las cosas referidas a Él- es también una perfección pero secundum quid, secundaria.

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En cuanto práctica, su perfección se mide por la fuerza del movimiento del intelecto hacia Dios como último fin. La perfección principal ya según el objeto formal -la adhesión a Dios-, ya según el movimiento hacia Dios, no la conocemos naturalmente sino sólo por indicios; la perfección secundaria, según el objeto material -credere Deo- la podemos conocer claramente; de allí que fácilmente juzgamos según esto de la mayor o menor fe de la gente, pero erramos al absolutizar dicho juicio: puede tener mucha más fe la viejita ignorante que un gran maestro de teología o un catequista.

D) Es “marianista”

Se piensa que hay un exceso de culto a la Virgen, una “marianitis”: ¿Llevar la Virgen? lo que habría que llevar es la Palabra de Dios, ante todo hablada, anunciada, pero también publicada, escrita para ser leída y, subsidiariamente, llevar la imagen de Ella; ésta es la Palabra encarnada, la figura de Jesucristo o el libro de la Biblia donde está la Palabra escrita (que puede ser también llevada en procesión).

Rp: a) Es necesario anunciar el Reino de Dios, la Buena Noticia (Mt 3,1-2) para que sea creída. Para esto es preciso el anuncio exterior que hace la Iglesia y además la acción interior de Dios que da, infunde, el creer.

La acción interior es principal, la acción exterior es, comúnmente, necesaria pero secundaria y medida por la primera. En vista de esto, el Anuncio debe tener en cuenta al “hombre concreto” (RH 13; CA 53) al cual se dirige.

Siempre se ha de anunciar a Jesucristo (el Verbo o Palabra, la Vida hecha carne, visible, palpable, cf. 1Jn. 1,1) para que por Él se conozca al Padre, su Voluntad, su obra. Se lo ha de anunciar con palabras y otros medios, pero esta palabra ha de ser acomodada al hombre concreto para que produzca la Fe, don de Dios.

La adecuación al hombre concreto determinará la medida y el modo de la palabra: si ha de ser más “kerigmática” o más desarrollada, si se centrará más en unos temas o en otros, si se comunicará oralmente o por escrito.

Asimismo ello determinará la continuidad, periodicidad, etc. Además, como el Verbo - que era ya imagen de Dios (Col. 1,15)- se hizo carne, con ello se hizo visible, imagen también para los hombres. Y el hombre concreto es el que regula el empleo, no sólo de la Palabra, sino también de la imagen. Además, lo proclamado por la palabra y la imagen se hace presente también por un signo (signo de la cruz, por ejemplo, “signarse”) y por el testimonio (el Credo, el ejemplo, el mártir, el santo, vgr.).

Según el hombre concreto debe determinarse el modo de la palabra, el uso de la imagen, la conveniencia de los signos y el testimonio. No es mayor una cosa que otra sino relativamente a la Fe que da Dios. No es la palabra la que mide a la Fe (sino a la inversa).

Para la Fe del “hombre concreto”, nuestro hombre de las clases bajas, especialmente de ciertas zonas geográficas, lo mejor, lo más adecuado, es -como muestra la experiencia- llevar la imagen de la Virgen.

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b) Esto no contraría dos principios teológicos que algunos ven que habría que subrayar en este caso: la principalidad de la Palabra y la Primacía de Cristo.

Respecto a lo primero, ya se ha visto anteriormente en a) que hay que considerar ante todo al “hombre concreto” al cual se dirige la acción pastoral.

Respecto a lo segundo hay que decir que esta práctica no sólo no ataca la Primacía de Cristo sino que la confirma: por María se va hacia Dios y Jesucristo. Es el camino conocido, experimentado por la gente y, sobretodo, el querido por Dios: “de aquel grandioso tesoro que trajo el Señor... nada se nos distribuye sino por medio de María por quererlo Dios así: de suerte que a la manera que nadie se acerca al Supremo Padre sino por el Hijo, casi del mismo modo nadie puede acercarse a Cristo sino por su Madre” (León XIII, Octobri Mense, Dz 1940 a.).

c) Lo que a nuestros ojos aparece como un acontecimiento de disposición humana en que es oportuno y se procura hacer presente la imagen de la Virgen, en verdad, mirado del derecho, es decir desde Dios, es de otro modo: Dios quiere que la Virgen sea glorificada y para ello suscita las circunstancias para que la imagen de Nuestra Señora sea llevada.

d) La Virgen María tiene una primacía especial en América Latina que proviene de la disposición de Dios. Dios le dio América Latina a la Virgen, y esto hay que saberlo y acatarlo.

1.             América Latina es de la Virgen: Ella y “sus misterios, pertenecen a la identidad propia de estos pueblos” (Juan Pablo II, Zapopán 2; DP 454). Esto significa:

a) que en América Latina hay muchísimas almas santas, especialmente entre los pobres, pues es un continente de pobres y los pobres son los preferidos de Dios, como lo afirma Juan Pablo II, cf. La III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (DP 454) (ver nota 2 –al final-);

b) que la Virgen María es camino para Dios (cf. Dz 1940a) y se ofrece abundantemente a la gente de este continente (ver nota 2 b)) no sólo por las gracias perfectas en la caridad, sino también por una multitud de gracias destinadas a alcanzar su plenitud por la caridad pero que, de hecho, en un tiempo de la vida se dan sin la caridad (cf. la sección “¿y después qué?” especialmente B) y C)): la fe y la esperanza renovadas, la confianza, la “religiosidad”, ciertas virtudes morales (el amor a los hijos o a los padres, la solidaridad, etc.).

2.                 El conocimiento es una cosa si se lo estudia en sus elementos esenciales (y bajo este aspecto tratamos de él comúnmente) y es otra cosa como acto vital, inserto en una vida concreta que tiene sus afectos y sus objetivos propios (permanentes o circunstanciales), los cuales determinan los fines, los objetos, la intensidad, la continuidad y el modo del ejercicio del entendimiento (distinto, por ejemplo, en un padre, en un esposo, o en un empresario, aunque fueran la misma persona). La Fe


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bajo el primer aspecto es la misma en todos los católicos, bajo el segundo aspecto es distinta en cada uno de ellos.

En la cultura de nuestro pueblo, la Fe (en su segundo aspecto, como operación propia de una vida concreta) está marcada por una predominante presencia de la Virgen y un fuerte conocimiento de su poder. La Fe es un conocimiento certísimo principalmente afectivo (que no implica necesariamente la caridad) no tanto discursivo, y la ve a la Virgen como Madre y como Mujer, lo que influye enormemente en la religiosidad de nuestra gente.

3.    Para la piedad popular, la Virgen es el “lugar” donde se halla y se lo encuentra a Dios. Por eso va ante todo hacia Ella (es “hortus conclusus” no en sentido excluyente -Ella y Dios solo con Ella- sino en el sentido de que el pueblo en Ella lo encuentra a Dios).

4.     En los medios “eclesiásticos”, sobre todo a raíz de la Reforma Protestante, se acostumbra a ver a la Virgen como corredentora con Cristo y con Él, bajo Él, y como intercesora poderosa para obtener las gracias de Dios.

La piedad popular la mira más bien como término -junto con Dios- hacia el cual se dirige toda la vida: el Cielo con la Virgen. Y este modo de ver está muy de acuerdo con la ortodoxia de la Fe: la Virgen es Madre de Dios (definido como de Fe por el Conc. de Éfeso) por tanto está ligada ontológica e indestructiblemente con el Dios Trino, objeto de nuestra beatitud. Es medio pero también fin (como lo es también la humanidad de Cristo y el Espíritu Santo).

   Razones positivas

Abordamos ahora esta acción pastoral descripta anteriormente (pág.7) desde algunos aspectos positivos que en ella se pueden hallar:

 E) Responde a la primera evangelización

a) a la letra del mandato evangélico;

 b) a la conciencia cada vez más profunda de la Iglesia respecto a su misterio divino (RH 3);

 c)   y respecto a su misión humana (id.);

 d)   y a sus debilidades (id.);

 e)   responde a la iniciativa de la nueva evangelización lanzada y promovida por Juan Pablo II.


a) Responde a los términos literales del mandato evangélico:

Mt. 28,19: Vayan y hagan discípulos de todas las gentes...

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Mt. 16,15: Vayan a todo el mundo...

Lo escrito dice: vayan..., no dice: inviten a todos, esperen que vengan y cuando vengan recíbanlos con los brazos abiertos.

b) Responde a la conciencia cada vez más profunda de la Iglesia respecto a su misterio divino:

Cristo se ha unido a todo hombre (GS 22), “a pesar de todas sus aparentes ausencias, a pesar de todas las limitaciones de la presencia o de la actividad institucional de la Iglesia (RH 13) [incluida por tanto la sacramental]. Cristo es “nuestro camino ‘hacia la casa del Padre’ y es también el camino hacia cada hombre. Y en este camino la Iglesia no puede [no debe] ser detenida por nadie”. Esta es la exigencia del bien temporal y del bien eterno del hombre (ib.).

              Por eso “la Iglesia de nuestro tiempo debe ser de manera siempre nueva conciente de la ‘situación’ de él [del hombre]. Es decir debe ser conciente de sus posibilidades” (RH 14).

        Con esta práctica a la que nos referimos, la Iglesia -que no debe ser detenida por nada-:

. cumple su misión divina de promover la unión de Cristo con el hombre;

. y lo hace conciente de la situación, es decir de las posibilidades reales de

él (cf. abajo d) b).

c) Conciencia acrecentada de la Iglesia respecto de su misión humana.

a) Como se decía antes (D) a) pág. 10) “no se trata del hombre ‘abstracto’, sino real, del hombre ‘concreto’, ‘histórico’, se trata de ‘cada’ hombre”. (RH 13)

En nuestro país hay muchos hombres y mujeres, viejos, adultos, jóvenes o niños, “concretos”, “reales”, a los cuales llega este medio (y otros no) para acercarlos a la Virgen y a Cristo.

b) La Iglesia se acerca al hombre con “aquella estima, respeto y discernimiento que, desde los tiempos de los Apóstoles distinguía la actitud misionera y del misionero” (RH 12).

“La actitud misionera comienza siempre con un sentimiento de profunda estima frente a lo que ‘en el hombre había’ (Jn. 2,25), por lo que él mismo, en lo íntimo de su espíritu, ha elaborado respecto a los problemas más profundos e importantes; se trata de respeto por todo lo que en él ha obrado el Espíritu “que sopla donde quiere”. La misión no es nunca una destrucción, sino una purificación y una nueva construcción” (RH 12).

y) Para acercarse así al hombre, la Iglesia debe inculturarse, pero la Virgen y “sus misterios pertenecen a la identidad propia de estos pueblos” (Juan Pablo II,

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Zapopán 2), y así esta práctica pertenece indudablemente a la cultura de nuestro pueblo (cf. D) d) 1 pág. 11).

d) Conciencia de la Iglesia de sus debilidades humanas

Ésta es precisamente la que debe ser la fuente principal del amor de ella, al igual que el amor por su parte contribuye a consolidar y profundizar esta conciencia (RH 3).

a) La Iglesia es conciente de que llega a una parte menor del pueblo (cf. pág. 6). Con ésta práctica alcanza una franja distinta de la población, y crece en el amor.

b) Por su debilidad y su amor, la Iglesia recurre a María y como afirma el Concilio: “María... habiendo entrado íntimamente en la historia de la salvación... mientras es predicada y honrada atrae a los creyentes hacia su Hijo y su sacrificio, y hacia el amor del Padre” (LG 65).

Por lo tanto, “en cierto modo la fe de María, sobre la base del testimonio apostólico de la Iglesia, se convierte sin cesar en la fe del pueblo de Dios en camino: de la personas y comunidades, de los ambientes y asambleas, y finalmente de los diversos grupos existentes en la Iglesia” (RM 28).

e) Responde a la iniciativa de la nueva evangelización promovida por el Papa.

a) No se trata de re-evangelización, es decir un nuevo anuncio del Evangelio que prescinda de evangelizaciones anteriores (cf. RM), pues esto supondría que en la primera evangelización no existieron logros significativos “no significa que la anterior [la 1ra.] haya sido inválida, infructuosa o de poca duración” (DSD 24).

b) Se trata de partir de los ricos y abundantes valores que ella [la 1ra.] ha dejado (ib. subrayado nuestro), “partiendo de la misma fe de nuestros pueblos” (DP 436). El Papa la indicó -por primera vez- para América Latina en el discurso al Celam, Haití, 9-III-83: “una evangelización que continúe y complete la obra de los primeros evangelizadores” (subrayado nuestro).

y) La primera evangelización produjo un pueblo y una cultura cristiana, esta práctica continúa el espíritu y las finalidades de la primera, por eso se inscribe en ella, aunque por supuesto no la agota. La nueva evangelización implica una programación (EA 66) y esta práctica, por su índole propia, puede formar parte de tal programación.

Debe ser hecha con “nuevo ardor” y esto lo hace al incorporar nuevos hombres, nuevos “agentes pastorales” a la evangelización, con “nuevos métodos y nuevas expresiones” y ella misma constituye tales novedades.

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F) Es de los pobres.

Se ve con sólo mirar su realización en los sustratos más pobres de la zona, y tiene éxito aún entre gente “que no va a la Iglesia” (sobre éste aspecto ver la sección siguiente: ¿Y después qué?).

Entre los pobres manifiestamente acrecienta la fe, la esperanza y, comúnmente, los actos de amor (aunque a veces no realice ni acreciente la caridad como “virtud habitual”).

La Iglesia debe hacer una opción por los pobres (la opción, siendo libre, puede ser obligatoria, por ejemplo la opción por Cristo). Y la Iglesia debe hacerla porque en ella se juega su fidelidad a Cristo.

La opción, que implica una forma especial de caridad (SRS 42), puede referirse a cuatro aspectos principales:

a) Los pobres son privilegiados respecto a la predicación o anuncio del Evangelio.

b) Son privilegiados respecto a las obras de misericordia que se han de dirigir principalmente hacia ellos (hay obras de misericordia que no miran principalmente

a los pobres, por ejemplo la enseñanza católica).

c) Que ellos están destinados al Reino de Dios: “Bienaventurados los pobres, porque

vuestro es el Reino de Dios. Bienaventurados los que ahora tenéis hambre porque seréis saciados” (Lc 6, 20-21). “Bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis” (Lc 6, 21) [Cf. también Lc. 16,25: “Hijo recuerda que en vida te tocó a ti lo bueno y a Lázaro lo malo; por eso él ahora encuentra consuelo” (Nva. Biblia Española)].

d) Abarca también el llamado a una transformación social que eleve al pobre en su condición temporal (Homilía en Santo Domingo 11/X/84).

La opción por los pobres en su forma más puramente religiosa y en su sentido más amplio se refiere a los tres primeros significados. Puede ser más restringida abarcando sólo los puntos a) y b).

Aquí la tratamos sobre todo en su aspecto a), dejando de lado en este momento los b) y c) a pesar de que le son muy anexos.

a) Los pobres son privilegiados respecto al anuncio del Evangelio.

Esto consta en la Escritura en muchos textos.

. Lc. 4,18: “El Espíritu del Señor sobre Mí, me ha ungido. Me ha enviado a

anunciar a los pobres la Buena Nueva”.

 . Mt. 11,3-4 a los discípulos que envía Juan a preguntarle les dice como testimonio

de su mesianidad: “Id y contad a Juan lo que oís y veis... se anuncia a los pobres la

Buena Nueva”.

. Sgo. 2,5: “¿Acaso no ha escogido Dios a los pobres según el mundo para hacerlos

ricos en la fe y herederos del Reino? ...”.

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. 1Cor. 1,26-28: “Fíjense a quienes los llamó Dios: no a muchos intelectuales, ni a muchos poderosos, ni a muchos de buena familia; todo lo contrario: lo necio del mundo se lo escogió Dios para humillar a los sabios; y lo débil del mundo se lo escogió Dios para humillar a lo fuerte; y lo plebeyo del mundo, lo despreciado, se lo escogió Dios”.

De tal modo esta opción debe hacerla todo fiel y especialmente el que tiene un cargo pastoral.

El Documento de Puebla en su cuarta parte no 1128ss., hace una opción preferencial por los pobres que luego ha sido reasumida por el Magisterio universal en diversos documentos y urgida vehementemente.

G) Como el obrar de Cristo es con modos pobres

Que Cristo recibió la misión de anunciar el Evangelio especialmente a los pobres consta en muchísimos textos del Nuevo Testamento; algunos han sido citados en a) de la nota anterior.

Pero Cristo no sólo predicó el evangelio a los pobres sino que Él mismo se hizo pobre (2Cor. 8,9). Nació pobre, tuvo que huir de noche a país extranjero, pasó la mayor parte de su vida en la tierra trabajando con sus manos, andaba entre los pobres y las prostitutas, y murió desnudo, escarnecido y crucificado.

Y no sólo predicó a los pobres y se hizo pobre, sino que también usó medios pobres. Su misma entrada triunfal en Jerusalén la hizo montado no en un brioso caballo sino en una pobre bestia de carga, aclamado por el populacho y los chiquilines. Y esta humillación fue continua y permanente para realizar su obra de redención: “Porque ya que... el mundo... no llegó a conocer a Dios, agradó a Dios salvar a los que creen, mediante la necedad de la predicación” (1Cor. 1,21).

Ese débil y pobre modo que es la predicación puede ser revestido de formas ricas o fastuosas (iglesias, ceremonias religiosas, celebraciones públicas, etc.) pero puede igualmente ser ejercido modesta y pobremente.

Así lo es en esta práctica, pero a pesar de su modestia y pobreza no pierde por ello su eficacia propia otorgada por Dios.

Pastoralmente no hay que despreciar, sino al contrario apreciar obedientemente, estos modos pobres que por la acción de Dios muestran su eficacia.

H) Es de los humildes y pequeños.

También en esto nos orienta y dirige la Palabra revelada:

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.  Mt. 11,25: “Por aquel tiempo exclamó Jesús, diciendo: Yo te glorifico Padre mío, Señor del cielo y de la tierra, porque has tenido encubiertas estas cosas a los sabios y prudentes y las has revelado a los pequeñuelos”.

La gente que asiste a estas prácticas no es sabia ni entendida, sino gente sencilla, como niños, que acepta y cree sin discutir ni buscar razones; “Sí, Padre, bendito seas, por haberte parecido eso bien” (Mt. 11,26).

 . No basta, teniendo alguna riqueza, con hacer lo bueno y cumplir los mandamientos, si se tiene apego a los bienes materiales.

-”Guarda los mandamientos. -Ya los he guardado desde mi juventud”. Jesús dijo a sus discípulos: “Qué difícil será que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios... es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja”. (Mt. 19,16ss. y //).

La gente a la cual se orienta esta práctica es pobre, humilde y sencilla.

.  No basta la práctica religiosa cuando ésta -como ocurre con alguna frecuencia- conlleva una cierta confianza en sí y en la propia vida; y mucho menos cuando se le añade (a veces sin suficiente conciencia de ello) un desprecio por los pecadores públicos (que aunque sean verdaderamente pecadores son ante todo prójimos); por esto no volvió perdonado el fariseo, según la parábola dirigida a unos “que confiaban en sí mismos como justos, y veían a otros con desprecio” (cf. Lc. 18,9).

. Pues como canta la Virgen María, Dios “ha exaltado a los humildes” y “ha saciado a los hambrientos”.

I) Responde al mandato evangélico de “ir”. 

Sobre esto ver el punto E) a), pág. 12.

¿Y después qué?

Se suele argüir que es un acto religioso, sí, pero “suelto”, aislado, cuando lo que normalmente se busca es una práctica religiosa habitual, regular (es decir que esté dentro de una regla temporal, de frecuencia más o menos regulada), y un acto solo, aislado, que no es continuado ¿para qué sirve?; la vida es un continuo, y la vida cristiana debe ser continuada a través de toda la vida.

Además, el pastor debe juzgar a veces que las ovejas andan descarriadas, en pecado mortal; no sería así muy presuntuoso pensar que aquellos a los que se lleva la Virgen -gente, por general, alejada de las prácticas que se desarrollan en la parroquia o capilla-, están en pecado mortal. Para esa situación, esto de llevar la Virgen parece totalmente insuficiente.

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Rp.:

Se puede responder desde una perspectiva general del cristianismo o desde algún punto de vista específico, particular. Aquí lo hacemos de un modo general; en los puntos siguientes desde aspectos más específicos.

a)            Es curioso que no se haga la misma objeción de valor a las visitas del Papa, masivas, que se realizan sólo una vez y que comúnmente no son continuadas por ninguna acción pastoral especial, y sí se haga a la visita de la Virgen. Lo que se piensa válido contra ésta también lo sería contra aquella.

b)            Ella y sus misterios pertenecen a la identidad propia de estos pueblos y caracterizan su piedad popular (Juan Pablo II, Zapopán 2; cf. también supra B) b) pág. 9).

La visita de la Virgen se inscribe en el contexto del cristianismo de nuestro pueblo latinoamericano que ha mostrado perdurar, y perdurar durante siglos, en las condiciones pastorales más adversas (DP 2843); como lo ha reconocido el mismo Magisterio papal. Y así, la visita de la Virgen, lejos de requerir obligadamente que se la continúe con otras actividades pastorales -que si se dan serán corroboradas y hechas más fértiles por esa visita-, lejos de ello, decíamos, sostiene y mantiene manifiestamente el cristianismo de la gente del pueblo a la cual llega.

[c) Cosa similar habría que decir, tal vez, de algunas otras prácticas religiosas como, por ejemplo, el bautismo].

 A) La voluntad omnipotente de Dios.

a)        La salvación se realiza no según los designios humanos (por tanto no según los del agente pastoral) sino sólo según la voluntad omnipotente de Dios. Esta voluntad determina los casos particulares por los que pasa cada hombre y determina asimismo las ayudas sobrenaturales que debe tener en cada momento o circunstancia.

Y la historia de la evangelización latinoamericana muestra que Dios ha querido realizarla por la visita de la Virgen; “América Latina se ha convertido en la tierra de la nueva Visitación” (Juan Pablo II, 11-X-84, nota 2 b) pág. 32), y ello está enseñado reiteradamente por el Magisterio papal y el episcopado latinoamericano (cf. lo anterior, especialmente D d) 1 pág.11; E c) pág. 13; e) pág. 14).

 b)          Y la misma Virgen María con sus propias palabras enseña que Ella, que es madre compasiva, dará a Dios a todos los pueblos:


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 3 DP 284: El pueblo sabe que encuentra a María en la Iglesia Católica. La piedad mariana ha sido, a menudo, el vínculo resistente que ha mantenido fieles a la Iglesia sectores que carecían de atención pastoral adecuada.

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“Ten por cierto, hijo mío, el más pequeño, que yo soy la perfecta siempre Virgen Santa María, Madre del verdaderísimo Dios por quien se vive, el creador de las personas, el dueño de la cercanía y de la inmediación, el dueño del cielo, el dueño de la tierra. Mucho quiero, mucho deseo, que aquí me levanten mi casita sagrada.

En donde lo mostraré, lo ensalzaré al ponerlo de manifiesto:

Lo daré a las gentes en todo mi amor personal, en mi mirada compasiva, en mi auxilio, en mi salvación:

Porque yo en verdad soy vuestra madre compasiva, tuya y de todos los hombres que en esta tierra estáis en uno, y de las demás variadas especies de hombres, mis amadores, los que a mí clamen, los que me busquen, los que confíen en mí.

Porque allí les escucharé su llanto, su tristeza, para remediar, para curar todas sus diferentes penas, sus miserias, sus dolores.

Y para realizar lo que pretenden mi compasiva mirada misericordiosa”.

(Nican Mopohua, palabras de la Virgen de Guadalupe al indio Juan Diego).

c)        Verdaderamente “la caridad pastoral debe dictar a cuantos el Señor ha colocado como jefes de las comunidades eclesiales, las normas de conducta con respecto a esta realidad...” (EN 48; cf. nota 1 pág. 31).

B)       La Gracia

a)           Nos salvamos por la gracia, que es gratuita y depende del libre arbitrio de Dios ¿Quién se animaría a decir fundadamente, contra tantas evidencias, que aquí, en esta práctica, todo lo que hay es humano y no pertenece al orden de la gracia? ¿Y quién, fuera de Dios y de Cristo por quien se nos da “gracia tras gracia”, podría decir que a esa gracia debe seguir otra con tales características particulares determinadas?

b)             Es cierto que hay gracias mayores que otras (la Eucaristía, por ejemplo), pero no es cierto que haya que buscar próxima e inmediatamente las mayores o mejores, y esto para todos.

Dios quiere que “todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la

verdad” (1Tim 2,4) pero su Sabiduría infinita tiene sus caminos y éstos son los que hay que tratar de conocer y seguir.

c)               La gracia depende primera y principalmente de Dios, subordinadamente de la Iglesia y de la respuesta del hombre, y ésta a su vez depende de muchas circunstancias personales y culturales que el pastor debe conocer y reconocer.

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C) El fin es la salvación.

La visita de la Virgen es un acto aislado, incapaz de mantener una práctica regular de vida cristiana.

Rp:

El fin de la Redención es la salvación en la vida eterna, no una vida cristiana habitual santificada en esta tierra.

Uno que haya vivido toda su vida en gracia santificante, sin perderla por ningún pecado mortal formal, puede al final -absolutamente- condenarse y perder definitivamente la vida eterna, y otro que haya vivido toda su vida impíamente puede salvarse eternamente (como el Buen ladrón).

Dios por su misericordia y su gracia prepara lo que va a ser causa o a coadyuvar a la salvación de los que según el juicio humano no están en camino de salvación, y nosotros comúnmente ignoramos lo que Dios ha preparado y que va a tener tal efecto, por eso no podemos despreciar nada bueno, ni pensar con certeza que se requiere otra cosa o algún complemento posterior para que un hombre efectivamente se salve.

Por eso con la visita de la Virgen no tiene sentido la pregunta: ¿y después qué? Pero esto tal vez requiere una mayor aclaración teológica:

a) La gracia no se puede merecer de condigno*

La justicia es dar a cada uno lo suyo (S.T. 2-2, q.58 a.11), supone pues que el que recibe tiene derecho a algo; la gracia, la primera gracia más exactamente (pues con la gracia ya recibida se puede merecer en justicia una mayor u otras gracias -cf. Dz 803 vgr.- ), es absolutamente gratuita, Dios -que es su único autor- la da a quien quiere, no movido por obligación de justicia. Que no exista ni pueda existir con respecto a ella una obligación de justicia, se expresa también diciendo que no se puede merecer de condigno.

Sí se puede merecer de congruo, este es no por derecho propiamente sino sólo por una cierta conveniencia (en latín se dice que “decet”, de donde se habla a veces de “decencia”, pero con este sentido preciso proveniente del latín). Así, en su sentido verbal, el débito de conveniencia es menor -como débito- que el mérito de justicia.

El mérito de congruo o conveniencia puede provenir de múltiples causas. Una -y principal- es la amistad, la fidelidad del amigo; otra, con expresión muy genérica (y no totalmente opuesta a la anterior), podemos decir que es la pura misericordia y bondad de Dios.

Hablando al modo humano, podríamos decir de éstas que como obligación, la primera, por tratarse de Dios, es superior a la de justicia, la segunda -siempre como obligación- es menor que ella.

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* N del e.: Los títulos marcados con el asterisco no pertenecen al original, fueron agregados para facilitar la lectura.

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b) La perseverancia final es una gracia que no se puede merecer en justicia*

Teniendo ya la gracia, se puede merecer de condigno, en justicia, un aumento de gracia y la gracia de la vida eterna, pero para poder entrar por ésta hay que morir en gracia, lo que se suele expresar sucintamente como perseverancia final, y la perseverancia final no la podemos nunca merecer en justicia, de condigno (S.T. 1-2, q.109, a.10), sólo la podemos recibir de Dios, de congruo, por una cierta conveniencia.

En el que ya está en gracia santificante, por la caridad, y es amigo de Dios (la caridad es una amistad entre desiguales -S.T. 2-2, q.23, a.1-) la conveniencia procede de la fidelidad de Dios al amigo (sometida a la sapientísima Providencia del Creador y Redentor). En el que no está en gracia santificante en la proximidad de la muerte, la conveniencia provendría sólo de la misericordia de Dios.

La perseverancia final no se puede merecer en justicia, pero el llegar a la muerte en gracia nos deja en las manos del Dios amigo, leal y fiel. Llegar en pecado grave nos deja entregados a la libre misericordia de Dios de la que Él mismo dice “Hago misericordia a quien quiero”, Ex. 33,19.

Esto explica (en parte) la insistencia de la Iglesia en que los hombres -que ignoran el momento de su muerte- vivan habitualmente en gracia santificante. Y el pastor tiene que tratar de que así sea. Por eso en el caso que se considera, debe tratar de continuar las visitas de la Virgen que renuevan el amor de Dios y, si es posible, complementarlas con otros medios.

Pues se debe facilitar la vida habitual de gracia santificante de todos, pero asimismo no se debe dejar de lado a los que viven una vida cristiana imperfecta o mortificada por el pecado; por eso aún en el caso de considerarlos marginales, se debe hacer por ellos algo, como lo es la visita de la Virgen, aunque después no se pueda continuar con otras cosas.

c) Gracias y virtudes naturales que disponen a la caridad *

Y esta posición se refuerza notablemente si se tiene en cuenta que la vida de la gracia santificante está precedida y preparada por otras gracias (algunas necesarias, como la fe y la esperanza), por virtudes naturales (piedad, religiosidad, amor de la familia, etc.) o por fuertes inclinaciones naturales hacia algún bien moral (que no son virtud precisamente porque son puramente naturales).

Y en la visita de la Virgen aunque no estuviera presente la verdadera caridad (lo cual es un aserto gratuito y sin suficiente apoyo, por lo general) están indudablemente presentes muchas otras gracias, virtudes humanas e inclinaciones buenas naturales, las cuales disponen y preparan la caridad. Si esto es así ¿se puede negar la visita porque no va a ser seguida por otras prácticas?

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d) El ejemplo de Jesucristo *

Pero más allá de todas las elucubraciones teológicas está el ejemplo de Nuestro Señor Jesucristo, modelo de todo pastor, que cumpliendo la profecía de Isaías (Is. 42,3) no quiebra la caña cascada ni apaga la mecha que aún humea (Mt. 12,20).

D) Por el mundo a Dios.

La imagen de la Virgen es recibida por gente baja, sin instrucción religiosa que sólo se interesa por la familia, los parientes, el trabajo, la casa, los animalitos, el campo, el tiempo y otras cosas similares, por lo que toma la visita de la Virgen como algo que puede ayudar para esas cosas, la recibe como una cosa importante, buena, poderosa, es decir la recibe como una superstición. Y entonces la pregunta adquiere un acento escéptico: “¿Y después qué?”, ¿después de eso qué puede quedar por hacer?

Rp:

En esta objeción juegan tres juicios, de los cuales no uno sino los tres, se quieren ver como negativos (pero los dos últimos en verdad no lo son tanto).

a) es una superstición;

b) hay una ignorancia religiosa que afecta substancialmente a la fe de esa gente;

c) ellos se preocupan sólo de intereses mundanos.

a) Superstición.

Si hay fe verdadera los actos de devoción a la Virgen no son superstición. Esto consta clarísima y repetidamente por el Magisterio de todas las épocas. Acá lo hemos visto abundantemente; cf. en particular C) pág. 9 y D) pág. 10. Y “esa gente” tiene fe verdadera, pues ésta siempre es de un hombre concreto y por tanto de un hombre que vive según una cultura particular dada. Y “esa gente” tiene una cultura popular, que reconoce verdaderamente al cristianismo, como lo afirma constantemente el Magisterio local y universal (cf. C) pág. 9).

b) Ignorancia de la Fe.

Conviene distinguir dos cosas:

a) La Fe misma.

b) La aplicación en la vida.

a) La Fe misma (que consideramos desde el tratado de la Fe de Santo Tomás de Aquino contenido en la Suma Teológica).

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1. Ignorancia que sólo afecta al objeto material de la fe (credere Deum)*

Los que reciben la visita de la Virgen suelen estar entre los que son calificados como “ignorantes” (también lo son muchos de los que han recibido su visita celestial: el indio Juan Diego, los de Coromoto, Bernardita, los pastorcitos de Fátima, etc.; aunque ellos no reciban el calificativo con sentido denigrante), pero esa ignorancia -aunque real- afecta sólo al objeto material de la Fe (credere Deum), que es el menos importante; con respecto al objeto formal de la Fe como tal (credere Deo) y al objeto terminal de la tendencia (credere in Deum); aunque es más difícil juzgar de ellos, el proceso latinoamericano de cinco siglos de Fe y la experiencia personal directa, parecen mostrar que no son más débiles (sino, tal vez, al contrario), y estos son los componentes de mayor importancia de la Fe (cf. C) pág. 9).

2. El objeto de la fe (per se) es aquello por lo cual el hombre es hecho feliz*

Aún considerada la Fe respecto a su objeto material (las cosas que son creídas) es cierto que en algunos creyentes es escasa -en mayor o menor grado- pero siendo cierto que es poca, hay que tener en cuenta que ello lo es solamente en un grado relativo; pues a la Fe pertenecen primariamente “aquellas cosas que directamente nos ordenan a la vida eterna como son las tres personas de Dios omnipotente, el misterio de la encarnación de Cristo, y otras semejantes”; otras cosas se proponen en la Sagrada Escritura para ser creídas pero no como principalmente buscadas, sino sólo para manifestación de aquellas otras (S.T. 2-2, q.1, a.6 ad 1 y a.8c). Y “esta gente” conoce la majestad y omnipotencia de Dios, que en Él hay tres personas (nombradas al persignarse), la encarnación de Cristo, y otras cosas referentes a ello como el papel jugado por la Virgen, etc.

En resumen: que conocen “aquellas cosas que de suyo [per se] pertenecen a la Fe (que son las) de cuya visión gozaremos en la vida eterna, y por las cuales somos conducidos a la vida eterna” (S.T. 2-2, q.1, a.8c). Porque “el objeto de la Fe (per se) es aquello por lo cual [tanto objetiva como causalmente -cf. el texto citado arriba-] el hombre es hecho feliz” (S.T. 2-2, q.2, a.5).

3. Las verdades de fe se expresan en proposiciones universales que contienen implícitamente a las más particulares*

Las verdades de la Fe son escalonadas y las más generales son universales y contienen implícitamente a las más particulares. Así lo enseña prácticamente Hb. 11,6: “Para llegar a Dios es necesario creer que existe, y que es remunerador de los que lo buscan”. “En el ser de Dios se incluyen todas las cosas que creemos que existen eternamente en Dios, en la Fe de la providencia se incluye todo lo que es dispensado temporalmente por Dios para la salvación de los hombres, que son camino hacia la bienaventuranza” (S.T. 2-2, q.1, a.7).

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Por lo que se ha de decir que, en cuanto a la substancia de la Fe conocida en las verdades más universales, no hay aumento en el tiempo, sino sólo cuanto a su explicación (cf. ib.) (cf. también q.2, a.5).

4. La fe de los “maiores” y la fe los “minores”*

Por institución de Cristo, la Fe de la Iglesia -de todos y cada uno de los miembros de la Iglesia- se funda y se resuelve en la fe de Pedro (a su vez la fe de Pedro se resuelve en el conocimiento claro y evidente de Cristo). Así la Fe tiene una estructura como piramidal, y dado que entre los fieles del Señor hay unos que pueden ser llamados mayores o superiores (“maiores”) y otros inferiores o menores (“minores”), por disposición del mismo Cristo la fe de los “minores” se resuelve en la fe de los “maiores”.

¿Quiénes son superiores o “maiores”?

Evangélicamente lo son Pedro y los Apóstoles; se puede entender que también lo son los sucesores de los Apóstoles. (Hay además otros criterios para ubicar en una u otra categoría). Por eso la fe de los “minores”, los inferiores, los simples fieles (que pueden ser además “minores” socialmente porque se sitúan en los lugares más bajos de la sociedad) se debe resolver en la fe de los “maiores”, los ministros sagrados, los pastores (cf. S.T. 2-2, q.2, a.6).

Y así, si el ministro, pastor o sacerdote juzga que la fe de los “minores” es débil: primero debe comenzar por acrecentar su propia fe en todo sentido -no sólo en cuanto al objeto material (cf. C) pág. 9); hay que exigirse antes a sí mismo para poder hacerlo rectamente con los demás, y en su fe va a encontrar apoyo la de los otros.

Segundo, ha de tener en cuenta que “la explicación de lo que se ha de creer -necesario para la salvación- no tiene que ser igual para todos” (S.T. 2-2, q.2, a.6, ad 1), sino distinta según el “lugar y el tiempo” (cf. S.T. 2-2, q.2, a.5c), lo que en el lenguaje actual del Magisterio lo traduciríamos así: debe adaptarse al hombre “concreto”, aquí y ahora, informado por una cultura particular dada (RH 13) (que en nuestro caso es la “cultura popular”) y ese anuncio, explicación o explicitación -que es una misión encomendada por Cristo- “ha de comenzar siempre con un sentimiento de profunda estima frente a lo que ... él (hombre) mismo, en lo íntimo de su espíritu, ha elaborado” (RH 12).

Tercero, ha de recordar que, según la doctrina de Santo Tomás, a los simples no se los ha de requerir acerca de las cosas sutiles (alambicadas, muy elaboradas) de la Fe, salvo cuando se sospeche que han sido corrompidos por los herejes [entre nosotros la única herejía extendida es la de las sectas, que no predican ciertamente el culto de la Santísima Virgen]; pues si no lo han sido, no tienen falta en no saber esas cosas por el hecho mismo de que son simples (cf. S.T. 2-2, q.2, a.6, ad 2).

Cuarto, ha de tener presente que la Fe verdadera es infusa y procede de un principio sobrenatural (S.T. 2-2, q.6, a.1) que, por tanto, de ella no se puede juzgar directamente - salvo revelación especial- y que los actos visibles que la muestran suelen ser ambivalentes

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(según el color con que se los mire). Igualmente ha de tener presente que la Fe verdadera procede de una actitud de obediencia interior a Dios (cf. S.T. 2-2, q.2 a.4 y a.6 ad 3), de lo cual tampoco es fácil juzgar.

5. La fe según la participación del sujeto*

Hasta aquí hemos considerado la Fe en sus aspectos formal y material, y así decimos con Santo Tomás que, vista desde su aspecto formal -específico, que es el más importante- es la misma para todos, es un sola, “porque es lo mismo lo que por todos es creído” (S.T. 2-2, q.4, a.6). Vista en cambio desde el objeto material sí, unos creen explícitamente cosas que otros no creen pues no las conocen (aunque tienen el ánimo preparado para creerlas si las conocieran) pero esas diversas cosas no se proponen en la fe, sino en orden a algo uno y eterno que es Dios (que en relación al intelecto -el cual es el sujeto de la Fe- es la Verdad primera, S.T. 2-2, q.4, a.6, ad 1 y ad 2; cf. q.5, a.4).

La hemos considerado también desde su configuración quasi piramidal por la que sus verdades se expresan en proposiciones universales que contienen implícitamente a las más particulares, lo que hace que la misma o idéntica fe se encuentre en los “maiores” y en los “minores” (cf. 3, pág. 23ss.).

Pero la Fe la podemos considerar también según la participación del sujeto. Y así considerada, una fe aunque sea menor por razón del objeto material -la fe de los simples o rudos por ejemplo- puede ser mayor, ya de parte del intelecto en cuanto tenga una mayor certeza y firmeza, ya de parte de la voluntad en cuanto posea una mayor prontitud, devoción o confianza (S.T. 2-2, q.4, a.6). Así, de este modo, “esa gente” ¿tiene también una Fe menor?

a) La aplicación en la vida. Por ella consta que tiene Fe verdadera:

1. Como fácilmente se cree lo que es apetecible (S.T. 2-2, q.60, a.3c.) hay que

inclinarse a pensar que “esa gente” cree con Fe verdadera.

2. Esta fe es la vida del alma (S.T. 2-2, q.12, a.1 ad 2). ¿Se piensa que “esa gente” no tiene vida del alma?

3. La Fe es el fin de todos nuestros deberes y acciones humanas, que tienden a la felicidad sobrenatural ¿”esa gente” no tiende al Cielo?

4. “Esa gente” teme a Dios (eso es indudable en la cultura popular), el temor es efecto propio de la fe (S.T. 2-2, q.7, a.1). El temor del poder, majestad, santidad de Dios, puede ser filial o servil, según los teólogos; también el último es efecto de la Fe (informe).

5. “Esa gente” tiene esperanza en Dios, por Cristo. Por Él obtenemos la salvación, esto es la felicidad eterna. Cristo habita en nosotros por la Fe, y por la Fe el poder de Cristo se une a nosotros (S.T. 3, q.62, a.5 ad 2; a.6c.) y nos salva.

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6. El bautismo se recibe por la Fe y “sabemos... (que) no sólo nos purifica de nuestros pecados y nos otorga el don del Espíritu Santo, sino que también es tipo y signo sensible de (la) Pasión” de Cristo (Catequesis de Jerusalén, 2da. lectura del jueves de la octava de Pascua).

Por la Fe y el bautismo se une el hombre a la Pasión de Cristo y, por tanto, une a ella todos sus sufrimientos, dolores y privaciones, que son la trama de toda su vida. Por eso la fuerza de su adhesión.

7. La Fe es “la substancia de las cosas que se esperan, la convicción de lo que no se ve” (Hb. 11,1). El pobre, carenciado, espera la felicidad y saciedad eterna.

8. Los que reciben la visita de la Virgen entienden que por las apariencias exteriores no tienen que abandonar la Fe (cf. S.T. 2-2, q.8, a.2c.) y, de hecho, no la abandonan.

9. Reconocen la ley de Dios, pero tal ley, estrictamente en cuanto tal, sólo se puede conocer por la Fe.

10. Se debe confesar la Fe (S.T. 2-2, q.3, a.1); lo cual es también una confesión de alabanza (id. ad 1); y se refiere asimismo al bien del prójimo (S.T. 2-2, q.3, a.2 ad 1). Esto lo hace manifiestamente la práctica de que tratamos.

11. Muchas virtudes naturales pueden preceder a la Fe (S.T. 2-2, q.4, a.7 ad 5); al menos hay que aceptar que muchas de estas se dan en la visita de la Virgen ¿pero la Fe no se da?

c) Ellos se preocupan sólo de intereses materiales.

¿Y por eso son supersticiosos?

Rp.:

a) Por el mundo van a Dios *

Que el culto mariano en sí no es supersticioso ya lo hemos visto antes (cf. especialmente C pág. -9 y D pág. -10).

La práctica, tal como de hecho es realizada, no es tampoco supersticiosa: lo sería si fuera ordenada a un fin temporal, no querido en relación a Dios, bien último y final. Pero ellos viviendo según los acontecimientos de su vida particular y de las cosas del mundo que la afecten, van hacia Dios. Es su camino propio: creerlo y amarlo a Dios como el bien último de sus vidas, y vivir en este tiempo la vida que Dios mismo les ha dado y constituido.

En tal situación, la llegada de la imagen de la Virgen es un acontecimiento religioso y extraordinario, para nada supersticioso sino todo lo contrario.

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b) Dios salva lo que creó.

Dios creó al hombre en justicia y gracia original para que llegara a participar de su vida divina. Pero lo creó y lo puso en la tierra para que la trabajara y, trabajándola, lograra su destino final. El hombre perdió ese destino final, pero no la destinación al trabajo, Dios lo restauró respecto a aquello perdido (hombre en este contexto, el del Génesis, tiene el sentido de humanidad). Así pues, Dios salva a la humanidad, es decir a una parte representativa de ella- dejándola para que alcance la salvación por el trabajo de la tierra.

Por eso la gente de nuestro pueblo, que sabe que después de esta vida existe otra, la del Cielo, cuando se dedica a trabajar en este mundo, con toda la ocupación que ello exige, no hace otra cosa que cumplir el designio -en definitiva salvador- de Dios. En este contexto hay que ubicar la recepción que se hace a la imagen de la Virgen.

c) La salvación es don de Dios.

Él tiene la iniciativa. La realiza en y por Cristo que se une a los hombres para llevarlos a Dios. Siguiendo esa iniciativa de Dios, el hombre -por su libre albedrío- se une a Cristo para llegar a Dios. Es importante reconocer y tener en cuenta que primero es la acción de Dios, luego -y dependiendo totalmente de ella- le sigue la acción del hombre, que en dependencia de la de Dios también es necesaria para la salvación.

Por María el hombre se une a Cristo, de quien es la primacía para que los hombres se salven, es decir vivan de modo pleno unidos a Dios. Con la recepción de la Imagen, el hombre empeñado en su vida cotidiana, añade su acción a la de Dios.

d) Cristo es la norma de la vida del cristiano.

a) Ungido por el Espíritu Santo para evangelizar a los pobres (Lc. 4,18) se hizo Él mismo pobre (2Cor. 8,9) “tomando condición de siervo (los siervos eran los que realizaban las tareas “serviles”), haciéndose semejante a los hombres (no sólo en su naturaleza sino también en su condición de vida) y se humilló” (Fil. 2,7). Sabiendo y queriendo eso, la tomó y recibió a la Virgen. “Esa gente”, con esta práctica, imita y sigue a Cristo.

b) Toda la vida de Cristo fue santa y redentora. También los años de su vida oculta, de trabajo como carpintero. Pasó la mayor parte de su vida trabajando con sus manos. “Decían... ¿no es acaso el carpintero?”; “Él mismo era hombre de trabajo, de trabajo artesano al igual que José de Nazaret... pertenece al ‘mundo del trabajo’” (LE 26).

¿En esos años no se interesaría en todas las cosas que interesan a un hombre de trabajo (casa, taller, herramientas, lluvias, etc.)? ¿Y entonces porqué, hoy, gente de similar condición no podría ocuparse de algo sobrenatural auténtico?

y) También con esa vida santificó y luego consagró (por la posterior Pascua y el bautismo) la vida de miles de hombres y mujeres del pueblo pobre, humilde, que sólo

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saben llevar una vida de trabajo, y que a través de ella van a Dios. Santificados por Cristo, la recepción de la Virgen no es sino un acto de elevación a lo celestial.

g) Había alrededor de Cristo muchos hombres: los Doce, los discípulos, los seguidores (cf. J. Mateos “Los Doce y otros... en el Evangelio de Marcos”); entre estos últimos, muchos tenían un contacto frecuente con el Señor, pero de otros no consta (por ejemplo, el “Niño sirviente”, Mc. 9,36) y, en algunos casos, a los que quieren andar con Él no se los permite y los envía a su casa, a los suyos (cf. vgr. Mc. 5,18ss.).

El hombre curado, en este como en otros casos, haría una vida normal, de trabajo en el ambiente de su familia. En miles de curaciones ocurriría que los curados volvían a sus casas y familias.

h) La unión con Cristo se realiza por la Fe, la caridad y el bautismo, y ello es lo que le da un carácter sacro a los simples actos humanos (¿se puede desconocer el carácter sagrado de la visita de la imagen de la Virgen y su recepción?).

e) La doctrina conciliar *

Es contrario a la doctrina conciliar expuesta en muchos textos. Véase por ejemplo GS 34: “Una cosa hay cierta para los creyentes: la actividad humana individual y colectiva... para lograr mejores condiciones de vida... responde a la voluntad de Dios... Esta enseñanza vale igualmente para los quehaceres más ordinarios. Porque los hombres y mujeres que, mientras procuran el sustento para sí y su familia, realizan su trabajo de forma que resulte provechoso y en servicio de la sociedad, con razón pueden pensar que ... contribuyen de modo personal a que se cumplan los designios de Dios en la historia”.

f) La fiesta *

A la acción de Dios el pueblo responde con la fiesta (que manifiesta el amor a la vida y una plenitud humana (cf. “Cristianismo Popular” fasc. “Fiesta”).

La recepción de la imagen de la Virgen es una fiesta y, por tanto, una respuesta a la acción de Dios.

g) Cultura eclesial, cultura moderna y cultura popular *

La evangelización y la práctica de la vida cristiana por ser de “hombres concretos”, según la expresión de RH, está sujeta a la influencia de las culturas.

Para ello la Iglesia católica, bajo la moción -en gran medida- del Espíritu Santo, ha elaborado una amplia cultura eclesiástica que comprende oraciones, cantos, alabanzas, actos y actitudes, tiempos, lugares y modos, etc., que configuran la respuesta religiosa que ella considera que debe dar a lo santo y que enseña a practicar a sus fieles.

El hecho de que nuestra Iglesia haya tenido que desenvolverse en un país donde predominó la cultura moderna -sobre todo en ciertos medios o ambientes muy extendidos- de talante secularista, hizo que, para muchos, aquella cultura y modos eclesiásticos se

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convirtieran en “la” cultura católica: el Mundo es opuesto a Dios, hay que ir hacia Dios y para ello huir del mundo (espiritualidad de la “fuga mundi”) o dirigirse a Dios con actos específicos, “religiosos”, opuestos a los actos característicos de la actividad en el mundo, las demás acciones son seculares, no religiosas.

En realidad no es tan así: el acto supremo de movimiento hacia Dios es el amor, y el amor puede ordenar, imperar y “formar” otros actos humanos no opuestos, hasta tal punto que estos quedan constituidos realmente como actos de amor.

De allí que pueda -y convenga- que haya multitud de prácticas, actos (y lugares, tiempos u otras circunstancias de dichos actos) naturales pero que adquieren su valor sobrenatural por el amor.

Entre nosotros, otra cultura -la que llamamos popular-, dirigiéndose en último término a Dios, se centra más en los actos comunes de la vida y la actividad cotidiana, que son en ese sentido seculares, e inventa actos religiosos en parte distintos de los que acostumbra la Iglesia -comunidad visible- de hoy (los cuales últimamente son llamados muchas veces de “devoción popular”). Así, muchos actos que parecen seculares son en realidad “religiosos” por el amor. Y así está constituido, en su parte más notable, el cristianismo popular.

Los hombres de nuestro pueblo tienen una cultura cristiana que orienta toda su vida hacia Dios y, por tanto, el trabajo cotidiano queda incluido en esa orientación.

Otros hombres están revestidos de una cultura moderna y entre éstos muchos forman parte de los “católicos” que giran alrededor de la práctica e instituciones de la Iglesia. Pero la cultura moderna, de suyo, es secularista, individualista y elitista, y centrada en las cosas, dando valor especialmente al dinero. En estas condiciones, para esos hombres, la religión es un agregado más en sus vidas (la misma cultura moderna muchas veces favorece esta posición ya porque le procura mayor eficacia, ya porque son para los hombres una “distracción” u objetivo colateral que aumenta o, al menos, no daña su eficiencia y los deja contentos a ellos y a una parte de la sociedad).

Así nos exponemos a negar ciertas expresiones verdaderamente religiosas como si no lo fueran, y en cambio a aceptar -a veces entusiastamente- expresiones religiosas sobreañadidas a la personalidad pero no verdaderamente auténticas.

Muchas cosas hay en la Iglesia que se suelen presentar como objetivos a alcanzar: una vida de oración, el desprendimiento de las riquezas, la confesión frecuente y la dirección espiritual, etc., y así muchísimas otras. Ellas en verdad son sólo medios o fines intermedios que se ordenan a algo ulterior: la salvación eterna, o sea la vida con Dios, viéndolo ininterrumpidamente cara a cara. Este es el verdadero, el único, absoluto fin último.

h) Trae la concordia y la paz *

La visita de la imagen de la Virgen suscita la concordia (cf. S.T. 2-2, q.29, a.1) o unión de los vecinos, y también la paz (cf. ib.) en cada uno de los que la reciben. Ambos,

    29


bienes sobrenaturales provenientes del amor sobrenatural que Ella suscita, nada despreciables en la dividida sociedad individualista y elitista de hoy en día. Y por la concordia en las cosas de este mundo, los humanos van a Dios.

i) Trae la libertad de los hijos de Dios *

El mundo (en el sentido joánico) somete a las personas mediante el poder y la riqueza; y esa es hoy nuestra sociedad.

La Virgen, que es de Cristo, fecundada por el Espíritu Santo, trae la libertad de los hijos de Dios (cf. Gál. 5,1ss.).

“Confesamos que el Reino de Dios iniciado aquí abajo en la Iglesia de Cristo no es de este mundo,... consiste en conocer cada vez más profundamente las riquezas insondables de Cristo,... en dispensar cada vez más abundantemente la gracia... entre los hombres. Es este mismo amor el que impulsa a la Iglesia a preocuparse constantemente del verdadero bien temporal de los hombres. Sin cesar de recordar a sus hijos que ellos no tienen una morada permanente en este mundo, los alienta también, en conformidad con la vocación y los medios de cada uno, a contribuir al bien de su ciudad terrenal... La intensa solicitud de la Iglesia, Esposa de Cristo, por las necesidades de los hombres, por sus alegrías y esperanzas, por sus penas y esfuerzos, nace del gran deseo que tiene de estar presente entre ellos para iluminarlos con la luz de Cristo y juntar a todo en Él, su único salvador” (cf. Pablo VI, Credo del pueblo de Dios 30-VI-1968, en Sda. Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción sobre algunos aspectos de la “Teología de la Liberación”).

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 Notas

(1) De Evangelii Nuntiandi, del n. 48:

 Piedad Popular.

“... estamos tocando un aspecto de la evangelización que no puede dejarnos insensibles. Queremos referirnos ahora a esa realidad que suele ser designada en nuestros días con el término de religiosidad popular.

Tanto en las regiones donde la Iglesia está establecida desde hace siglos, como en aquellas donde se está implantando, se descubren en el pueblo expresiones particulares de búsqueda de Dios y de la fe. Consideradas durante largo tiempo como menos puras, y a veces despreciadas, estas expresiones constituyen hoy el objeto de un nuevo descubrimiento casi generalizado.

....

Refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer. Hace capaz de generosidad y sacrificio hasta el heroísmo, cuando se trata de manifestar la fe. Comporta un hondo sentido de los atributos profundos de Dios: la paternidad, la providencia, la presencia amorosa y constante. Engendra actitudes interiores que raramente pueden observarse en el mismo grado en quienes no poseen esa religiosidad: paciencia, sentido de la cruz en la vida cotidiana, desapego, aceptación de los demás, devoción. Teniendo en cuenta esos aspectos, la llamamos gustosamente ‘piedad popular’, es decir, religión del pueblo [o sea cristianismo popular], más bien que religiosidad.

La caridad pastoral debe dictar, a cuantos el Señor ha colocado como jefes de las comunidades eclesiales, las normas de conducta con respecto a esta realidad, a la vez tan rica y tan amenazada. Ante todo, hay que ser sensible a ella, saber percibir sus dimensiones interiores y sus valores innegables; estar dispuestos a ayudarla a superar sus riesgos de desviación. Bien orientada, esta religiosidad popular puede ser cada vez más, para nuestras masas populares, un verdadero encuentro con Dios en Jesucristo. “

(2)

a) ) LG 12: “... el Pueblo de Dios se adhiere indefectiblemente a la fe..., penetra más profundamente en ella con juicio certero y le da más plena aplicación en la vida”.

) Se remonta a los tiempos apostólicos (cf. Jn. 19,25ss.). Se expresa en mil formas: dedicación de Iglesias, de fiestas, celebraciones populares entusiastas (como la subsiguiente a la celebración del Conc. de Éfeso), fabricación y culto de imágenes “de la Inmaculada Sra. Ntra., la Santa Madre de Dios” (Conc. de Nicea, 787, Dz 302) (cf. también Conc. IV de Constantinopla canon 3, Dz 337); numerosas, tradicionales y difundidas oraciones en muchas de la cuales no hay referencia explícita a Cristo (Salve, Acordaos, Bajo tu amparo, Bendita sea, No me dejes, etc.).

El Papa Juan Pablo II, cuyo cristocentrismo no se puede discutir, en su escudo personal inscribe “Totus tuus” referido a la Virgen María. La difusión en América Latina muy

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amplia de la imagen de la Virgen sola, sin Jesús (Inmaculada Concepción), las grandes devociones de nuestro país -Luján, Del Valle, Itatí, etc.-, son imágenes que forman, acrecientan y sostienen un pueblo cristiano.

b) ) “América Latina se ha convertido en la tierra de la nueva visitación. Porque sus habitantes han acogido a Cristo, traído en cierto sentido en el seno de María, cuyo nombre llevaba ya una de las tres carabelas de Colón. Y se han unido de modo particular a Cristo mediante María. Por ello este continente es hasta hoy testigo de una particular presencia de la Madre de Dios en el misterio de Cristo y de la Iglesia (cf. LG, c.VIII, n.52-65). Aún externamente, las tierras de la nueva evangelización denotan esa presencia singular de María, con sus cerca de 2.000 nombres de ciudades, villas y lugares referido a los misterios y advocaciones del Virgen Santísima”. (“Hacia el V centenario de la evangelización en América Latina”, Homilía de Juan Pablo II en Sto. Domingo el 11/X/84).

) “El rostro mestizo de la Virgen de Guadalupe fue ya desde el inicio en el Continente un símbolo de la inculturación de la evangelización, de la cual ha sido la estrella y guía. Con su intercesión poderosa la evangelización podrá penetrar el corazón de los hombres y mujeres de América, e impregnar sus culturas transformándolas desde adentro.” (EA, 70).

) Cristo solo, no existe. En la Revelación aparece siempre unido a la Virgen, su Madre. Y en el designio de Dios han sido pensados en un solo y mismo decreto (Bula Ineffabilis Deus, Pío IX, 8 de diciembre de 1854, Dz. 1641).

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 Índice

Sinopsis ............................................................................................................................... 5

I. Principios y razones de la Pastoral Popular .................................................................... 6

II. Fundamentación breve..................................................................................................... 8

¿Por qué eso?....................................................................................................................... 8

Respuesta a razones negativas ...............................................................................................8

A) No es lo usado hoy en la Iglesia “aggiornata”; en el Concilio ni figura............................8

B) La Iglesia practica otras devociones (al Sagrado Corazón, el Rosario, el

Mes de María, etc.), ésta es ajena a Ella. ..........................................................................8

C) Es de gente ignorante y supersticiosa, sin fe verdadera. ................................................... 9

D) Es “marianista” ............................................................................................................... 10

Razones positivas.................................................................................................................12

E) Responde a la primera evangelización ............................................................................ 12

a) Responde a los términos literales del mandato evangélico:......................................................................... 12

b) Responde a la conciencia cada vez más profunda de la Iglesia respecto a su misterio

divino:.......................................................................................................................................................... 13

c) Conciencia acrecentada de la Iglesia respecto de su misión humana. ......................................................... 13

d) Conciencia de la Iglesia de sus debilidades humanas.................................................................................. 14

e) Responde a la iniciativa de la nueva evangelización promovida por el Papa. ............................................. 14

F) Es de los pobres. ............................................................................................................. 15

a) Los pobres son privilegiados respecto al anuncio del Evangelio. ................................................................ 15

G) Como el obrar de Cristo es con modos pobres................................................................16

H) Es de los humildes y pequeños. ...................................................................................... 16

I) Responde al mandato evangélico de “ir”. ....................................................................... 17

¿Y después qué? ................................................................................................................ 17

 A) B) C)

D) a)

b)

La voluntad omnipotente de Dios. ...............................................................................18

La Gracia......................................................................................................................19

El fin es la salvación. ...................................................................................................20

a) La gracia no se puede merecer de condigno*............................................................................................... 20 b) La perseverancia final es una gracia que no se puede merecer en justicia*................................................. 21 c) Gracias y virtudes naturales que disponen a la caridad * ............................................................................ 21 d) El ejemplo de Jesucristo * ............................................................................................................................ 22

Por el mundo a Dios.....................................................................................................22 Superstición. ...................................................................................................................22 Ignorancia de la Fe..........................................................................................................22

1. Ignorancia que sólo afecta al objeto material de la fe (credere Deum)* ...................................................... 23 2. El objeto de la fe (per se) es aquello por lo cual el hombre es hecho feliz* .................................................. 23 3. Las verdades de fe se expresan en proposiciones universales que contienen

implícitamente a las más particulares*........................................................................................................ 23 4. La fe de los “maiores” y la fe los “minores”*.............................................................................................. 24 5. La fe según la participación del sujeto* ....................................................................................................... 25

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c) Ellos se preocupan sólo de intereses materiales..............................................................26

a) Por el mundo van a Dios * ........................................................................................................................... 26 b) Dios salva lo que creó. ................................................................................................................................. 27 c) La salvación es don de Dios. ........................................................................................................................ 27 d) Cristo es la norma de la vida del cristiano. .................................................................................................. 27 e) La doctrina conciliar * ................................................................................................................................. 28 f) La fiesta *...................................................................................................................................................... 28 g) Cultura eclesial, cultura moderna y cultura popular *................................................................................. 28 h) Trae la concordia y la paz * ......................................................................................................................... 29 i) Trae la libertad de los hijos de Dios *........................................................................................................... 30

Notas ..................................................................................................................................... 31 Índice..................................................................................................................................... 33

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IGLESIA Y SECTAS

P. Rafael Tello

 Fascículo Extraordinario n° 2


Iglesia y sectas*

1                      Como secta tiene un cierto contenido despectivo, hoy se busca reemplazar ese nombre

por otros. Aquí, por razones de brevedad y claridad, lo usamos nomás.

A. - El avance de las sectas (1-24)*

2               Las sectas avanzan y mucho, no hay que minusvalorar el hecho. Por la Iglesia católica misma y su posición en la sociedad. Por el pueblo, su defensa, identidad y toma de posición frente a fuerzas y poderes exteriores. Pero sobre todo por el hombre y su suerte; ante lo cual la Iglesia no puede retroceder (RH 14).

  Razones insuficientes que explican el avance de las sectas

3          Las sectas avanzan, ¿por qué? Se suelen dar algunas razones que aunque en muchos casos puedan ser parcialmente verdaderas, son manifiestamente insuficientes. Sólo pueden servir como auto-tranquilizantes para ciertos dirigentes. Además implican un juicio negativo y despectivo respecto al pueblo, turba ignorante de la religión, que se deja embaucar. Por otra parte no se ve en ellas ningún bien sino que se considera que todo es mal, engaño y falsedad, incluso en el terreno religioso, porque si hubiera en ellas algún bien salvífico verdadero éste necesariamente debe proceder del Espíritu Santo.

4          [Si las sectas se hallan en el error, y consta que es así, ¿cómo puede estar también en ellas el Espíritu? Esta es otra cuestión, y requiere otra explicación. Pero se ha de tener en cuenta que el Magisterio reconoce elementos e instrumentos de verdad y santificación en iglesias y comunidades separadas (cf. vgr. LG 8 y UR) y aún en otras religiones, no sólo en el judaísmo, sino también en el islamismo (cf. vgr. RH 11)].

La posesión de grandes medios económicos


5               Entre las causas de ese avance -a nuestro juicio parciales e insuficientes- se suele alegar: que disponen de grandes medios económicos, lo que les permite un uso abundante de los medios de comunicación social, especialmente de radio y TV; que son un instrumento político de intereses extranjeros e imperialistas; que se dedican a hacer proselitismo, y éste de mala fe y en buena medida anticatólico, que engañan a la gente para atraerla y luego la envuelven, etc.

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 * Apunte entregado por el padre Tello el 23 de agosto de 1990.

* N. del e.: Los títulos que se verán a lo largo del folleto no pertenecen al original, fueron agregados para

facilitar la lectura.

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La ignorancia religiosa del pueblo

6              Esas causas aunque en algunos casos responden a la realidad, no alcanzan a explicar los hechos. El avance de las sectas se da sobre todo en los “medios populares”, en los sectores inferiores de la sociedad, ¿no obedecerá eso a la ignorancia religiosa, a la falta de “formación”? Si fuera así, el remedio habrá que buscarlo en formar más y mejor a la gente del pueblo. Y esto se confirma porque en las capas superiores de la población, donde hay mayor desarrollo educativo y mejor “formación religiosa”, no se da similar crecimiento de las sectas.

7                Una mayor instrucción religiosa siempre hay que buscarla y esto debe ser expresamente reconocido y propuesto. La cuestión está en cómo se concibe dicha “formación” y cómo se la procura, de lo cual se trata más adelante.

8                Pero la directiva propuesta a la que se aludió antes (6) aunque no carece de fuerza y tiene un cierto realismo, va en otro sentido: está formulada desde la cultura de las clases más altas o dominantes del complejo social (que global y metonímicamente solemos llamar “ilustrada”, distinta y en algún modo contrapuesta a la popular), a la que se asume como válida para todos en el sentido de que todos pueden y deben entrar en ella, porque es un bien para todos. La Iglesia pues debería multiplicar sus esfuerzos para formar mejor a todos y en lo necesario realizar una conveniente adaptación de su doctrina a los medios populares.

9                   Sobre esto hay que decir que la adaptación se suele entender como “vulgarización”, es decir la misma doctrina “culta” a la que nos hemos referido en el número anterior, simplificada, asencillada y expuesta en lo posible en lenguaje popular.

Pero la vulgarización sigue perteneciendo a la doctrina “culta” y está muy lejos de la verdadera cultura popular.

El pueblo la puede tal vez entender, pero no la reconoce ni puede reconocerla como propia, como algo suyo; tampoco la realizó él desde elementos que le fueran aportados, le fue dada toda “de afuera”.


El problema de la formación (religiosa) del pueblo

10         El proyecto ese de “formar” mejor al pueblo y enseñarle más -aunque incluya la adecuada vulgarización- aparte de su aparente razonabilidad y atractivos es inviable para impedir el avance de las sectas. Y esto por razones de hecho y de principio.

Razones de hecho

11              Desde hace mucho tiempo se ha insistido pastoralmente en esa línea. Medellín y Puebla han planteado el asunto como “el” tema central y lo han tratado incluido en la “pastoral de conjunto”, Juan Pablo II lo ha urgido como punto principalísimo de la nueva

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evangelización, y son muy abundantes las directivas episcopales. Tal vez -y a pesar de algunas orientaciones locales contrarias (que las ha habido), impidiendo que se dejen ciertas obras para “ir a los pobres”- se ha realizado dicha directiva en buena medida. Han surgido asimismo métodos novedosos y bien adaptados como las comunidades de base. Pero los resultados no son totalmente los esperados, y de hecho no se ha detenido el avance explosivo de las sectas. Que de hecho han crecido mucho más que las iniciativas populares católicas. Esa es la realidad, y hay que saber mirarla de frente, es inútil esconder la cabeza; renovar la norma, orientación o directiva pastoral no traerá un mejoramiento sensible.

Razones de principio

  

12             Todo lo anterior es perfectamente lógico porque el método a que se ha hecho referencia (10) es inviable por principio, si es cierto, como lo reconoce Puebla y después de ella casi todos, que el pueblo tiene una cultura propia, popular, que como tal es distinta de toda otra (también de la popular hispánica), por lo tanto pretender “formarlo” desde “otra” cultura, aún vulgarizada, es pretender cambiar su cultura propia, y por tanto al pueblo mismo. Mientras no cambie él y su cultura es imposible que reciba masivamente una doctrina que -por lo menos en la forma- le es extraña.

13               Se podría argüir que para un pueblo ya cristiano la doctrina de la Iglesia no puede ser extraña, y que el cambio que se busca es paulatino y significa sólo una educación, la cual es sumamente conveniente.

14              Respecto a lo primero hay que tener en cuenta una peculiaridad histórica que por determinar el nacimiento u origen histórico del pueblo lo afecta perdurablemente: el pueblo se forma bajo la influencia de la Iglesia, pero lo hace en contraposición a la sociedad colonizadora dominante, a la cual también está ligada la Iglesia. La Iglesia le dio al pueblo el evangelio y junto con ello le concedió un espacio de libertad para que él mismo elaborara la forma de vivirla, esto constituye una cultura -estilo de vida- popular. Si ahora la Iglesia pretende “formarlo” con otra cultura distinta a la propia de él, y para colmo ligada o en consonancia con la de la sociedad dominante, es natural que el pueblo la rechace pues ataca su identidad propia. Esto es importante, muy importante, notarlo: la doctrina es verdaderamente conforme con la cultura del pueblo, la formulación de ella, la manera de expresarla, puede ser extraña a él, y hasta resultar involuntariamente agresiva. En este aspecto puede haber una dificultad muy grande: el pueblo es prácticamente imposible que cambie, los “agentes de pastoral”, que sienten obrar en nombre de la Iglesia, se aferrarán también a su modo propio, ¿y entonces? Si no hay un cambio, una conversión de los últimos, se seguirá yendo la gente en cantidad a las sectas.

15                   Respecto al ritmo del cambio en el pueblo, que sería paulatino pues supone una educación (13), también hay que ver las cosas con realismo: tal cambio no se dio después de Medellín (ya hace más de 20 años), o de Puebla, o del lanzamiento de la Nueva

 15

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Evangelización en la celebración del V Centenario, ni en la presente novena de años. No se puede decir tampoco que se vaya educando al pueblo y que esté alumbrando una nueva cultura. Puede haber un cambio sí, pero en sectores o áreas muy particularizadas, que de ningún modo marcan el tono general. Y en todo caso ni el cambio ni el ritmo han impedido la rápida expansión de estos nuevos movimientos, que se ha dado precisamente en los últimos años. Y esto es claro que ocurrió y ha de ocurrir así siempre por principio, porque se pretende enfrentar el problema con una cultura ajena al pueblo.

16               Así pues, respecto de este problema se alegan razones (3-5) que son pretexto para rehuir el planteo del desafío; o si no, se busca como remedio, y tal vez sólo como barrera o tajamar, mejorar la “formación” entendida al modo de las élites (6-9) lo que se muestra insuficiente, de hecho (10-11) y por razones de principio (12-15). Otras técnicas y actitudes también muestran sus falencias (17, 18, 19ss.).

Otras actitudes para frenar el avance de las sectas

Multiplicar los grupos

17             La idea de multiplicar los grupos, comunidades, movimientos, líderes, etc., misioneros y populares, es por cierto muy buena y debe ser proseguida con entusiasmo y perseverancia. En este sentido se han obtenido logros notables y se ha desarrollado una entrega y caridad excelsas. Pero frente al avance proselitista de las sectas y a la rapidez de su expansión se ha mostrado insuficiente.

Estudiar científicamente el hecho

18           Ante los hechos surge a veces otra actitud: hay que estudiar y valorar científicamente las causas de tal situación, cosa que aún no se ha realizado, solo después se podrá dar un juicio verdaderamente válido. Eso puede ser verdadero pero suele proceder de un espíritu “ilustrado”. La pastoral no espera a la ciencia, obra por sabiduría que es superior a la ciencia, y por amor al hombre.

Atender a los migrantes

 

19            Con el propósito de buscar causas explicativas del hecho, se pone la atención en las grandes migraciones contemporáneas que provocan el desarraigo de miles de hombres y mujeres, que en los lugares a que se trasladan, perdidos sus hábitos y maneras acostumbradas que les permitían de algún modo organizar sus vidas, deben afrontar nuevas condiciones de sobrevivencia, sufriendo un medio extraño y con frecuencia agresivo, sin suficientes defensas y sometidos a diversas formas de pobreza.

20              En esas condiciones, dada su deficiente formación religiosa, son fácil presa de las sectas. Se agrega que éstas por su “fanatismo” religioso y por su organización en

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pequeñas comunidades “cara a cara”, ofrecen un seguro apoyo personal, muy necesario en semejantes condiciones de vida. Y todavía se añade a veces el beneficio de las curaciones o “sanaciones” de diversos males corporales o espirituales, y en ocasiones la ayuda para paliar la pobreza.

21              El hecho social de la intensidad y masividad de las migraciones es cierto. Se dan hacia los lugares en que se piensa hay más trabajo (zafras, cosechas, petróleo, etc.) y sobre todo hacia los cinturones de la ciudades. Allí tienen dificultad para entrar en el orden formal establecido -en buena medida deficiente- y constituyen el gran mundo de lo que contemporáneamente se ha llamado “la informalidad” y acerca de la cual se han iniciado algunos estudios.

22                 Pero las resultantes de ese hecho social pueden ser muy distintas como lo muestra en nuestro país la experiencia de la década del 40.

23               Más aún, sobre todo hay que considerar que similares condiciones, pero aún más radicales, eran las que se daban en el tiempo de la primera evangelización, y con ellas la Iglesia formó un pueblo católico. Hoy se alegan para explicar que la gente del pueblo se aleje de la Iglesia y se vaya a las sectas.

24                 Sobre esto es necesaria una muy profunda reflexión de la Iglesia. Si los migrantes y marginados se van a las sectas, y aunque no se vayan, no se integran en el gremio de la Madre Iglesia Católica:

. Algo anda mal en la actual Iglesia pues ésta ha sido instituida preferencialmente para los pobres (cf. RM).

. Y no cumple la orientación básica para la Nueva Evangelización que es continuar y completar la primera.

B. - Iglesia, pobres y sectas (25-61)

25        ¿Cuáles son las causas de ello? Habría que considerar las causas generales del problema (24) y las causas más particulares que permiten mayor eficiencia al proselitismo de las sectas.


Iglesia y pobres: cuatro posiciones ante el problema


26      Con respecto al problema general: ¿porqué los pobres no entran masivamente en la vida cristiana anunciada por la Iglesia?, parece haber cuatro posiciones principales:

27        1) El reconocimiento y la aceptación del hecho: hoy la Iglesia es para las clases medias y altas, más cultas, que pueden entender sus doctrinas, sus exigencias, métodos y procederes, y responder a ellos. Sin embargo, como en principio ella es universal, debe quedar abierta para recibir a los pobres y aún hacer algún esfuerzo -siempre secundario y

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como marginal- para llegar hasta ellos. Por otra parte el sentido de la acción pastoral se orienta a “elevar” a los pobres hacia prácticas superiores.

28       2) Otra posición, que en el fondo se aproxima a la anterior, es poner el esfuerzo en la vulgarización y adaptación al pueblo de las modalidades históricas de la vida cristiana desarrolladas y comprobadas por las sociedades más perfectas.

29          3) Una tercera posición afirma la prioridad de los pobres, y aún la opción preferencial por ellos, y más todavía, la solidaridad con su causa, pero esto queda en un ámbito meramente declarativo, cuidándose de que no vaya a ser llevado a la práctica de modo predominante.

30          4) La cuarta posición busca que los pobres, con su estilo de vida y cultura, sean integrados en la vida cristiana por la Iglesia católica. Y reflexiona sobre las causas que lo impiden y los modos para lograrlo.

Causas que impiden la integración de los pobres a la Iglesia


31         Respecto a las causas tal vez se podrían señalar tres muy generales:

a) La Iglesia en estos últimos siglos ha desarrollado su doctrina y su práctica en conexión con la cultura (que solemos llamar “ilustrada”) de las sociedades modernas desarrolladas, y piensa, juzga y vive según ella.

b) La vida la ha llevado a insertarse de manera muy comprometida con el orden moderno imperante, y aún con los poderes que lo dirigen.

 c) Los que se dedican a los pobres son una parte menor y menos importante de la Iglesia, y así son vistos por la Iglesia y por el mismo pueblo [en cambio en la primera evangelización eran tenidos como parte importantísima, absolutamente necesaria e irreemplazable, en el cumplimiento de una misión primordial].


32             En cuanto a los modos de lograrlo se buscan por la pastoral popular; de ahí la importancia de ésta. Sin su desarrollo no se encontrará tampoco solución al problema de las sectas.



Los dos grandes desafíos históricos de la Iglesia

33      Respecto a las causas más particulares (26) -referidas ya específicamente al problema de que se trata- antes de abordarlas tal vez convenga ubicar históricamente los grandes desafíos de la Iglesia desde la época de la Independencia. Ellos, nos parece que son básicamente dos: la construcción de un orden social personal4 y la evangelización.

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   N. del e.: El tema del orden social personal como un orden donde se respeta la dignidad y libertad de cada hombre es un tema ampliamente tratado por el p. Tello. En un apunte, donde habla del tema de la cultura en el Concilio, entregado en 1988 decía: “... El Vaticano II consumó una verdadera revolución copernicana: el valor central -encomendado en custodia al mismo Romano Pontífice (cf. SRS)- es la dignidad del hombre, de todos y de cada hombre existente por decisión de Dios.

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34           El primero de ellos preceptuado hoy expresamente por la enseñanza del Magisterio5 y siempre querido por el pueblo, tiene dos etapas. En la primer etapa hubo dos fases principales: en una la Iglesia debió acompañar la formación del estado nacional, luchando simultáneamente contra la laicización o secularización de las instituciones y la vida. En la otra debió admitir un orden social “real”, de cosas, que trajo consigo la “civilización”, el desarrollo, pero sometiendo el país a los cánones y dictados de los países centrales, hegemónicos. Hoy en una nueva etapa histórica, y a partir de lo obtenido en la anterior, la Iglesia enfrenta el gran desafío de construir un orden social personal -no liberal- donde sea reconocida la dignidad de cada uno, lo cual es también un objetivo del pueblo de la patria.

35               El otro gran desafío contemporáneo es la evangelización, la Nueva Evangelización. Pero ella debe ser integral y como tal incluye necesariamente el recto orden social. Por tanto los dos grandes desafíos, evangelización y orden social personal, en nuestra Argentina están intrínseca e íntimamente unidos, y no se podrá lograr el uno sin el otro. Esto quiere decir que si se quiere evangelizar se debe trabajar por la transformación del orden social.

36                Planteado así el problema de la evangelización, en intrínseca conexión con el orden social, se perciben mejor los alcances de él y la importancia y repercusiones de todo lo que la impida, por tanto también de la acción de las sectas.


37          Esto debe servir para afirmar dos conclusiones generales:

El de las sectas no es un problema menor sino de máxima importancia y urgencia (la Iglesia no se puede refugiar en su rol y figura histórica).

Este problema está conexo con el orden social de la Patria.

38              Lo que se confirma si se mira no ya a los objetivos futuros, sino a la situación jurídico- social actual. El orden social presente presidido por el estado moderno, respeta a la Iglesia como un factor histórico social de singular importancia, pero como lo fundamental es el bienestar y el progreso moderno, hay que aceptar todos los aportes que a ello contribuyan de cualquier comunidad religiosa o secta que sea. A ello se añade que las sectas, por sacar al hombre del mundo, pues sólo interesa la vida religiosa para Dios, no cuestionan el orden social dado, aunque sea “real”, sostenido por el poder del estado.

------------------------------------------

 En esta condición el bien común implica un orden social personal que en todo momento debe primar sobre el orden “real” (de res: cosa), institucional, así como el bien del hombre debe primar sobre la institución del sábado (cf. GS 26). Y esto significó un inmenso crecimiento de la conciencia de la Iglesia. Antes del Vaticano II se podían sostener ciertas cosas en función del común provecho. Después de él, ya no. Porque la Iglesia se volvió hacia el hombre...”

5 N. del e.: Al hablar sobre este tema, el p. Tello solía citar el siguiente fragmento de GS 26: “...El orden social y su progresivo desarrollo deben en todo momento subordinarse al bien de la persona, ya que el orden real debe someterse al orden personal y no al contrario. El propio Señor lo advirtió cuando dijo que el sábado había sido hecho para el hombre y no el hombre para el sábado... “

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Causas eclesiales que facilitan el éxito de las sectas


39         Ubicado así el problema, se puede pasar a considerar las causas que de parte de la Iglesia facilitan el éxito de las sectas, pues se captan mejor todos sus alcances.

40           Esas causas nos parecen fundamentalmente dos:

 la Iglesia les cede terreno;

y “parifica” su acción con la de ellas, y esto supone también un ceder de lo

propio.

La solución debe mirar a los dos aspectos juntamente: no basta recuperar terreno si no

se recupera la función integral de la Iglesia, ni se recupera ésta sin aquello.

La Iglesia cede terreno entre los pobres

41          Las sectas crecen en las zonas pobres y entre los pobres, la Iglesia les cedió y cede terreno allí. La Iglesia cumple su acción como sacramento, es decir como signo significativo, como una bandera levantada para el pueblo, y la cumple también por su acción ministerial, y según ambas modalidades se ha producido una disminución de su influencia.

La disminución de la acción sacramental de la Iglesia entre los pobres

42      Según el aspecto sacramental, para contrarrestarla se requiere:

Acrecentar la presencia y acción ministerial entre los pobres (en esto ha habido

algún progreso, insuficiente, en los últimos años).

Expresar su doctrina y vida por la cultura popular de modo que le resulte

accesible y comprensible para el pueblo (en esto existe el peligro real de cada vez mayor distanciamiento; además los esfuerzos de “popularización” no han sido correctamente encaminados en general).

Que aparezca verdaderamente comprometida con la “causa del pobre” (que es una causa temporal) y con la “patria” (como realidad que toca al pueblo y no como interés del aparato estatal).

La disminución de la acción ministerial de la Iglesia entre los pobres

  43            En el aspecto de la acción ministerial, el dejar cada vez más terreno abierto, se ha mostrado en todos los campos. Particularmente:

 En el campo físico, geográfico, los lugares donde se actúa.

 En el campo cultural, popular, teniendo en cuenta que la cultura es camino de dos

sentidos: para llegar al hombre y para que responda comprometiéndose en

consecuencia. A los dos aspectos hay que atender, no sólo al primero.

En las prácticas religiosas propias del pueblo cristiano, atendiendo también muy

especialmente:

43


- a la importancia de la fiesta (por ejemplo, la visita a los santuarios es fiesta). - a la atracción por lo masivo (donde están o van todos).

- la preferencia por las cosas al aire libre.

 El reconocimiento del pueblo (realidad temporal) como comunidad temporal cristiana válida para vivir la vida cristiana6 (así como proporcionalmente también lo es la familia7 -y eso aunque fuera la familia sólo de hecho-),

En el campo, diríamos sobrenatural, por la disminución del bautismo.


 Restringir el Bautismo facilita el avance de las sectas

44               Esto del bautismo parece requerir mayor aclaración:

a) El bautismo instituido por Nuestro Señor Jesucristo fue entregado para su

dispensación a la Iglesia. Y entra en su potestad.

b) Es la puerta para la vida cristiana, y por donde se cristianizó Europa. Como

consecuencia de la restricción en su uso, se produjo la gran descristianización de

la Alta Edad Media.

c) En nuestro pueblo, en su percepción común, el bautismo hace cristiano (y

diferencia del hombre animal); al hacerlo vincula con Dios, pero también

establece un lazo con la Iglesia.

d) El bautismo tiene intrínsecamente un juego dialéctico de fuerzas contrapuestas,

que hacen que su utilización sea siempre efecto de un “compromiso” entre las diversas tendencias, y ese compromiso tiene una amplia gama de variación; las tensiones internas principales, en lo que a nosotros nos interesa serían:

 Por un lado las condiciones para su perfección intrínseca y para que sea recibido de modo óptimo, por el otro la utilidad para los hombres. Puede ocurrir que la búsqueda de su perfección lo haga menos útil para la generalidad de los hombres, y en éste sentido se difundió en la Iglesia una

-------------------------------------------------

6 N. del e.: El tema del pueblo como comunidad válida para vivir la vida cristiana el padre Tello lo aborda en numerosas ocasiones. En el escrito Pastoral Popular y Evangelización (1991) dice: “...El pueblo actúa sobre las personas concretas existentes, en él vivientes, las forma y conforma, les enseña valores y objetivos, les señala caminos, las provee de medios, útiles e instrumentos (pues en cierto sentido el pueblo es anterior a las personas y éstas en él nacen y crecen).

El pueblo temporal hace esto con las personas para la vida terrenal de ellas. El pueblo temporal y cristiano las introduce en la vida temporal y también en la vida cristiana. Es decir el pueblo cristiano lleva a vivir cristianamente y para ello transmite el evangelio, esto es evangeliza al pueblo...” (Nota d).

7 N. del e.: En el mismo escrito citado en la nota anterior volverá sobre el tema presentando la analogía existente entre el pueblo cristiano y la familia cristiana: ”...Si miramos la familia cristiana también hay una cierta analogía con el pueblo cristiano, fundada sobre la antedicha similitud proporcional. Ella es la “primera comunidad llamada a anunciar el Evangelio” (FC 2) a sus hijos, a moverlos a vivir la vida cristiana, pero esto es tarea propia de la Iglesia, encomendada por Jesucristo, por eso la familia cristiana, que debe hacerlo, lo hace bajo la dependencia de la Iglesia y en colaboración con ella. De modo similar el pueblo transmite el Evangelio (el pueblo evangeliza al pueblo) y enseña la vida cristiana a sus hijos (a los que él también guía y sostiene en la vida temporal), pero lo hace en dependencia de la Iglesia y en colaboración con ella...” (Nota g, 340)

44

 

fórmula orientativa: sacramenta propter homines (hay que notar, y es ello muy importante, que toda la actividad de la Iglesia está sometida a los mismos principios -considerar por ejemplo la catequesis o la liturgia-).

* El bautismo une a Cristo, pero por otra parte une también a una comunidad visible, que aunque es puente o medio para alcanzar al Señor, tiene también sus requisitos o exigencias propias que tocan al hombre, las que pueden ser mayores o menores, y en consecuencia las tensiones con respecto al primer aspecto -unión con Cristo- pueden ser mayores o menores.

* Por el bautismo el hombre se une a Cristo como miembro suyo en una comunidad de gracia, cristiana, la Iglesia católica, pero es comunitario, vive en comunidad, de ella recibe y por ella es sostenido, lo que da lugar a una nueva “tensión”: vive su vida cristiana, en los aspectos cristianos, íntegramente en la comunidad eclesial, recibiendo sólo de ella, o la vive también en la comunidad natural en la que está naturalmente inserto (familia, pueblo) recibiendo de ella elementos que se refieren a su unión con Cristo; y en este último caso ¿se reconoce y en qué medida, el aporte cristiano de la comunidad natural?

45           La posibilidad de distintos “equilibrios” buscados pastoralmente para el bautismo, amplía o restringe las normas prácticas para conferirlo, pero hay que recordar:

 que los criterios para el bautismo inexorablemente se transmiten a los otros sacramentos, especialmente a la Penitencia, segunda tabla de salvación,

que su uso restrictivo favorece la descristianización, como se vio ya en Europa,

que aquí deja mayor espacio a las sectas,

que el intento de reforzar la conciencia de necesidad de la comunidad eclesial

visible como absolutamente predominante, ha resultado y resultará vano -dada la

génesis e historia de nuestro pueblo-,

 que las formas, que se mueven en la órbita de la cultura “ilustrada”, son en

realidad inútiles para el objetivo buscado, lo que obliga al sacerdote a simular

exigiendo sólo el cumplimiento formal,

 que el pueblo, para obtener el bautismo, se sujete a una mera formalidad más,

pero sin ningún resultado ulterior.

46         En el aspecto de la acción ministerial, además de las cosas citadas (43s.), habría que añadir todo lo referente a la acción social, no sólo en lo doctrinal -de modo que la doctrina no aparezca disociada de la práctica- sino también en el cumplimiento de la praxis sostenida y en especial de la defensa, asistencia y promoción de los más necesitados.

47         En resumen, no ceder terreno exigiría la práctica visible, perceptible para el pueblo, del amor a los pobres (cf. 41).




La Iglesia “parifica” su acción con la de las sectas

Sentido de la “parificación”

48        La otra gran causa que facilita el éxito de las sectas, es que la Iglesia “parifica” su acción con la de ellas (40). Es decir, en algún sentido, se pone a la par de ellas. Pero esta, que es una causa muy profunda, requiere explicación.

49          En cuanto a la imagen, prestigio público y presencia en la historia de la Nación, no se parifica; en cuanto al régimen jurídico del culto, aún cuando nuestra legislación, orden administrativo y praxis, admiten una amplia libertad, tampoco se parifican.

La parificación a que nos referimos es otra, que no impide una fuerte opción, pero que nace de la oposición de una cierta base común, que en este caso sería la oferta al individuo de bienes religiosos.

50             Tal vez ayuda a entenderlo la comparación con el sistema capitalista (privado): la máxima oposición parece estar con el marxismo, que lo combate aún con la violencia, sin embargo no es así. Son sistemas emparentados (hermanos o primos hermanos) surgidos de un mismo proceso histórico, con una base fundamental común: la primacía de la producción de bienes exteriores, la necesidad del capital (privado en un caso, colectivo en el otro) y el esfuerzo para crear ciencias y técnicas. Son de algún modo grandes enemigos, pero dentro de una base operativa común. En cambio, la oposición fundamental al capitalismo (tanto privado como colectivo) proviene de un orden humanista o personalista: éste privilegia al hombre y lo pone como centro del orden social, el capitalismo en cambio privilegia y pone como centro la obtención de bienes, de cosas.

51                Si la Iglesia pone todo su esfuerzo en ofertar bienes religiosos a los hombres, pone su accionar en una base común con las sectas. ¿Pero acaso no es esa su función en la humanidad? Sí lo es, pero no es sólo eso, no es todo. Ella debe dar los bienes religiosos pero con una integridad, con una completividad, que la distingue y separa totalmente del accionar de las sectas, que no pueden ni quieren extender hasta allí su influencia.

En una palabra: si la Iglesia quiere concentrarse y limitarse a los bienes religiosos para el individuo, se pone a la par de las sectas y deja sin cubrir un amplísimo campo con decisiva influencia sobre la religiosidad individual.


Lo temporal: campo de acción propio de la Iglesia

52                ¿Cuál es ese campo que se halla en la prolongación de su acción religiosa, la completa e influye fuertemente sobre lo religioso? Es lo temporal, lo “natural” (de lo cual la secta por principio tiende a distanciarse) y esto distingue lo “católico” frente a las tendencias de “reforma”. Volvemos a lo mismo: la Iglesia, para no “parificarse” con las sectas, a su propuesta religiosa debe añadir la búsqueda de los beneficios temporales que provienen de los bienes religiosos.

46

53             La secta, que tiende a “sacar” del mundo, a interesarse sólo por la salvación divina, ofrece bienes religiosos; la Iglesia, en cumplimiento de su misión divina, debe también ofrecer y trabajar por ciertos bienes temporales.

54            ¿Pero qué es eso temporal? Esta es una cuestión clave y algo más compleja. Ante todo, lo temporal es individual o comunitario (veremos también que esto puede referirse a la justicia o recto orden social (56) o a la constitución misma de la comunidad (57)).

55                La secta atiende a lo religioso y a la comunidad religiosa, pero como sus miembros (actuales o potenciales) son individuos que viven en el tiempo, su solicitud se extiende también a lo temporal individual (vgr. sanación, liberación de los defectos temporales, etc.). Si la Iglesia se limita a lo religioso sólo, o referido a lo temporal individual (por ej. la comunidad “cara a cara” que sostenga, aún temporalmente, al individuo), la Iglesia se parifica con las sectas.

56                   Es propio de la Iglesia ocuparse de lo temporal comunitario, de la justicia social, que abarca a todos los miembros de la sociedad, aunque no sean fieles de la Iglesia. Las sectas no suelen comúnmente preocuparse por estos problemas. Por eso, para no parificarse con las sectas -lo que es condición de mayor eficacia- la Iglesia debe ocuparse efectiva y visiblemente de la cuestión social, y en la medida que deje de hacerlo tiende a parificar su acción con las sectas y con ello -como veremos- a facilitar la acción de éstas.

La formación del pueblo como comunidad cristiana

57        Pero hay una acción temporal social de la Iglesia más honda que está totalmente fuera del alcance de cualquier secta: la formación del pueblo -comunidad humana- como una comunidad cristiana (aunque sin dejar de ser por ello temporal o secular). Esto, que es un hecho histórico en nuestras tierras, es propio y exclusivo de la Iglesia católica. Por tanto, la acción religiosa de la Iglesia que mira al pueblo como comunidad, es peculiar y específica de ella. Si ella abandona o deja en la sombra ese aspecto, se parifica con las sectas.

58              Este aspecto es sumamente importante porque la comunidad, el pueblo, con su cultura, influye de modo decisivo en el hombre, y también en su religión o vida cristiana. Pues el hombre es por naturaleza un ser social, destinado a ser y vivir en comunidad, y al integrarse en el pueblo integra y conforma su propia personalidad, si el pueblo como comunidad se corroe o se destruye o no lo integra, la personalidad del hombre sufre detrimento (salvo que sea “como un Dios o como una bestia” al decir de Aristóteles).

La desintegración del pueblo: causa más profunda del éxito de las sectas

59 Eso es precisamente lo que pasa modernamente en nuestro pueblo. La sociedad está organizada con un orden “real”, de cosas, donde se privilegia la producción de bienes

47


exteriores, el comercio, los servicios, las leyes e instituciones convenientes para ello y, en consecuencia, los hombres, o algunos de ellos, son pospuestos o marginados.

Estos son sobre todo los pobres. El hombre dejado fuera del orden social predominante, queda afectado en su personalidad, con carencias, necesidades y pulsiones peculiares. Y esto lo hace más susceptible a la acción de las sectas. Por esa causa son los pobres los que más se acercan a las sectas. Y esta razón nos parece mucho más fuerte y verdadera que la de la ignorancia religiosa.

60               En el documento del Secretariado para la unidad de los cristianos sobre Sectas o nuevos movimientos religiosos (1985), en concordancia con esto se afirma que “una estructura despersonalizante parece ser el fenómeno sintomático de la sociedad contemporánea” (1.5). Y más adelante (2) agrega que “las situaciones de crisis o la vulnerabilidad general pueden revelar y/o producir necesidades y aspiraciones que proporcionan motivaciones de base para dirigirse a las sectas”, y luego las expone en forma más particularizada:

61           [2.1.1. La búsqueda de pertenencia. La estructura de muchas comunidades ha sido destruida... el pueblo se siente desarraigado y solo... las sectas parecen ofrecer calor humano, cuidado y ayuda en comunidades pequeñas y compactas... atención por el individuo; protección y seguridad, especialmente en situaciones de crisis.

                 2.1.2. Las sectas parecen ofrecer respuestas simples y (ya) confeccionadas... directrices claras; llamamiento a la superioridad moral, experimentación de elementos “sobrenaturales”.

                   2.1.3. Muchas personas sienten que no se encuentran más consigo mismas, con los demás, con su cultura y contexto... Se sienten excluidas. Las sectas parecen ofrecer una experiencia religiosa gratificante, ser salvados, conversión... lugar para la espontaneidad.

                   2.1.4. Búsqueda de una identidad cultural.

                  2.1.5. Necesidad de ser reconocido. Las sectas parecen ofrecer interés por el individuo. 

                   2.1.6. Búsqueda de la trascendencia.

                      2.1.7. Las sectas parecen ofrecer guía y orientación a través de un fuerte liderazgo

carismático.

                   2.1.8. La gente se siente preocupada por el futuro, con frecuencia desesperada, sin

ayuda, sin esperanza, sin fuerza.

                    2.1.9. Necesidad de participación y compromiso Conviene leer el texto íntegro, aquí muy resumido.]

 48


 C- Principales elementos a tener en cuenta en la acción de la Iglesia a favor del

pueblo frente al avance de las sectas (62-78)

El cristianismo conforma al pueblo como comunidad humana

62       El problema básico pues, que determina las limitaciones de la acción de la Iglesia y también la de las sectas, así como la razón del éxito de éstas, parece ser el cristianismo que conforma al pueblo como comunidad humana.

63         Si la Iglesia realiza su acción religiosa sobre los individuos desconociendo u olvidando la dimensión social comunitaria, parifica su acción con la de las sectas y ella se hace mucho menos eficaz.

64         Esa acción de formación cristiana no coincide ni puede ser reemplazada por una acción de repercusión pública o amplia realizada desde las estructuras del estado o de la sociedad dominante.

65         El carácter profundamente cristiano que conforma a nuestro pueblo, aún cuando el hombre se siente extrañado del pueblo, deja en él una honda impronta religiosa, que es aprovechada por la predicación de las sectas.

66         Pero de allí nacen también dos serias limitaciones: el cristianismo de la comunidad - valor fundamental en la vida del pobre- proviene de la Iglesia, por eso los conversos a la secta con frecuencia mantienen su acercamiento a las cosas de la Iglesia y, otras veces, al tiempito dejan la secta y vuelven a la Iglesia, es decir, al modo de ellos de ser de la Iglesia.

En todo esto tiene un lugar destacadísimo la reverencia y el amor por la Santísima Virgen María.

67            La otra seria limitación nace de que las sectas nacen de la cultura moderna y poseen una cultura “ilustrada” aunque vehiculizada y revestida hábilmente de formas muy populares. Esto produce que, aunque la secta pueda ser aceptada en algunos ambientes o sectores, no pueda alcanzar al pueblo, comunidad que histórica y tradicionalmente tiene otra cultura: la popular.

68             Esto muestra también que la Iglesia en cuanto quiera cambiar la cultura del pueblo o añadir elementos ilustrados, facilitará la penetración de las sectas.

69        Ya en un aspecto diferente, habría que tener en cuenta que el apostolado o la acción proselitista, pueden ser hechos de un modo “institucional” o de un modo “carismático” (para decirlo con palabras corrientes). Las sectas lo hacen de modo carismático predominantemente, pero es previsible que algunas, por lo menos, con el correr de los años se “institucionalicen” ¿Que pasará entonces? La Iglesia lo hace sobre todo de modo

49

“institucional”, pero también se ha extendido en los últimos tiempos el modo “carismático” -y en algunas partes con mucho éxito- para impedir la proliferación de las sectas.

70           [También, tal vez tengan que ver con la problemática de fondo planteada, otros problemas: 

Frente al fondo religioso propio de la cultura del pueblo, se quieren acentuar las concepciones y soluciones racionalistas, especialmente las que miran al hombre, y de allí la amplitud de los movimientos psicologistas (algunos la llaman a Bs. As. la capital de psicoanálisis). Esto se da más en la clase media.

Otros buscan solución por caminos antirracionalistas, religiosos o no, y así surgen los movimientos de astrología, magia, curanderismo, cultos afro-brasileros, etc. Estos se dan en las clases medias y bajas.]

La religión como estructurante de la comunidad temporal

Pero, ¿qué es esa acción de formación cristiana del pueblo? y, ¿cómo es posible realizarla hoy en día?

La Iglesia formó en América una comunidad popular distinta de la sociedad colonizadora y en parte opuesta a ella (las comunidades se caracterizan por su cultura). La comunidad popular tiende esencialmente a que sea reconocida socialmente la dignidad humana de todos y cada uno. Esto provino directamente de la fe evangélica y el bautismo que reconoce en cada hombre un hijo de Dios. La religión, entonces, no tuvo sólo una característica salvacionista (como lo tendría en las sectas) sino que fue también estructurante de la comunidad temporal (como no lo puede ser en las sectas).

Lo anterior se cumplió con cuatro condiciones sumamente importantes:

1. La convicción de que la vida temporal es de Dios, que Dios está presente en ella, y que el hombre lo halla a Dios en los múltiples acontecimientos que la

conforman,

2. que por eso mismo la vida ordinaria (el amar a la esposa, el trabajo, el visitar a la

abuela, el conocer la vida de los vecinos, ayudarse mutuamente, el divertirse juntos, etc.) tiene un valor no sólo natural sino que conforma una vida que tiene un valor religioso,

3. que las devociones populares expresan el alma del pueblo y son “la manera como estos predilectos del Señor viven y traducen en sus actitudes humanas, y en todas las dimensiones de la vida, el misterio de la fe que han recibido” (Juan Pablo II Zapopán 2),

4. que los actos, aunque sean individuales, tienen un sentido comunitario, son para el bien de la comunidad, pues en ella halla el hombre su plenitud (con lo que se

50


74

75

excluye el sentido individualista de que es la comunidad la que debe contribuir a la plenitud o perfección, que sería cosa del individuo solo).

El pueblo, hoy día, es distinto de la sociedad organizada dominadora, y con una cultura diferente. La acción evangelizadora de la Iglesia debe tener las mismas características del período fundacional y eso es perfectamente posible.

Pero al hacerlo la Iglesia puede perseguir algo así como tres finalidades “coloreantes”, no excluyentes unas de otras, sino sólo con diferentes acentos:

 la conversión personal cada vez mayor a actos más perfectos, tendiendo a todo bien;

 la liberación social de la nación;

 el acompañamiento del pueblo en su marcha histórica, oscura y sufrida, sea el que

sea el estado en que se halla.

   La Virgen: bandera y escudo frente a las sectas

 76

77

Dos cosas para terminar:

La Virgen María, su Imagen y su culto, son la mejor y mayor defensa contra las sectas. Tal vez en otro momento se podrán exponer algunas razones.

Toda la Escritura ha sido dada para nuestra utilidad. En Ez 34 dice: “Andan perdidas mis ovejas por falta de pastor... andan errantes... derramadas por toda la faz de la tierra sin que haya quien las busque y las congregue”.

Sinopsis final: La acción de la Iglesia

78 En resumen, la acción de la Iglesia debe ser:

No por la instrucción religiosa como método exclusivo o dominante.

No exclusiva ni predominante por la multiplicación de grupos, comunidades, movimientos, líderes, etc.

No por futuros estudios científicos.

No exclusiva ni predominantemente por atención de las grandes cantidades de migrantes.

6-16 cf.68 17

18 19-24

           Sí por el reconocimiento de los que trabajan por los pobres como una parte importante y decisiva de la Iglesia para el cumplimiento de una misión esencial.

    31 c)

  Reconocer que la evangelización religiosa tiene como parte intrínseca, necesaria e insoslayable -que constituye la evangelización integral- la lucha por un orden social personal.

   33-38

 51


  No cederles terreno entre los pobres:

 Acrecentar su resplandor sacramental ante ellos:

- por mayor presencia en los medios pobres, lo que exige también una

reasignación de recursos,

- por la asunción de la cultura popular,

- por su compromiso con la causa del pobre y con la Patria.

 Por acrecentamiento de su acción en los campos populares, esto implicará

41-42

          también la ayuda económica de los sectores más pudientes:

- acción ministerial religiosa y social, 43 - utilización de la cultura popular,

- promoción de religiosidad popular teniendo en cuenta la importancia

de la fiesta, lo masivo y el aire libre,

- reconocimiento del pueblo como comunidad cristiana,

- mayor liberalidad en conferir el bautismo,

- acción social de defensa, asistencia y promoción de los pobres, 46 - es decir la práctica visible del amor a los pobres. 47

No parificar la acción con la de las sectas. Es decir, no limitar su acción a la

oferta de bienes religiosos al individuo.

Sino extender su acción en lo temporal, como justicia social pero sobre todo 56

como formación cristiana del pueblo.

Dándole carácter estructurante de la sociedad,

en busca de un orden social personal, 72 con las cuatro condiciones señaladas en 73 Para acompañar al pueblo, donde haya algún bien.

Teniendo como bandera y escudo a la Virgen. 76

          44-45

      48-51

  57-58

            52


 Índice

A. - El avance de las sectas (1-24) ........................................................................................36

Razones insuficientes que explican el avance de las sectas .................................................... 36 La posesión de grandes medios económicos ..............................................................................36 La ignorancia religiosa del pueblo .............................................................................................37

El problema de la formación (religiosa) del pueblo................................................................ 37 Razones de hecho.......................................................................................................................37 Razones de principio..................................................................................................................38

Otras actitudes para frenar el avance de las sectas.................................................................. 39 Multiplicar los grupos ................................................................................................................39 Estudiar científicamente el hecho ..............................................................................................39 Atender a los migrantes..............................................................................................................39

B. - Iglesia, pobres y sectas (25-61) ......................................................................................40 Iglesia y pobres: cuatro posiciones ante el problema .............................................................. 40 Causas que impiden la integración de los pobres a la Iglesia ................................................. 41 Los dos grandes desafíos históricos de la Iglesia.................................................................... 41

Causas eclesiales que facilitan el éxito de las sectas............................................................... 43 La Iglesia cede terreno entre los pobres .....................................................................................43 La disminución de la acción sacramental de la Iglesia entre los pobres ...............................................................43 La disminución de la acción ministerial de la Iglesia entre los pobres..................................................................43 Restringir el Bautismo facilita el avance de las sectas ..........................................................................................44 La Iglesia “parifica” su acción con la de las sectas ....................................................................46 Sentido de la “parificación”..................................................................................................................................46 Lo temporal: campo de acción propio de la Iglesia...............................................................................................46 La formación del pueblo como comunidad cristiana .............................................................................................47 La desintegración del pueblo: causa más profunda del éxito de las sectas............................................................47

C- Principales elementos a tener en cuenta en la acción de la Iglesia a favor del pueblo frente al avance de las sectas (62-78)....................................................................................49

El cristianismo conforma al pueblo como comunidad humana .............................................. 49 La religión como estructurante de la comunidad temporal ..................................................... 50 La Virgen: bandera y escudo frente a las sectas ..................................................................... 51 Sinopsis final: La acción de la Iglesia..................................................................................... 51

 53


PALABRA DE DIOS E

IMAGEN

EN LA PASTORAL POPULAR

P. Rafael Tello

 Fascículo Extraordinario n° 2


  1

2

Introducción: Medios que tiene la Iglesia para evangelizar

Al tratar acerca de los principios de la pastoral popular comenzamos hablando de las características de una acción popular de la Iglesia, y de ello mediante su acción ministerial eficiente en lo religioso que tiende a lograr la unión con Dios, lo cual se realiza principalmente por las virtudes teologales, pero también por otros medios objetivos, de los cuales corresponde hablar ahora.

Estos son medios o instrumentos religiosos objetivos -que no son personas- de los cuales está dotada la Iglesia para cumplir su misión de evangelizar y ayudar a los hombres a unirse a Dios. Unos son de institución divina, le han sido entregados por Cristo (por ej. los sacramentos); otros los ha establecido ella misma en virtud de sus poderes y de su fidelidad a su misión (por ej. los sacramentales). Unos son necesarios (por ej. el bautismo), otros son voluntarios (por ej. la pertenencia a una congregación religiosa).

El uso de estos medios depende de la cultura

 3

4

5

Todos ellos tienen exigencias o requisitos objetivos esenciales mínimos para poder existir y normales o máximos para ser con perfección. Todos ellos también están ordenados para el bien o el mayor bien de los hombres. De donde puede surgir una tensión entre sus requisitos intrínsecos y la utilidad de los hombres, por lo que generalmente la praxis o uso de estos medios objetivos de vida cristiana conlleva una cierta “composición” o equilibrio, de límites variables, según las diversas culturas de los hombres.

El hombre de nuestro pueblo tiene una cultura -popular- distinta de otras y también de las de la Iglesia universal occidental moderna y de las vigentes en la Iglesia “oficial” de nuestro país, y como los medios objetivos no existen para sí mismos sino que su razón de ser es la utilidad de los hombres, salvadas sus exigencias esenciales, su uso debe estar determinado por las necesidades y cultura del pueblo.

Si dentro de las condiciones histórico-culturales de un pueblo, las que como es obvio dependen de la Providencia de Dios, el Espíritu Santo impulsa a vivir la vida cristiana de manera determinada -la que incluye también determinado modo de utilizar los medios o instrumentos de santificación- esa manera impulsada por el Espíritu constituye una espiritualidad. Y en este sentido nuestro pueblo tiene una espiritualidad, querida por el

    Extracto del apunte “Pastoral popular y evangelización” entregado durante 1990. Esta edición pertenece a un fragmento de la nota (g) “Pastoral popular”, acápite C “Principales principios de la pastoral popular”. Los títulos que se presentan no están en el original, fueron agregados para facilitar la lectura. La numeración de los párrafos difieren del original.

55


6

Espíritu Santo, nos guste a nosotros o no. Y todo agente de pastoral tiene obligación de conocerla.

Los medios objetivos para el ejercicio de la vida cristiana son numerosísimos, y muchos de ellos aparecen, se modifican y desaparecen con el tiempo. De ellos, unos son muy propios del pueblo (la religiosidad popular, las fiestas, la preferencia por los espacios abiertos y al aire libre etc.) y de ellos ya hemos hablado o quedan para el tema del cristianismo popular; otros muchos son utilizados en toda la Iglesia pero con tendencia a querer imponerles la modalidad propia de la Iglesia eclesiástica (cfr. 4) para todos, incluso para el pueblo. Tarea de la pastoral popular es estudiarlos. Aquí veremos sólo algunos.

La Palabra de Dios

  Jesucristo es la Palabra de Dios encarnada

 7

La vida cristiana tiene comienzo en Dios que se revela. Y la revelación se hace por la Palabra -el Verbo- de Dios. Fuera de la Palabra no hay vida cristiana.

La Palabra se dirige al hombre, a todo el hombre, no sólo al individuo, por eso lo congrega en un Pueblo, el Pueblo de Dios. La Palabra se dirige al hombre para que él adhiera a ella, por la fe, y luego la asimile a sí, pero en último término para que la Palabra transforme en Sí al hombre.

Esto es importante tenerlo presente: la Palabra se da al hombre para que él la asimile, pero la Palabra transforma al hombre en Sí.

No hay que concebir estos aspectos como dos etapas extremas y separadas sino más bien como momentos que se suceden mutuamente en un mismo proceso.

En la plenitud de los tiempos la Palabra se hizo carne en el cuerpo de la Virgen. Con ello la asumió de algún modo al orden hipostático divino, -la hizo Madre de Dios- la hizo “una” con Cristo y ella se hizo servidora de la Palabra encarnada. La Palabra en la vida cristiana hay que comprenderla ante todo en su relación con la Virgen María, es lo que la Reforma protestante no entendió y nuestro pueblo cristiano lo sabe desde lo hondo y lo practica cotidianamente. Una interpretación de la Palabra de Dios al margen de la Virgen, aunque sea católica y ortodoxa, siempre resonará como extraña o ajena para nuestro pueblo. Esto es fundamental para la pastoral popular y es válido aún para la reflexión sobre la Palabra en las comunidades de base. Sobre esto hay mucho que decir, pero no es éste el momento.

8

  La Palabra transforma al hombre

9 La Palabra fue dada a la Iglesia. Para que ella la transmita a los hombres.

56

 

10

11

12

La Palabra se dirige al hombre para transformarlo en Sí. Pero se trata de la Palabra hecha carne, enviada a este mundo. Y el modo más pleno de hacerlo es que el hombre la coma. “Crece y podrás comerme. No serás tú quien me cambie en ti, como manjar de tu carne, sino que tú te cambiarás en mí” (S. Agustín Confesiones cap. 10).

Para que la Palabra transforme al hombre éste debe adherir a ella y asimilarla. Adhiere por la fe y la asimila por multitud de otros actos, que también ellos dependen de la fe. La relación del hombre con la Palabra pasa pues por la mediación de la fe, y por ello el problema fundamental es el del crecimiento y vitalidad de la fe.

La revelación de la Palabra, plena y substancial, lo que Dios ha dispuesto hacer, se va preparando por la revelación de muchas palabras por las que Dios nos habla (cf. Hb 1,1), pero la Palabra substancial “resultaba incomprensible e inaccesible, invisible y totalmente fuera de lo que podríamos imaginarnos, ¿qué primer pensamiento tendría el hombre acerca de Dios, sino el de representárselo en su corazón acaso bajo la forma de un ídolo? Pero ahora ha querido ser comprendido, ha querido hacerse ver, ha querido que pensemos en Él” (S. Bernardo8). Y la Palabra se hizo carne. Y pudo ser vista y tocada. Realizó, unificó plenamente en sí todas las palabras. Y nos habló y encomendó a la Iglesia anunciarla, de modo que las palabras de ésta son también palabra de Dios que habla de la Palabra.

Cuando se habla pues de la Palabra de Dios no hay que reducir el problema exclusiva ni principalmente a la Sagrada Escritura. Se trata principalmente de la Palabra encarnada, también de la revelación que la precedió y que adquiere ahora todo su significado, de la enseñanza apostólica transmitida por tradición o por escrito, de la síntesis o resumen de toda la fe que hace la Iglesia en los Símbolos o Credos, y de su anuncio a través de los siglos hasta que Él vuelva9.

El hombre adhiere y penetra en la Palabra, para que ella lo transforme por medio de la fe. Se trata de la Palabra substancial. Todas las otras palabras y medios se ordenan a eso.

Cfr. Oficio de lectura del 7 de octubre, día de la Virgen del Rosario.

13

14

8 9

 N del e: Respecto a este tema, el 2 de noviembre de 1995 el p. Tello decía: “...Lo que habría que hacer en la Argentina es, no una pastoral de grupos, sino una pastoral de masas, para toda la gente. Y no restringida sólo a grupos más capaces de la palabra. Si se quiere insistir en la Palabra hay algunos elementos. La Revelación está contenida fundamentalmente en la Sagrada Escritura, que es muy amplia. Entonces los primeros Padres, para que todos los cristianos conocieran toda la Escritura, hicieron un resumen que contiene lo substancial de la Revelación en el Símbolo de la Fe, el Credo. Viene ya de los primeros siglos, antes del s IV... En la mente de los Santos Padres el Credo es un resumen de la Sagrada Escritura. El Credo es largo, tiene doce o catorce artículos. Y entonces el III Concilio Limense hace un resumen del Credo, que serían las verdades fundamentales, absolutamente fundamentales. Son cuatro: 1) Existe Dios, 2) Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo, 3) Jesucristo, hombre y Dios verdadero, con su muerte en la cruz nos redime de nuestro pecados, 4) La Iglesia es instrumento de salvación. Este resumen del Credo para América es teniendo en cuenta la realidad de los indios.

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Pero eso se realiza de diversos modos y con diversas composiciones de elementos, que la Iglesia para el cumplimiento de su misión específica va poniendo en práctica. Pero el objetivo es siempre que los hombres crean y creyendo participen más de Jesucristo, el Verbo hecho carne. Y el objetivo o fin regula los medios.

La predicación de la Iglesia y la Imagen: dos medios privilegiados de adherir a la Palabra

En nuestro pueblo la adhesión a la Palabra, es decir la fe, y su crecimiento, han dependido históricamente de dos grandes medios: La palabra de la Iglesia y la imagen, a ellos se agrega, hasta ahora limitadamente, el uso directo de la Sagrada Escritura.

  16

La predicación de la Iglesia

 17

La predicación de la Iglesia ha sido el principal y más importante medio para presentar al pueblo la Palabra encarnada. Que le ha sido enseñada según la fe de la Iglesia, resumida en el Credo, y de tal modo ha sido aceptada por él. Pero enseñada adaptándose a su cultura, lo que ha producido un cristianismo peculiar profundamente arraigado y de gran valor según declara Puebla10.

No parecería prudente abandonar tal método, que ha mostrado históricamente su eficacia, ni reemplazarlo por otros aunque a priori parezcan mejores (pues fácilmente será desde otra cultura que se muestran superiores).

[Sobre cómo se acrecienta la aceptación y asimilación de la palabra podríamos tal vez resumir lo principal así:

 Se vivifica y perfecciona por la caridad o amor sobrenatural, pero aún sin éste

puede crecer por una mayor adhesión o firmeza, por el temor, la confianza, la

18

 Cfr. por ej. DP 412: “En la primera época, del siglo XVI al XVII, se echan las bases de la cultura latinoamericana y de su real sustrato católico. Su evangelización fue suficientemente profunda para que la fe pasara a ser constitutiva de su ser y de su identidad, otorgándole la unidad espiritual que subsiste pese a la ulterior división en diversas naciones, y a verse afectada por desgarramientos en el nivel económico, político y social.” DP 444: “...La religión del pueblo latinoamericano, en su forma cultural más característica, es expresión de la fe católica. Es un catolicismo popular.” DP 445: “Con deficiencias y a pesar del pecado siempre presente, la fe de la Iglesia ha sellado el alma de América Latina (Cfr. Juan Pablo II, Zapopán, 2), marcando su identidad esencial y constituyéndose en la matriz cultural del continente, de la cual nacieron los nuevos pueblos.” (subrayado nuestro).

10

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reverencia, y también por la esperanza teologal, aún en los hombres y en cosas

temporales.

 La caridad que la vivifica se refiere muy comúnmente al amor al otro hombre

y especialmente a los más cercanos y parientes, con frecuencia se refiere a

cosas que Dios no quiere, y abarca animales, plantas, casas, etc.

 La unión a la Palabra aumenta también en el pueblo por la práctica de la

religiosidad popular, que a veces va unida a cosas que no se pueden aprobar.

 Esa aceptación y asimilación de la Palabra, es decir al Hijo de Dios hecho hombre, se facilita y acrecienta porque para el pueblo Dios no es un ser lejano y trascendente del que se tiene un concepto o idea, sino que es un ser superior, sí, pero que está metido en la propia vida; y que se encuentra muy particularmente en la vida pobre y sufrida (este aspecto también es desarrollado por la reflexión popular sobre la Sagrada Escritura, como

veremos después).

 Para el pueblo la adhesión a la Palabra se acrecienta en cuanto ésta no es

presentada como algo abstracto, sino al contrario lo más concretamente posible. Y la Palabra se muestra concreta, casi palpable, cuando se manifiesta como el fundamento y la causa de exigencia de reconocimiento y respeto de la dignidad personal del otro hombre, de todo hombre (si la predicación que hace la Iglesia de Cristo resulta en algo más débil que lo que fue parecería que se debe a que este aspecto aquí referido es dejado más en la sombra).

 También se fortalece la adhesión a la Palabra en cuanto ella es reconocida como formando parte esencial del pueblo y de la patria.]

La Imagen

19 El otro gran medio histórico para la presentación y conocimiento de la Palabra de Dios ha sido la imagen. El pueblo capta lo espiritual en lo sensible11. Y la Palabra se hizo carne para poder ser vista y tocada. Viendo en la imagen sensible, el pueblo se une a la

11

En un apunte entregado el 1/2/96 con ocasión de los 16 años de la cofradía, el p. Tello dice: La prioridad de la imagen sobre la palabra: El pueblo entiende no intelectualmente sino sensiblemente, sobre todo por la vista. La diferencia imagen-palabra, que se extiende mucho modernamente, es de raíz protestante. Se tiende a oponerlas, pero filosóficamente no se distinguen tanto. La palabra es el verbo, la semejanza que se expresa por una palabra. Cristo es imagen y palabra. Se insiste en la palabra, y la fe popular se basa más en la imagen. Y se ve esto como una deficiencia, pero no lo es. Porque la imagen lleva siempre implícita una palabra (un crucifijo me dice que Cristo murió por todos). Al pueblo la imagen le “dice” más que la palabra abstracta. Una parroquia que quiera ser popular debe fundarse más en abundancia de imágenes que de palabras.

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Palabra. Y por este medio más que por muchos otros (“contra factum non est argumentum”).

Esto está “en línea con las grandes tradiciones de la Iglesia” (Catechesi Tradendae 9).

“De suerte que para los cristianos el Crucifijo es una de las imágenes más sublimes y populares de Jesús [la Palabra hecha carne] que enseña” (ib.) no sólo con sus palabras sino además con sus hechos y su vida. Y el mismo Papa refiriéndose a la imagen de la Virgen Patrona de Polonia afirma que multitud de generaciones de cristianos se formaron mirando su rostro.

Esta tradición ha sido defendida, clarificada y enseñada por el Magisterio universal de la Iglesia, y en otra parte citamos al respecto el II Concilio de Nicea (Dz 30212; 304; 306- 308), el IV de Constantinopla (Dz 337), el de Trento (Dz 986), y decisiones de Benedicto XIV (Dz 1466) y Pío VI (Dz 1570). A ello se añade el Vaticano II que en SC 125 dispone que se ha de mantener firmemente la práctica de exponer en las Iglesias imágenes sagradas a la veneración de los fieles, cuidando de no causar extrañeza al pueblo cristiano ni favorecer una devoción menos ortodoxa, disposición corroborada por el CIC c. 1188 (que debe leerse en conexión con el c. 1186).

Por ello una cierta prevención contra las imágenes más o menos frecuente hoy entre los agentes de pastoral no se puede fundar en motivos doctrinales verdaderos, sino más bien en prejuicios teológicos importados de otras regiones o en una errónea y subjetiva valoración del cristianismo del pueblo y en definitiva en un desconocimiento de la cultura popular.

El pueblo conoce la Palabra de Dios hecha carne en la Imagen. La Virgen y los santos la dan a conocer más, como se ha explicado en otra parte.

La Palabra de Dios y la Sagrada Escritura

La Escritura no se identifica, ni se debe identificar, con la Palabra de Dios.

No es el único medio, ni el principal, por el que la Palabra de Dios ilumina a todo hombre venido a este mundo. Cristo, que es la Palabra encarnada, se manifestó a sí mismo y a su Padre con obras y palabras (DV 17). La Palabra de Dios incluye muchos otros modos además de la Sagrada Escritura (12, 13), aunque todos ellos están en concordancia y conexión con la Escritura, la esclarecen y son esclarecidos por ella.

Por otra parte la Escritura, que es exterior al hombre, no lo ilumina por sí, la que lo hace es la luz de la gracia. Y ésta no depende de la Escritura sino puramente de la voluntad de Dios. Que la da siempre en concordancia con la Escritura, pero no siempre

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23

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25

12 60

N del e: El texto de ésta y las siguientes citas del Magisterio se encuentra en el Apéndice.

   

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27

28

13

Con todo, el Concilio recomienda insistentemente a “todos los fieles, especialmente a los religiosos, la lectura asidua de la Escritura” (DV 25) pues es tan grande la fuerza y el poder de ella que constituye firmeza de fe, alimento del alma, fuente límpida y perenne de la vida espiritual (DV 21).

La recomendación es formal y expresa, pero no hay que cambiarle el sentido: es recomendación, no prescripción. La norma suprema sigue siendo el provecho de la gracia interior, sobre todo el crecimiento en la fe, la esperanza, y la caridad. Y la forma de la Palabra de Dios (no necesariamente la Escritura) que mejor lo impulse en determinados fieles es la mejor para ellos y la que más debe ser sostenida.

En nuestro pueblo, en la inmensa mayoría de él, las formas más adoptadas, como ya se ha dicho antes, son la predicación de la Iglesia y las imágenes. La lectura directa de los

N del e: El papa Clemente XI con la bula Unigenitus en 1713 condenó 101 proposiciones del

por su lectura. Esto determina una modalidad muy importante en el uso de los libros sagrados. En ellos “el Padre que está en el cielo, sale amorosamente al encuentro de sus hijos para conversar con ellos” (DV 21); y la Iglesia, Esposa y Madre, procura comprender más profundamente la Escritura para alimentar constantemente a sus hijos con la palabra de Dios (DV 23); de donde se sigue que:

  

La Sagrada Escritura es necesaria para la Iglesia pues es una norma suprema de su fe, y es el medio para alimentar y regir toda la religión cristiana (DV 21). Ha de ser el alma de la teología y alimentar y hacer fructificar el ministerio de la palabra (DV 24).

La lectura no es absolutamente necesaria para los simples fieles, como consta por la condenación de las proposiciones de Quesnel13 y del Sínodo de Pistoya14, pues ellos han de recibir la doctrina de la Escritura a través de la predicación de la Iglesia y de las imágenes, las que forman parte también de la Palabra de Dios.

 jansenista Quesnel. Algunas de las afirmaciones condenadas son: Dz 1429: “Útil y necesario es en

todo tiempo, en todo lugar y a todo género de personas estudiar y conocer el espíritu, la piedad y los

misterios de la Sagrada Escritura.” Dz 1430: “La lectura de la Sagrada Escritura es para todos.” Dz

1431: “La oscuridad santa de la palabra de Dios no es para los laicos razón de dispensarse de su

lectura.” Dz 1432: “El día del Señor debe ser santificado por los cristianos con piadosas lecturas y, sobre

todo, de las Sagradas Escrituras. Es cosa dañosa querer retraer a los cristianos de esta lectura.” Dz

1435: “Prohibir a los cristianos la lectura de la Sagrada Escritura, particularmente del Evangelio, es

prohibir el uso de la luz a los hijos de la luz y hacer que sufran una especie de excomunión.”

14

N del e: Pío VI en 1794 condena las ideas de este sínodo por ser jansenistas. En la Constitución Auctorem Fidei dice: “La doctrina de que sólo la verdadera imposibilidad excusa de la lectura de las Sagradas Escrituras ... es falsa, temeraria, perturbadora de la tranquilidad de las almas y ya condenada en Quesnel [v. 1429 ss].” (Dz 1567)

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libros sagrados es por ahora ajena a la cultura popular. Por tanto se debe perseverar e insistir con aquéllas.

Intentos de uso “popular” de la Escritura

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30

Entre nuestros cristianos se ha hecho un serio esfuerzo, que incluye traducciones y ediciones de la Sagrada Escritura, para lograr una lectura directa de los libros sagrados.

Se ha alcanzado éxito en los textos sagrados de la liturgia. También se aplican métodos “populares”, entre los cuales se destacan los propios de las comunidades eclesiales de base (CEBs).

Estos no buscan una explicación histórica o exegética de los textos, ni una interpretación literal de ellos, más bien miran la Escritura como un “espejo”, un modelo, que narra aspectos de la historia de salvación de los hombres dirigida y realizada por Dios, historia de salvación que se desenvuelve a través del tiempo y que debe repetirse hoy en día. La historia de cada pueblo tiene que convertirse en una nueva “historia de salvación”. Los hechos narrados en la Biblia deben ser relacionados con los hechos presentes y así comprender nuestros acontecimientos a la luz de los designios de Dios. De este modo la Sagrada Escritura lleva a interpretar la propia vida vivida en la situación real en que se halla y a descubrir la presencia o ausencia de Dios en ellas, buscando la transformación personal y social. La lectura de la Biblia se convierte en una re-lectura que re-crea y hace vivo el texto en nuestra historia presente.

De ahí derivan en mayor o menor grado diversas consecuencias de las que destacamos dos o tres:

31

Libres de ciertas exageraciones que parecen provenir fontalmente de identificar la salvación buscada por Dios con la liberación terrenal que sería anticipación temporal de la salvación escatológica, estos métodos han contribuido ampliamente:

 a la organización eclesial de los pobres,

 

La comunidad de base toma conciencia de ser “pueblo de Dios” al que se dirige el mensaje de salvación, y asimismo de su misión dentro del mundo, por lo que siente que conforma verdaderamente una Iglesia viva al nivel de los pobres, y más aún se percibe a veces como un nuevo modelo de Iglesia para la nueva sociedad que va surgiendo.

No es ya una Iglesia para los pobres, sino de los pobres,

Forma una conciencia crítica de la realidad social, lleva a la confrontación con ella y al compromiso personal de sus miembros en la transformación social que suele expresarse como liberación.

 y a la formación permanente de la fe y la caridad de muchos grupos populares. 62


Límites de estos métodos

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Estos métodos son populares evidentemente en cuanto se adaptan bien a numerosos grupos del pueblo. ¿La acción de la pastoral popular debe pasar por allí?

Son útiles y conviene que se difundan cada vez más, además ayudan a la cristianización del pueblo. Pero no parece que mediante ellos se pueda desarrollar el cristianismo de todo el pueblo.

34 b)

35

15

a)

Esto obedecería a varias causas:

Si se reconoce que la Palabra de Dios es Jesucristo el Verbo hecho carne y que todo lo otro, que también es palabra de Dios, tiene por función darlo a conocer, es evidente que nuestro pueblo accede al conocimiento y amor de Jesús principalmente por la predicación y testimonio de la Iglesia y por la Imagen más que por la lectura directa de los libros sagrados. Y no hay, ni de lejos, signos probables y confiables de que ese proceso vaya a revertirse (cfr. también 36, 37).

Porque el movimiento fundado en la Escritura de las CEBs, y el movimiento de nuestro pueblo cristiano -a pesar de cierta apariencia (nacida del sujeto) que los acercaría- son profundamente divergentes:

 

En las CEBs se parte de la Escritura para comprender e interpretar la vida personal y social; diríamos que Dios por la Escritura impulsa y ayuda a ubicarse correctamente en la vida;

En el pueblo lo importante es vivir, y vivir en este mundo, pero porque la vida es de Dios y Dios puso al hombre aquí, viviendo se lo halla a Dios en la vida; este modo se acerca más al que Von Rad atribuye a la sabiduría de Israel;15

En las CEBs el movimiento es de Dios a la vida, en el pueblo es de la vida a Dios. Esto no es fácil de entender para nosotros los “cultos” pero es de fundamental importancia.

A veces se intenta conjugar ambos movimientos: para un grupo más selecto, una especie de “avanzadilla” o vanguardia, se reserva la forma del primero, para el grueso del pueblo se adapta la del segundo con añadidos de religiosidad popular. Esto no es más que una componenda que se hace necesaria dada la masividad de la postura popular.

 N. del e: Este tema había sido ampliamente tratado por el padre Tello en el apunte del que hemos extractado el presente folleto. Para ello sigue el libro de VON RAD Sabiduría en Israel (Ed. Cristiandad Madrid 1985).

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36 c) 37 d)

Otra causa sería que pretendiendo realizar la obra evangelizadora exclusivamente desde una comunidad eclesial se desconoce al pueblo temporal como sujeto activo de la evangelización.

Otra causa se refiere a la cultura como modo de internalización y de exteriorización o expresión de una verdad: el método bíblico de la CEBs implica un cambio en ella, que parece que puede darse sólo en grupos particulares, no en todos; el problema de nuestro pueblo cristiano es otro: practicar y crecer en su cristianismo desde su cultura y estilo de vida propio.

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 Apéndice

El cristianismo popular desde la perspectiva de la cultura popular tiene muchísimas facetas, muchas ya estudiadas desde métodos descriptivos, otras referidas a las virtudes que veremos después, y tiene también algunas que le son características de modo general, esto es que afectan a todo el cristianismo popular; ellas son muchas pero aquí nos referimos a cuatro de ellas: el modo sacramental, las imágenes, la fiesta y la devoción popular.

Sacramentalidad

Es característico de nuestro hombre penetrar en lo divino por un camino como sacramental de un modo similar, aunque lejano, a como Cristo hecho hombre, por su humanidad visible muestra a Dios invisible, es decir que en lo sensible se conoce al creador, (esta no es propiamente vía sacramental sino cuando lo percibido pertenece a la “intimidad” de Dios, al “misterio”).

Si lo conocido pertenece al “misterio” sólo es cognoscible por revelación del mismo Dios, por eso este conocimiento como sacramental necesariamente requiere el don infuso de la fe, aunque respecto al objeto (“material”) baste un conocimiento sólo general, global, de los principios revelados; intercediendo así la fe, el sujeto conoce algo de la vida de Dios en lo que le aparece como un signo (el signo es una cosa que lleva al conocimiento de otra cosa). El signo aquí es un hecho sensible que de algún modo “toca” o se refiere al que lo percibe, quien por él -mejor tal vez sería decir en él- conoce algo del misterio de Dios que generalmente es entendido en algún aspecto soteriológico, de salvación (también el castigo o el mal enviado por Dios tiene ese sentido).

Se ve así cómo es de distinto el conocimiento racional, discursivo, en el cual se van deduciendo o hilvanando múltiples proposiciones, sobre todo cuando se busca organizarlas en un sistema (como se suele procurar en la teología o la catequesis) del conocimiento como sacramental, en el cual a través de signos, generalmente no conexos de modo sistemático, se obtiene el conocimiento de realidades invisibles. Nuestro pueblo cristiano se mueve mucho más por los signos que por la doctrina, y eso habría que tenerlo bien en cuenta en la pastoral, aunque resulta difícil porque sacerdotes, religiosos y laicos formados saben moverse en la doctrina y no prestan casi atención a los signos.

El signo “toca” al que lo percibe de distintas maneras: o porque es cristiano, y así lo referente al cuerpo de Cristo o a la Iglesia le es signo, de esta manera la capilla, el “padre” o la “hermanita” son signos de la presencia, “cercanía” de Dios; porque es miembro de un pueblo que recibe el signo, así el milagro de Luján, del Valle o de Caacupé; o miembros de una

    N del e: A modo de apéndice transcribimos aquí un fragmento de un apunte entregado por el p. Tello en 1988 donde trata el tema de la Imagen y la Palabra.

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familia que venera tal imagen; o persona individual que tuvo tal experiencia sobrenatural16, o tal bien natural (porque por la fe cree en la experiencia, el poder y el amor de Dios, y cree además en el interés de Dios por el hombre viviente en esta vida, fácilmente los bienes naturales, pan, trabajo, salud, etc. se convierten en signo)17.

Esto lleva a otra cuestión: parece que una persona puede ser signo para otra u otras, así la mujer para el marido o los hijos, ¿de un modo similar podrían serlo algunos a quienes el pueblo reconozca como grandes benefactores, representantes o caudillos?

Y se plantea así también la cuestión de los grandes hechos históricos. Para el pueblo hebreo las maravillas obradas por Dios en su favor son signos en el sentido que le damos aquí, ¿y para nuestro pueblo cristiano? Esos grandes acontecimientos no los ve como propios, y en ese sentido no serían signos. En cambio sí siente como propios los grandes acontecimientos de la vida de Jesús, y así su nacimiento, el hecho de ser hijo de la Virgen María, la muerte, etc., son para nuestro pueblo signos, grandes signos, que lo llevan al conocimiento de Dios.

Significación de los sacramentos

Conexo con esto se plantea la delicada cuestión de la significación de los sacramentos de la Iglesia, los siete, y esencialmente, respecto a nuestro pueblo cristiano, la del bautismo. En los signos iniciales de nuestra evangelización originaria se planteó fuertemente, sobre todo contra los reformadores protestantes, la cuestión del modo de obrar de los sacramentos. Y se la

Corresponde a una “motivación inspirada por Dios” que “manifiesta un sentido de misterio”. “La pesquisa sugiere que una mayoría de la población, si interrogada, admitirá que ha tenido algún tipo de experiencia religiosa o espiritual, y dirá que ésta ha cambiado su vida hacia una determinada dirección, y añadirá que jamás han hablado con nadie de esta experiencia” (Sectas o nuevos movimientos religiosos, Secretariado para la Unidad de los cristianos,2.1.6).

Parecería que a nivel popular es muy frecuente alguna experiencia religiosa de peso frente a la imagen; tal vez sea paradigmático el caso de Santa Rosa de Lima, Patrona de América, cuando ella misma explica como le “hablaban” las imágenes: “No me hablan con sonido, ni en ningún idioma, sino que adentro mío me dan a entender todo lo que quieren decirme. También con la luz que me muestran su rostro. En la postura de los labios del Hijo y de su Madre, en sus ojos, en sus mejillas, leo como en un libro abierto la respuesta de todo lo que pido”.

En esta condición “sacramental” de su conocimiento parece basarse otro aspecto característico del pueblo: la inclinación a querer lograr y experimentar una intervención particular de Dios. Esa tendencia se manifiesta en múltiples formas: el curanderismo, la magia, especialmente la “blanca” basada sobre todo en el uso de sacramentales, algunas modalidades del espiritismo, etc.

También se manifiesta en formas más directamente religiosas, aparente o

verdaderamente tales. Por ejemplo en algunas sectas evangélicas que llaman a experimentar el “poder

de Dios”, un “milagro de Dios”, una “bendición de Dios” o el “poder transformador de Jesús” (muchas

sectas suelen basar su propaganda más en este tipo de cosas que en la lectura de Biblia).Y también lo

hace en el carismatismo católico.

17

En el cristianismo popular no se suele separar el orden natural del sobrenatural, los bienes de la creación de los bienes de la redención. Aquí tal vez se funde la actividad de pobreza y de libertad frente a los bienes naturales, por otra parte tan necesarios para la vida en esta tierra.

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  16

   

defendió, aún dogmáticamente, sobre todo por el Concilio de Trento, afirmando que el sacramento obra por el mismo hecho de ponerlo, ex opere operato (Sesión VII, 3-III-1547 c.8; Dz 851), y apoyada en esa doctrina (pero pensamos que no causada por ella) se difundió la práctica del bautismo masivo; en los últimos tiempos se produce una reacción que valoriza los aspectos de conciencia y compromiso de cada persona, de cada individuo, y la pastoral de la Iglesia comprende la conveniencia de asumirla poniendo así más los acentos en el conocimiento y disposición del que quiere bautizarse o bautizar a sus hijos, lo que da lugar (por lo menos entre nosotros) a una lamentable confusión racional pastoral (no directamente doctrinal): se adopta decididamente la última postura pero viéndola en contraposición a la del ex opere operato que con frecuencia es calificada de “ritualista” o “mágica”. Y esto no es así (ella es verdadera y dogmática, y tenida tradicionalmente por la Iglesia y nunca se opuso ni se opone a la necesidad de la disposición en el sujeto). La verdadera oposición está en otra parte y al desconocerla se abre la puerta a graves consecuencias: el sacramento causa significando (y esto es perfectamente compatible con la afirmación de lo que hace ex opere operato). ¿Pero cómo se capta la operación? Allí está la confusión. Una posición más racionalista e “ilustrada” opina que “conociendo” (entendido de modo más discursivo y lógico, con lógica utens) y por tanto para bautizar por ejemplo hay que enseñar doctrinalmente con modo discursivo y lógico lo que es el bautismo, ignorando así que existen otros modos de saber -y a veces mucho más vitalmente- lo que es el bautismo y lo que significa; a estos modos pertenece el camino más usado por nuestro pueblo que llamamos como sacramental y que hemos intentado expresar: un hecho sensible (el rito bautismal) captado como un “signo” de que Dios lo toma para Sí uniéndolo a su hijo Jesucristo, convencido (cfr. Hb 11,1) por la fe de que esto es así.

La Imagen

Este modo de conocimiento como sacramental se realiza en el culto a las imágenes de Cristo, la Virgen y los santos. El pueblo que se formó por la primera evangelización privilegió fuertemente a la imagen; y esto perdura en nuestros días.

La palabra del Magisterio

Esta posición es católica y es substancialmente correcta en nuestro medio. El II Concilio de Nicea (787), VII ecuménico contra los iconoclastas, dice: “...siguiendo la enseñanza divinamente inspirada... y la tradición de la Iglesia católica... definimos con toda exactitud y cuidado que de modo semejante a la imagen de la preciosa y vivificante cruz han de exponerse las sagradas y santas imágenes, tanto las pintadas como las de mosaico y de otra materia conveniente, en las santas iglesias de Dios, en los sagrados vasos y ornamentos, en las paredes y cuadros, en las casas y caminos, las de nuestro Señor y Dios y Salvador Jesucristo, de la Inmaculada Señora nuestra la santa Madre de Dios, de los preciosos ángeles y de todos los varones santos y venerables. Porque cuanto con más frecuencia son

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contemplados por medio de su representación en la imagen, tanto más se mueven los que éstas miran al recuerdo y deseo de los originales y a tributarles el saludo y adoración de honor,...

...se las honre con la ofrenda de incienso y de luces, como fue piadosa costumbre de los antiguos. ‘Porque el honor de la imagen, se dirige al original’, y el que adora una imagen, adora a la persona en ella representada”. (Dz 302 subrayado nuestro)

“Así, pues, quienes se atrevan a pensar o enseñar de otra manera;... o rechazar alguna de las cosas consagradas a la Iglesia: el Evangelio, o la figura de la cruz, o la pintura de una imagen, o una santa reliquia de un mártir;... si son obispos o clérigos, ordenamos que sean depuestos; si monjes o laicos, que sean separados de la comunión”. (Dz 304)

“Nosotros recibimos las sagradas imágenes; nosotros sometemos al anatema a los que no piensan así...” (Dz 306)

Y el IV Concilio de Constantinopla (869), VIII ecuménico contra Focio, dice en el c.3: “Decretamos que la sagrada imagen de nuestro Señor Jesucristo, Liberador y Salvador de todos, sea adorada con honor igual al del libro de los Sagrados Evangelios. Porque así como por el sentido de las sílabas que en el libro se ponen, todos conseguiremos la salvación; así por la operación de los colores de la imagen, sabios e ignorantes, todos percibirán la utilidad de lo que está delante, pues lo que predica y recomienda el lenguaje con sus sílabas, eso mismo predica y recomienda la obra que consta de colores; y es digno que, según la conveniencia de la razón y la antiquísima tradición, puesto que el honor se refiere a los originales mismos, también derivadamente se honren y adoren las imágenes mismas, del mismo modo que el sagrado libro de los santos Evangelios, y la figura de la preciosa cruz. Si alguno, pues, no adora la imagen de Cristo Salvador, no vea su forma cuando venga a ser glorificado en la gloria paterna y a glorificar a sus santos [2 Thess. 1, 10], sino sea ajeno a su comunión y claridad. Igualmente la imagen de la Inmaculada Madre suya, engendradora de Dios, María. Además, pintamos las imágenes de los santos ángeles, tal como por palabras los representa la divina Escritura; y honramos y adoramos las de los Apóstoles, dignos de toda alabanza, de los profetas, de los mártires y santos varones y de todos los santos. Y los que así no sienten, sean anatema del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. (Dz 337 subrayado nuestro)

Y así mismo detectan que deben tenerse, conservarse y venerarse las imágenes del Concilio de Trento: “Igualmente, que deben tenerse y conservarse, señaladamente en los templos, las imágenes de Cristo, de la Virgen Madre de Dios y de los otros Santos y tributárseles el debido honor y veneración, no porque se crea hay en ellas alguna divinidad o virtud, por la que haya de dárseles culto, o que haya de pedírseles algo a ellas, o que haya de ponerse la confianza en las imágenes, como antiguamente hacían los gentiles, que colocaban su esperanza en los ídolos [cf. Ps. 184, 15 ss]; sino porque el honor que se les tributa, se refiere a los originales que ellas representan; de manera que por medio de las imágenes que besamos y ante las cuales descubrimos nuestra cabeza y nos prosternamos, adoramos a Cristo y veneramos a los Santos, cuya semejanza ostentan aquéllas. Cosa que fue sancionada por los

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decretos de los Concilios, y particularmente por los del segundo Concilio Niceno, contra los opugnadores de las imágenes [v. 302ss]”. (Dz 986 subrayado nuestro)

También Benedicto XIV (Dz 146618), y Pío VI (Dz 157019) defiende el “culto especial que los fieles suelen especialmente tributar a alguna imagen y acudir a ella más bien que a otra”.

Explicación teológica

En el pueblo se privilegia más la imagen que la palabra. Ciertas explicaciones teológicas aportan también elementos que ayudan a comprender mejor esta posición popular.

 

La Palabra se hizo carne. Y pudo ser vista y palpada. Y en y por la carne realiza la redención. Y se ofrece así al conocimiento de los hombres.

A ello añade que la humanidad, la carne, también el corazón de Jesús, deben ser adorados con la misma adoración que la divinidad, pues ella lo asumió (cfr. Concilio de Éfeso c.8, Dz 120; Concilio II de Constantinopla c.9, Dz 221; Pío VI Dz 1561, 1563), y así se acrecienta el conocimiento y glorificación de Dios; de modo analógico y proporcional se puede sostener que la imagen material, la materia misma en cuanto representativa debe ser adorada (como por ej. la cruz) o venerada, aunque de modo relativo; y con esto se acrecienta el culto al Señor, a la Virgen o a los santos y el provecho de los fieles.

La salvación y redención se da sólo en Cristo y para Cristo y por Cristo. El hombre participa en ella, se configura a Cristo y se entrega a Cristo, por la fe que opera por la caridad y no formalmente por las palabras. Toda la cuestión por tanto se centra en la relación entre la fe viva y la Palabra.

Respecto de la relación podemos decir:

 

 o

La Palabra (Tradición y Escritura) es fundamento necesario de la existencia y desarrollo de la fe. A nivel de Iglesia esa relación debe ser explícita. A nivel de una persona individual la relación puede ser mediata o implícita, y la fe nacer y crecer por todos los medios más inmediatos, por ejemplo la predicación y la oración, entre los cuales puede tener lugar preponderante la imagen, sin que sea absolutamente necesaria la lectura personal de la Escritura; la tesis que afirma “que sólo la verdadera imposibilidad excusa de la lectura de las Sagradas Escrituras y de que por sí mismo se delata el oscurecimiento de que el descuido

    19

Dz 1466: “...las imágenes de Cristo y de la Virgen madre de Dios, juntamente con las de los

18

otros santos, deben tenerse y conservarse y se les debe tributar el debido honor y veneración.”

Dz 1570: “Igualmente la doctrina y prescripción que reprueba de modo general todo culto especial que los fieles suelen especialmente tributar a alguna imagen y acudir a ella más bien que a otra, es temeraria, perniciosa e injuriosa no sólo a la costumbre frecuentada en la Iglesia, sino también a aquel orden de la providencia por el que Dios quiso que fuese así, y no que en todas las capillas de los Santos se cumplieran estas cosas, pues divide sus propios dones a cada uno como quiere (de SAN AGUST., Epist. 78 al Clero, ancianos y a todo el pueblo de la Iglesia de Hipona).”

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 o

de este precepto ha caído sobre las verdades primarias de la religión” es censurada y excluida por Pío VI al tratar de los errores del Sínodo de Pistoya (Dz 156720), que hace asimismo referencia a la condenación de Quesnel: “la lectura de la Sagrada Escritura es para todos”; “útil y necesario es en todo tiempo, en todo lugar y a todo género de personas estudiar, conocer, el espíritu, la piedad y los misterios de la Sagrada Escritura” (Dz 1429; 1431-143521).

Por otra parte es cierto que la invención y difusión de la imprenta así como el crecimiento del alfabetismo, unidos a un proceso histórico de desarrollo de la autodecisión personal individual, hacen cada vez más conveniente y útil para todos los fieles la lectura de la Sagrada Escritura y respecto a ello el Concilio Vaticano II da claras enseñanzas (cfr. DV 22 y 25). Pero pastoralmente hay que tener presente que el uso de la Biblia se ha de ordenar principalmente al nacimiento, confirmación o crecimiento de la fe, y por tanto que ésta es su principal medida.

Si concentramos la consideración en la Palabra de Dios, debemos notar que esta es:

1. La Palabra substancial creída, el Verbo de Dios hecho carne, y no sólo por sus palabras, sino también por los hechos, signos y milagros, por la vida y “misterios”,

especialmente por el de su muerte y resurrección.

2. La Palabra que anuncia y da a conocer el Verbo, la cual es la Palabra de los profetas y

apóstoles transmitida por tradición (oralmente o por instituciones) o por escrito (Biblia); y también la palabra viva de los predicadores que a través de los signos anuncian a Cristo.

La imagen puede ser diferenciada y de algún modo contrapuesta (hay que tener en

cuenta que el culto de la imágenes es probablemente una institución tradicional) a la palabra tomada en el segundo sentido y en sus diversas formas, pero no se le debe contraponer a la Palabra tomada en su primer sentido, al contrario para muchos puede ser un modo de penetrar más hondamente en ella.

 20 21

Cfr. nota 14. Cfr. nota 13.

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 Índice

Introducción: Medios que tiene la Iglesia para evangelizar ..................................................55 El uso de estos medios depende de la cultura ......................................................................... 55 La Palabra de Dios ................................................................................................................56 Jesucristo es la Palabra de Dios encarnada ............................................................................. 56 La Palabra transforma al hombre ............................................................................................ 56 La predicación de la Iglesia y la Imagen: dos medios privilegiados de adherir a la Palabra 58 La predicación de la Iglesia .................................................................................................... 58 La Imagen ............................................................................................................................... 59 La Palabra de Dios y la Sagrada Escritura ............................................................................60 Intentos de uso “popular” de la Escritura................................................................................ 62 Límites de estos métodos ........................................................................................................ 63 Apéndice ...................................................................................................................................65

Sacramentalidad ....................................................................................................................65 Significación de los sacramentos ............................................................................................ 66 La Imagen..............................................................................................................................67 La palabra del Magisterio ....................................................................................................... 67 Explicación teológica.............................................................................................................. 69 Índice ........................................................................................................................................71

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EL CRISTIANISMO POPULAR SEGÚN LAS VIRTUDES TEOLOGALES

LA FE

P. Rafael Tello

 Fascículo Extraordinario n° 2


    1.

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3.

4.

5.

El cristianismo popular. Según las virtudes teologales: La FE  Virtudes teologales y vida

cristiana

El cristianismo se expresa por las virtudes. Las teologales constituyen la esencia misma de la vida cristiana. Las otras, llamadas morales, son instrumento de las teologales para conformar toda la vida cristiana.

Las virtudes teologales son la fe, la esperanza y la caridad. Cada una de ellas es una, pero como son complejas en su obrar, como es complejo el hombre mismo, en su unidad contienen una diversidad que diversifica también la vida cristiana.

La diversidad proviene ya de los diversos motivos que las mueven a actuar, ya de los diversos aspectos que se incluyen en su accionar, ya de los objetos secundarios a que se extiende el acto.

Los actos de éstas por un lado son gracia, don gratuito de Dios, por otro son actos humanos, del hombre que libremente los ejercita, y por tanto afectados por la cultura que posee ese mismo hombre; por otra parte las virtudes teologales y sus actos son principio de otras virtudes y actos que llamamos morales.

De allí una triple consideración: la fuerza salvífica de las virtudes teologales que proviene de Dios; el modo humano proveniente de la cultura que toma el ejercicio de esas virtudes; el organismo moral resultante de ellas.

Respecto a las virtudes teologales en general que son la substancia de la vida cristiana popular:

- son dadas, infundidas por Dios;

- ejercidas por la iniciativa humana que obra condicionada por la cultura popular,

son indirectamente impregnadas por ésta y así coloreadas miden, regulan e

informan todo el organismo de las virtudes morales.

Esto es de las fuerzas operativas morales del hombre, determinando -según el objeto

propio de cada virtud- qué, cómo y en qué medida algo es bueno o malo, es decir es un modo de actuar conveniente o inconveniente para ese hombre concreto.

  Apunte entregado por el p. Tello durante 1996. Sobre esta fuente se llevó a cabo el primer trabajo de investigación académica de Rafael Tello: Cf. E. C. BIANCHI, Pobres en este mundo, ricos en la fe (Sant 2,5). La fe vivida en el cristianismo popular latinoamericano en la obra ‘El cristianismo popular según las virtudes teologales’ de Rafael Tello, Disertación para obtener la Licenciatura en Teología, Director Víctor Fernández, Facultad de Teología, Universidad Católica Argentina, Buenos Aires, 2011. Publicado posteriormente como: E. C. BIANCHI, Pobres en este mundo, ricos en la fe. La fe de los pobres de América Latina según Rafael Tello, Ágape, Buenos Aires, 2012.

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Las virtudes teologales y el pecado

Las virtudes teologales de las cuales depende todo el organismo moral del cristianismo por lo que son el principio de la vida cristiana, pueden ser miradas también en relación al pecado que contradice esa vida:

El cristianismo en su forma propia y acabada queda constituido por la caridad infusa, pero su principio es la fe en Cristo, de allí que se puede decir con verdad que el que cree en Cristo -aún más si está visiblemente incorporado a la Iglesia por el bautismo- es cristiano, aunque por estar en pecado grave no tenga la caridad, es decir, el cristianismo vivo (cf. Dz 838).

Esto abre la puerta a una diferencia de perspectivas:

- si se considera el cristianismo sólo desde su principio, la fe en Cristo, él no es

afectado por los pecados que no corrompen esa fe,

- pero si se lo considera desde su forma propia, que es la principal en él, a saber la

caridad infusa, entonces los actos y vicios graves, producen una alteración y una gran diversidad de las vidas humanas que son cristianas sólo según su principio.

Pero este es un punto de vista menos común.

El cristianismo se suele definir por su principio -la fe en Cristo- y desde este punto de vista por muchos y graves que sean los actos malos y vicios no hay derecho a negar el cristianismo de cualquiera que profesa la fe en Cristo.

[Ni tampoco hay que dudar de la misericordia de Dios y menos cuando el pecador tiene sincera confianza en la Santísima Virgen María, como ocurre en nuestro pueblo.]

Dios llama al hombre a vivir con Él en la vida eterna, y en ésta -no en la vida temporal- se halla su fin último y definitivo; a Él, a la vida en la eternidad, se ordenan las virtudes teologales.

Pero el entrar en posesión de la vida eterna depende de que en el momento de la muerte el hombre tenga la gracia santificante, la caridad y las otras virtudes que la caridad supone. Es lo que suele llamar gracia final.

Aunque se hubiere vivido en gracia toda la vida si falta dicha perseverancia, no se logra el fin, aquello a lo cual Dios llama.

Esa perseverancia no se puede merecer (de condigno, en recta justicia), depende pues únicamente de la misericordia y la complacencia divina.

Sí se puede “merecer” de modo impropio, por una cierta conveniencia de congruo, merecimiento que nace principalmente (pero no exclusivamente) de una vida “justa” (podrían nacer de la esperanza, de la oración -y el deseo puede ser oración- o de ciertas obras, a alguna de las cuales el Señor ha adjuntado una promesa de retribución, cf. por ej. Mt.10,37; 25,31ss.).

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Así, Dios, que llama a la Vida Eterna, puede conducir hacia ella por dos caminos: uno que podríamos llamar de “justicia” en el cual la caridad se guarda a través de los actos de la vida, otro de pura misericordia en que la perseverancia final se obtiene por un puro don gratuito de Dios preparado tal vez por ciertas obras, pero en el cual por causa del pecado no se ha guardado la caridad.

La Iglesia en su acción pastoral impulsa al pueblo a una mayor unión con Dios, la que se realiza por las virtudes teologales y directa e inmediatamente por la caridad que une a Dios con amor de amistad, pero aunque esta no existiera en la persona, las otras dos virtudes restantes:

a) realizan una cierta unión con Dios;

b) contienen de algún modo la acción del Espíritu Santo;

c) pueden tener mayor intensidad que en otro que tenga caridad.

Así, la fe, todo acto de fe, aún sin caridad, contiene inicialmente un movimiento hacia Dios (credere in Deum) y por tal hecho el mismo movimiento lleva a creerle (credere Deo) y a creerlo (credere Deum), y el mismo movimiento lleva a esperar el bien de Dios en quien se ha creído (lo que supone amarlo a Dios como un bien para nosotros, es decir, con un amor imperfecto (S.T. 2-2, q.17, a.8)).

Además, la fe y la esperanza disponen a la infusión de la caridad (S.T. 2-2, q.24, a.2, ad 3). Pero no sólo así la fe y la esperanza informes ponen en relación con Dios, también engendran el temor de Dios -temor servil que es bueno- (S.T. 2-2, q.7, a.l) y la confianza.

“Por eso la fe aún cuando ‘no obre por caridad’ es en sí misma un don de Dios y su acto es obra que pertenece a la salvación” (Conc.Vat.I, s.III, c.3, Dz 1791); tanto ella como la esperanza (y también el temor -S.T. 2-2, q.19, a.9-) proceden del Espíritu Santo (aunque no son enumerados entre los dones estrictamente tales son dones en sentido general).

La fe y la esperanza teologal exceden las fuerzas naturales, por eso de suyo y necesariamente dependen de la acción de Dios que es atribuida al Espíritu Santo, pero puede ocurrir también que las dificultades exteriores -la pobreza y los sufrimientos- sean tales, tantos o tan continuos que excedan el modo humano ordinario, y en ese caso se requiere asimismo la ayuda de los dones del Espíritu Santo para poder guardarlas.

El movimiento se perfecciona por el acceso al término al cual se dirige, pero otras características, por ejemplo la intensidad, dimanan del sujeto que lo realiza.

El movimiento de la fe y la esperanza hacia Dios (que procede de este aspecto, atribuido a la acción del Espíritu Santo, llamado credere in Deum) se perfecciona por la caridad -amor de amistad- que une a Dios, pero en cuanto a su intensidad depende del sujeto, el hombre que lo realiza.

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21.

Por eso la tendencia hacia Dios puede ser más intensa (aunque sea más imperfecta) en un hombre que está en pecado grave que en otro que este en gracia santificante [lo mismo proporcionalmente hay que decir del temor y la confianza].

El pecado se opone a la vida cristiana, esto es a las virtudes teologales y en especial a la caridad. Pero se trata del pecado grave y mortal, es decir el pecado formal, voluntario, consciente y deliberado que es siempre personal.

Sin embargo, al mirar el pecado en el hombre de pueblo hay que evitar juzgar inconsideradamente de él pues:

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Esto es importante entenderlo. Y vale tanto en el orden evangélico en el cual el primer principio es “la fe que obra por la caridad” (y ya una como otra tienen una primera enunciación generalísima donde se incluye implícitamente todo el resto. En la fe: la formulación de Hb 11,6 -cf. S.T. 2-2, q.1 a.722-; en la caridad: el mandamiento doble del amor a Dios y al prójimo), como vale en el orden natural (cf. por ej. S.T. 1-2, q.94 a.2).

Y es tal vez lo más frecuente, que el hombre del pueblo se guíe sólo por los principios generales e ignore o no atienda a las “consecuencias”, sobre todo a las remotas o mediatas (que a menudo sólo puede ser captadas por los “doctos”).

Mucho menos conoce las “positivas” o se considera alcanzado por ellas (hay que recordar que estructural o por lo menos culturalmente, el hombre del pueblo se sabe ajeno a la sociedad establecida). Por eso comúnmente no hay que juzgar de sus acciones según las determinaciones más particulares que norman la acción moral humana.

El pecado es siempre personal, pero el pueblo o nación es la gran “educadora” del hombre (LE 10) es decir, que el individuo forma su conciencia según el sistema de valores (la cultura) del pueblo.

- -

existen muchas causas excusantes,

el mal de cualquier acción depende de la prohibición de una ley, la cual debe ser conocida. Pero la ley, tanto en el orden de la fe como en el natural, es un principio general que contiene implícitamente otros principios y determinaciones más particulares que se derivan de ellos como conclusiones próximas o remotas, todo lo cual puede ser completado por decisiones positivas de la autoridad pública, y esas conclusiones fácilmente pueden no ser conocidas por el hombre de pueblo.

     22 S.T. 2-2, q.1 a.7: Solución. Hay que decir: Los artículos de la fe desempeñan en la enseñanza de la misma una función similar a la que en la enseñanza elaborada por la razón natural tienen los principios en sí evidentes de la razón. En estos principios hay un orden, de tal modo que unos están implícitamente contenidos en otros, y todos se reducen a éste como principio soberano: Es imposible afirmar y negar al mismo tiempo, como enseña el Filósofo en IV Metaphys.18. De manera similar, todos los artículos se hallan implícitamente contenidos en algunas realidades primeras que se han de creer; es decir, todo se reduce a creer que existe Dios y que tiene providencia de la salvación de los hombres. Así lo expresan las palabras del Apóstol: El que se acerca a Dios ha de creer que existe y que recompensa a los que le buscan (Heb 11,6)...

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Esto es lo que permite al Concilio enseñar que los nacidos y criados en Iglesia o comunidades separadas no pueden ser argüidos de pecados de separación (UR 3) o que desde la perspectiva de la responsabilidad personal pueden tomarse como admisibles diversas maneras de entender el Evangelio en su aspecto moral (ib. 23) y conclusión similar habría que aceptar respecto al judaísmo, al islamismo o las grandes religiones y aún respecto a las diversas culturas de la sociedad temporal.

Así pues al juzgar las acciones de las personas hay que tener en cuenta la cultura de la comunidad o pueblo en que actúan.

-También hay que considerar que la vida cristiana es afectada por el pecado cometido en el orden temporal, secular. Y de éste hay que juzgar según el orden o ley natural, no sólo según la ley humana positiva, pues si ésta se opone a aquella “no será ley sino corrupción de la ley” (S.T. 1-2, q.95, a.2).

Y nuestras leyes positivas que a menudo dirigen la actividad humana según un orden social “real” de cosas, son contra el orden o ley natural.

[Que el orden jurídico positivo nuestro en eso es contrario al orden natural es patente.

El bien es aquello a lo cual el hombre tiene inclinación natural, que es para mi un fin (primario). Tiene así inclinación al bien según la natura racional que le es propia, y por eso tiene natural inclinación a vivir en sociedad (S.T. 1-2, q.94, a.2).

Vivir en sociedad según su natura racional implica que la sociedad reconozca su dignidad humana y su libertad, es decir, que se estructure en un orden social personal, pero nuestra sociedad actual tiende a un orden “real”, de instituciones y de cosas, que por ellos es contrario a la ley y al derecho natural.]

Por eso la conducta del hombre del pueblo no debe ser juzgada según el orden jurídico positivo establecido en nuestras sociedades, al contrario, de suyo no está obligado a proceder según ellas y es laudable que actúe al margen de ellas, conformándose al orden natural, usando su libertad y razón.

Puede sí tener que plegarse a ellas (per accidens) para evitar un mal grave para sí, para los suyos o para la misma sociedad (como puede ser para ésta el peligro de destrucción del orden social- que no comúnmente se da- sin que se provea otro para reemplazarlo).

La FE

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  Fe y cultura

 28. La Iglesia es depositaria de la fe tal como ha sido revelada por Dios en Jesucristo. Pero la fe se apoya en un sujeto natural, es también un acto humano.

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Por ello en la fe, que es revelada y sobrenatural, habrá también un “modo humano” de vivir y practicar esa fe. Sin ese modo humano que puede ser muy variado, la fe no puede existir.

La fe no existe si no es en un sujeto determinado, que tiene su propia cultura.

La Iglesia Católica Latina vive y practica, su fe revelada con su propio modo humano cultural. Y esa misma fe revelada, la Iglesia oriental la vive con su propio modo humano cultural. También la Iglesia primitiva tuvo su propio modo humano, distinto del de la Iglesia actual.

El pueblo Latinoamericano recibió y tiene la fe revelada, verdadera pero asumida en su propio modo humano cultural.

[El pueblo acepta el bautismo creando una cultura popular, es decir un estilo de vida común, una conciencia común, y también una devoción, distintas de las de la Iglesia institución oficial. Dentro de ello la fe (predicada como primeramente ordenada a la salvación individual, pero tal vez practicada misionalmente con otro signo) es aceptada como un principio de organización social en esta vida, que se completa o perfecciona en la salvación eterna.]

Esa fe, que es la misma fe de la Iglesia, es la que el pueblo transmite al transmitir su cultura. Por eso, como lo señala el documento de Puebla: “el pueblo evangeliza al pueblo”, aunque respecto a los contenidos esenciales esa fe depende siempre de la Iglesia.

Pero, a partir de esto, hay que evitar dos actitudes extremas y nocivas:

Una pretender que el pueblo tiene su fe peculiar y puede prescindir de la Iglesia.

La otra: supone que el único modo valido de vivir la fe revelada es el propuesto en las

formas culturales propias de una Iglesia particular, sea Latina u Oriental, Europea o Latinoamericana. La Iglesia es una y Universal en cuanto a la fe transmitida por Cristo a los Apóstoles. Los modos humanos culturales de recibir y practicar esa fe son múltiples y variados.

Así vemos que en los ámbitos no populares, la formulación de la fe (a la cual ayuda mucho la teología y la catequesis) dota al hombre de un sistema racional para interpretar la vida, su sentido y construirla y dirigirla.

En cambio en el cristianismo popular la fe es la convicción de que Dios no es ajeno a la propia vida, toma parte en ella, y en las profundas experiencias que la llenan se lo halla a él.

El hombre recibe la vida de Dios, del hombre es y a él le corresponde vivirla, lo que muy comúnmente es difícil, a eso se ordena su esfuerzo, pero Dios ayuda.

A diferencia del “ilustrado”, que orienta su vida según un criterio teológico (natural fundado en la fe), el hombre de pueblo simplemente vive, intenta sobrevivir y confía en Dios, a quien encuentra en su misma vida.

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Presupuestos teológicos

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La FE es el principio y el fundamento de la vida cristiana, es una iluminación y atracción de Dios para que el hombre adhiera, responda con un sí a su Revelación.

[Conviene advertir, de paso, que al hablar de iluminación y atracción, no nos referimos a experiencias sensibles o que puedan percibirse en el ámbito de la conciencia. Se trata de señalar la causa sobrenatural, la acción de Dios que no podemos sentir, ni percibir: solo podemos y debemos creer.

Dios no puede ser objeto ni de nuestros sentidos, ni de nuestra razón; “para acercarse a Dios es necesario creer” Hb 11,6.]

Es un don gratuito y sobrenatural (no debido a la naturaleza del hombre) otorgado por Dios libremente “según la medida de la donación de Cristo” (Ef 4,7) y, por tanto, no sujeto a ninguna condición humana (Dios otorgó una fe plena a San Pablo sin que recibiera ninguna catequesis o preparación humana previa).

Con todo, de ley ordinaria, el don divino de la fe se sujeta muchas veces para su recepción, y casi siempre para su madurez, a la preparación catequística.

¿Y qué revela Dios? Muchas cosas, pero todas referidas a Sí mismo.

Revela que es Trino y que salva a los hombres en la vida eterna, por medio de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, Dios y hombre verdadero.

Todo ello implícito en la verdad general de que Dios “existe y recompensará a los que lo buscan” (Hb 11,6).

Toda revelación de Dios es Cristo y la hace en Cristo, y Cristo todo lo que revela, lo hace en primer lugar a Pedro y a los Apóstoles y, sólo por medio de ellos, a la Iglesia toda.

La Iglesia cree lo que fue revelado a los Apóstoles y nada más (si formula verdades nuevas es sólo porque estaban implícitas en lo ya revelado a los Apóstoles).

Esta es la razón por la cual el Obispo, aunque no sea el mayor teólogo (y en tantísimos casos ni siquiera teólogo profesional) como sucesor de los apóstoles es custodio de la fe a ellos confiada, por encima de los teólogos.

Hay así en la fe, primer principio salvífico permanente, una acción iluminante de Dios, cuya eficacia sobrenatural depende en sumo grado de Dios, de su gracia, de su favor; y una revelación de verdades jerarquizadas, es decir, contenidas articuladamente en unos primeros principios y hecha ante todo a Pedro y a los Apóstoles.

Por otra parte es cierto que estas verdades, como son acerca de Dios, verdad subsistente que constituye el fin al cual se dirige toda la vida del hombre, es sumamente valioso conocerlas explícitamente, cuanto más se conozcan mejor.

Por eso, la fe, también de suyo pero secundariamente (per se, secundo), puede decirse que crece y se mide por el grado de conocimiento explícito de lo revelado.

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El acto de fe

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El acto de fe tiene tres aspectos:

- adhesión a Dios (credere Deo);

- penetración de lo revelado (credere Deum);

- movimiento hacia Dios (credere in Deum).

Formalmente, el principal es el primero; finalmente, (como fin) lo es el tercero.

Nuestro pueblo privilegia ambos (credere Deo y credere in Deum) sobre el segundo (credere Deum), en cambio la cultura eclesial moderna da mayor importancia al segundo (se busca penetrar discursivamente en la Verdad Revelada, y expresarla), el cual es captado en escasa medida por el pueblo en razón misma del carácter de su cultura propia.

[Esto tiene fundamental importancia para determinar el modo de una adaptada catequesis de la fe].

En cuanto a los motivos humanos que coadyuvan al acto de fe, el “ilustrado” privilegia los apologéticos y racionales, el popular tiene más en cuenta el peso de la fe comunitaria transmitida sobre todo por tradición familiar, tiene que ver más con lo “social” y con lo afectivo.

El objeto primario de la fe es Dios, objeto secundario la criatura y en ella particularmente el hombre.

Respecto a los objetos secundarios el “ilustrado” se detiene más en la Iglesia y en el orden cristiano, el hombre de pueblo considera sobre todo al hombre mismo. Procura captar el misterio revelado por un camino como sacramental y la creatura y el hombre de un modo experimental partiendo de lo “fenoménico”.

La captación por vía intelectual (que es muy distinta de la captación por vía afectiva, la cual se refiere más al tercer aspecto) y la consiguiente formulación en proposiciones ha de abarcar por lo menos todo lo que es “necesario para la salvación” (S.T. 2-2, q.2 a.6 ad1); pero puede tener una gran amplitud:

- toda la Revelación, es decir la Sda. Escritura y la Tradición,

- el Credo, que es la síntesis de lo revelado,

- las verdades fundamentales que comprenden: la existencia de Dios, la Trinidad de

personas, la Encarnación, Muerte y Resurrección de Jesús, y se suele agregar la Iglesia como instrumento de salvación (cf. la suma de la fe católica, del III Concilio Limense). Dentro de este campo, con mayor o menor amplitud, se mueve el cristianismo popular.

  Credere Deo: Adhesión a Dios

48. Analizamos el acto de fe considerándolo en sus tres aspectos:

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49.

Primero en su objeto formal (credere Deo). Creer que Dios se ha revelado a sí mismo, es decir “creerle a Dios”. Este es el aspecto más importante del acto de fe.

La FE es respuesta de obediencia a Dios y su valor estriba, ante todo, en la intensidad y tenacidad de la adhesión a Dios revelante (objeto formal, es decir, razón por la que se cree, por ser Dios el que revela).

De él se deriva:

- Solamente Dios puede causar la fe. Creer es un don, un regalo de Él.

- La certeza y adhesión a lo que Dios revela da el grado y medida de la fe (y no

tanto la explicitación racional, catequética o teológica).

- Dios se revela, propone la fe, por medio de su Hijo encarnado. Que a su vez se la

revela en primer lugar a Pedro y los apóstoles, y por ellos a toda la Iglesia. Dios se revela a través de medios visibles adaptándose al modo humano. Adquieren por lo tanto gran importancia los medios que se usen para transmitir la fe.

Este aspecto de la fe, sólo requiere un conocimiento de las verdades reveladas más generales y universales, pues en ellas están implícitas todas las otras.

Todos los artículos (de la fe) implícitamente están contenidos en algunos primeros creíbles. A saber que se crea que Dios es y que tiene providencia acerca de la salvación de los hombres, según Hb 11,6.

En el ser de Dios se incluye todo lo que creemos existir eternamente en Dios, en lo que nuestra felicidad consiste. En la providencia de Dios se incluye todo lo que se dispensa por Dios en el tiempo para la salvación de los hombres, que es camino para la felicidad (S.T. 2-2, q.1 a.7).

La intensidad de la adhesión como tal, no aumenta necesariamente por el mayor conocimiento de la materia revelada, de allí que, de suyo y primariamente (per se, primo), tenga simplemente mayor o más valiosa fe el que adhiera mas firmemente a Dios, que el que de modo explícito sabe más acerca de las verdades reveladas.

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Credere Deum: Penetración de lo revelado

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Segundo, se puede considerar la fe en su objeto material (credere Deum).

Siempre es Dios y las cosas que tienen orden a Él, a través de las cuales el hombre es ayudado a tender a la fruición divina. Dios y las cosas en cuanto reveladas por el mismo Dios.

Este segundo aspecto de la fe es más propio de los mayores y en él se explica la fe de los menores (del pueblo).

La fe es principalmente de aquello que esperamos ver en la Patria, y por eso de suyo pertenecen a la fe aquellas cosas que directamente nos ordenan a la vida eterna (S.T. 2-2, q.l, a.6, ad 1).

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El objeto de la fe de suyo (per se) es aquello por lo cual el hombre es hecho feliz (beatus).

Per accidens o de modo secundario todo lo que en la S. Escritura se contiene (cf. 47).

En cuanto a lo primero está obligado el hombre a creer explícitamente, en cuanto a lo otro no está obligado a creer explícitamente, sino sólo implícitamente, o en la preparación del ánimo (S.T. 2-2, q.2, a.5).

Se ha de creer explícitamente lo que es “necesario para la salvación” (cf. S.T. 2-2, q.2, a.6, ad 1) y en lo referente a los misterios de Cristo “principalmente cuanto a aquellas que comúnmente en la Iglesia se solemnizan y se proponen públicamente” (S.T. 2-2, q.2, a.7)23.

El segundo aspecto es el que permite también organizar y enriquecer naturalmente el conocimiento de las verdades reveladas mediante un desarrollo racional más o menos metódico que ayuda a comprender, sistematizar, exponer y defender mejor esas verdades, y hacer más practicables o usuales los datos o enseñanzas aportadas por la fe.

Ese desarrollo racional no pertenece de suyo a la fe, pero sí se le añade. De ahí que se puede sostener que mediante ese desarrollo racional (catequesis y teología por ejemplo), la fe crece aunque sea por algo extrínseco a ella misma (per accidens).

Sobre el error añadido a la fe

58.

Puede suceder que en ese desarrollo racional, el hombre añada a la fe afirmaciones o negaciones erróneas sin culpa subjetiva (como en el caso de las iglesias separadas, o en la fe de los judíos o musulmanes y también con alguna frecuencia entre nosotros).

[Aquí conviene advertir que esto, aunque de diversos modos, sucede tanto en las clases medias y altas tocadas por el modernismo, como en el pueblo en la clase más baja, pues la superstición y el error no existen solo en éste como a veces parece estimarse.]

 23

En el folleto La Nueva Evangelización (1986) el p. Tello dice: ¿En qué medida es necesaria una explicación, es decir una explicitación? No en igual medida para todos. Los “mayores” que deben enseñar a otros están obligados a tener un conocimiento más pleno. Los “menores”, los simples (como es en general la gente de nuestro pueblo) no; tienen –y les basta– una fe implícita (en cuanto al objeto creído) en la fe de los mayores (en cuanto ellos en definitiva creen en la fe de Pedro y los apóstoles) y esa fe no adquiere acentos teológicos, aun enriquecedores (no es Molinista ni anti, no es rahneriana ni neo-escolástica, etc.) ni menos asume los errores de los “mayores”; por ejemplo si el Emperador o el Obispo son arrianos, ella permanece siempre infalible y libre de todo error, como enseña Santo Tomás.

La fe, pues, del pueblo simple es verdadera y hay que saber verla y aceptarla como implícita en la fe de los mayores y captar esa pirámide eclesial según la cual la fe de los “menores” se explica en los mayores. Porque así es esencialmente la Iglesia. Y, sin embargo, es cierto que esta fe no explicada, no desarrollada, no es ningún ideal. Es imperfecta, pero tiene valor salvífico, que es un bien máximo, y es don gratuito de Dios, que debe ser recibido, reconocido y agradecido.

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La fe y el consiguiente ordenamiento a la vida eterna, son destruidos no por cualquier pecado sino sólo precisamente por el pecado formal contra la misma fe (Conc. de Trento, s.VI, Dz 808, 838).

Cuando el hombre sin culpa subjetiva, le añade cosas erróneas, la fe como don de Dios que es, no deja de ser fuerza de santificación y de salvación. Así se explican notables casos de santidad que se dan fuera de la Iglesia Católica; que la fe pueda aparecer como falsa será por algo extrínseco a ella.

Por tanto, si se añaden a la fe afirmaciones o negaciones erróneas (aunque sean muy graves como el desconocimiento de la Trinidad o de la divinidad de Jesús) sin tal pecado formal, la fe, don salvífico de la gracia de Dios, (Conc.Vat.I, s.III, cap.3, Dz 1791) conserva su virtualidad de ordenarnos a la vida eterna “y su acto es obra que pertenece a la salvación”.

Teniendo en cuenta que este aspecto de la fe está menos desarrollado en el cristianismo popular importa mucho considerar que la fe implica un movimiento del intelecto que asiente a lo que Dios manifiesta (aunque no tenga evidencia de ello) y sólo a ello.

Pero lo revelado por Dios contiene muchos elementos particulares, y aún algunos susceptibles de desarrollo histórico-cultural (tantos que un individuo particular no los podría abarcar, sólo la Iglesia, pueblo de Dios, podrá hacerlo) y en este sentido es cierto que el “ilustrado” puede conocer distintamente muchas cosas que el “popular” captará sólo confusa y globalmente.

Pero también se ha de tener en cuenta que la Revelación de Dios, por ser articulada y ordenada, se contiene toda en ciertos principios (en último término que Dios es y tiene providencia de la salvación –Hb 11,6-).

Por otra parte que ella ha sido dada en primer lugar a Pedro y a los apóstoles, de donde deriva la Iglesia y cada uno de los fieles: por estos dos caminos la fe popular, aún siendo de unas pocas verdades fundamentales, es integral.

   Credere in Deum: Movimiento hacia Dios

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El tercer aspecto de la fe considera la acción de la voluntad que moviendo al entendimiento para que acepte, asienta, a la revelación, que de por sí es oscura y excede la luz natural de la inteligencia, tienda hacia Dios (credere in Deum).

Es entregarse, tender a Dios. De este aspecto se puede considerar:

Es atribuido a la unción del Espíritu Santo. Se abre a la esperanza de alcanzar la Bienaventuranza por el auxilio del mismo Dios y también abre al Amor por sobre todas las cosas a ese Dios que es la felicidad del hombre.

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Es decir, que este aspecto de la fe, ayuda a causar la confianza en el auxilio divino y la devoción, que son fines por los cuales la voluntad tiende hacia Dios.

El acto de fe propiamente dicho según su aspecto formal (credere Deo) y según su aspecto material (credere Deum) y su explicitación racional, se ordenan en último término a acrecentar la confianza y la devoción (credere in Deum).

Este tercer aspecto es el que da la verdadera medida de la fe. Y debe ser el criterio principal para evaluar la fe del cristianismo popular.

En este sentido, considerada desde su esencia misma, la fe es mayor en el que más adhiere a Dios, y esto depende primera y principalmente del don de Dios (credere Deo).

Considerada desde la explicitación de las verdades reveladas (credere Deum) o desde la capacidad racional de comprenderlas o exponerlas, indudablemente es mayor la fe de los cultos, de los que saben y esto es una riqueza del Pueblo de Dios.

Así vale destacar que la explicitación de la fe y el desarrollo racional es un camino muy rico y válido para el hombre que hay que tratar de acrecentar siempre. Pero no es único.

También la fe de los “ignorantes” es verdadera y, aunque está manchada con errores, en cuanto es un don de Dios no deja de ser fuerza de santificación y salvación (y por lo tanto que hay que respetar no imponiendo un modo “racional”).

Esta cuestión está reflejada en el mismo juicio Magisterial de la Iglesia que, por una parte afirma que la fe debe desarrollarse mediante una adecuada catequesis, y por otra reconoce que la fe de nuestros pueblos latinoamericanos es tan fuerte que ha permanecido durante siglos a pesar de las condiciones pastorales adversas en las que se ha hallado el pueblo y del ataque insidioso a las verdades de la fe.

  Fe e inteligencia espiritual

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Dios llama a la participación de su divinidad, y, por tanto, también a la participación de la luz de su inteligencia, por lo cual las Escrituras, y en especial las que figuran bajo el nombre de San Pablo, hablan de la sabiduría e inteligencia patrimonio de los creyentes:

“Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la Gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de Él, que los ojos de nuestro corazón sean iluminados” (Ef. 1,17; cf. Col. 1,9).

Además, desde muy antiguo, probablemente desde los tiempos apostólicos, el Bautismo fue considerado “iluminación” por el nuevo conocimiento de que revestía y que profesaba.

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Pero nuestro pueblo que se dice cristiano y bautizado, no se caracteriza de ningún modo por su inteligencia espiritual y ni siquiera por la sed de un conocimiento catequético.

Más bien al contrario, no parece muy cristiano y se puede pensar que tiene una fe natural, adquirida, producto de causas históricas naturales, con algunos elementos de la Revelación mal asumidos, por lo que esa fe sería sólo un “umbral” (CT 19) de la verdadera fe, que exige “una adhesión global a Jesucristo” para lo cual se requiere la debida preparación catequética (ib.).

A esa objeción, de suyo seria, hay que responder por partes.

Primero que se trata de un conocimiento dado por el Espíritu, como expresamente se dice en los textos citados, y no de un conocimiento adquirido por el esfuerzo humano, como es el catequético.

Segundo que tratándose del conocimiento espiritual, es decir, dado por el Espíritu, es cierto lo que se afirma al principio de la objeción: Dios llama a todos los hombres a la plenitud de la sabiduría y de la luz de la inteligencia divina, que comenzó ya a darnos mediante su Revelación, pero esa participación es de un doble modo: plena por la visión cara a cara de la Patria, incoada aquí por la fe.

Sin embargo, la fe, por su mismo ser, es luminosa e in-evidente esto es oscura, y de allí que se pueda dar con características contrapuestas: como fe luminosa (especialmente por los dones del Espíritu Santo) o como fe oscura, que “hace andar a oscuras” (como bien dice San Juan de la Cruz).

En nuestro pueblo tiene esta última característica (sin la forma experimental mística).

Lo expresa bien un autor anónimo del s. IV en la segunda lectura del Oficio de Lectura del viernes de la cuarta semana del tiempo ordinario: A veces el alma “es instruida por la gracia con inefable inteligencia y sabiduría, con inescrutable conocimiento del Espíritu, acerca de aquellas realidades que la lengua y la boca son incapaces de proferir. Otras vive y actúa como los demás hombres, sin experimentar nada en especial. Así de varias maneras la gracia habita en ellos, y de muchos modos conduce al alma”.

Esa fe, que deja al cristiano vivir y actuar como los demás hombres, es sin embargo sobrenatural, participación del conocimiento divino y porque deja vivir como los demás, confirma, perfecciona y eleva la experiencia de un Dios que se da a conocer por sus beneficios mandando “estaciones fértiles, lluvias y cosechas, dándoles comida y alegría en abundancia” (Hch 14,17).

Esa fe sobrenatural que siendo participación de la Verdad divina es sin embargo “oscura”, orienta, da una dirección, a toda la vida.

Por esa fe el hombre se encamina en último término (como último fin) hacia Dios, plenitud de la luz de la inteligencia, pues la fe incluye en su esencia un movimiento hacia

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Dios (si el hombre usando de su libertad se aparta del camino, ello es en contra de las exigencias de la fe).

A esa fe “oscura”, que es principalmente creerle a Dios, adherir a Él, y tender hacia Él aunque no se tengan “luces” notables para conocerlo, parece aludir el apóstol Santiago cuando da por sentado que los pobres son ricos en la fe (cf. Sant 2,5), pues ellos no suelen distinguirse por la altura o variedad del conocimiento, aunque sí tengan firme adhesión y tendencia a Él, y el mismo autor reconoce que la de ellos es una fe sobrenatural, don de Dios.

Que esa fe sobrenatural es muy ordinariamente oscura, resulta también de su carácter propio de ser implícita, esto es que en ciertos aspectos se incluyan otros, aunque éstos últimos no sean advertidos ni aún conocidos.

Es implícita ante todo porque en las verdades reveladas más universales se contienen otras más particulares:

“todos los artículos [de la fe] están contenidos implícitamente en algunos de los primeros, a saber que Dios existe y tiene providencia acerca de la salvación de los hombres, según aquello de Hb 11,6... En la existencia divina está incluido todo lo que creemos existir eternamente en Dios... en la fe de la providencia se incluyen todas las cosas dispensadas en el tiempo por Dios para la salvación de los hombres” (S.T. 2-2, q.1, a.7).

Lo es también porque toda la fe católica se reduce a la fe de Pedro.

Se tiene también el poder de dirigir toda la vida hacia Dios, y por tanto todos los actos rectos, aún con fuerza “virtual”, es decir, aunque no se piense expresamente en ello en cada acción, por lo cual de algún modo se podría decir que la fe envuelve implícitamente la vida entera, aún en sus aspectos temporales no sacros.

La objeción presentada (75) se basa en el hecho de que se presume que la fe, si es verdadera, va a ser iluminada por una creciente sabiduría e inteligencia espiritual (lo que toma la posición catequística poniendo en lugar de esos dones la formación catequética) y dado que nuestro pueblo no las tiene, se concluye que su fe no es verdadera fe sobrenatural.

Contestábamos a eso que la sabiduría y la inteligencia sí se darían en la Patria, y que aquí la fe podía ser luminosa pero también podía ser oscura.

Ahora debemos decir que la fe, en principio, es por su naturaleza misma oscura.

Y esto se ve en el modo de hacerse la Revelación, siempre envuelta en la “nube” de una gran oscuridad, aunque ésta, por contener una verdadera revelación, pueda ser dicha de algún modo luminosa. Y esto no sólo en el Antiguo Testamento sino también en el Nuevo.

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La gran revelación es conocer al Padre (“muéstranos al Padre y nos basta” dice Felipe, Jn 14,8) que es incorporal e invisible.

Después de una prolongadísima preparación que lo va manifestando entre sombras, Jesús lo revela totalmente:

“El que me ha visto [a mí, hombre corporal y visible] ha visto al Padre. ¿Cómo dices muéstranos al Padre?” (Jn 14,9). “El que cree en mí, en realidad no cree en mí sino en aquél que me envió, y el que me ve, ve al que me envió” (Jn 12, 44-45).

La fe, en el culmen de la revelación, es pues “oscura”, se da en el hombre Jesús “en quien habita corporalmente toda la divinidad” (Col 2,9) por eso Santo Tomás, después de ver y palpar su cuerpo, confiesa: “Dios mío” (Jn 20,28).

Fe y Palabra de Dios

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Otra objeción a la posesión de fe verdadera se suele plantear hoy alrededor del tema Palabra de Dios.

Se podría exponer así: la fe sobrenatural tiene por objeto la Revelación que Dios hace a los hombres, pero Dios efectúa su Revelación -que culmina en Jesucristo- por medio de la Palabra, por tanto la fe necesariamente se funda y crece por el conocimiento de la Palabra de Dios.

La respuesta requiere varias distinciones. Palabra de Dios se usa con muchos significados y se aplica a cosas muy diversas, aquí ahora con respecto a esta objeción notamos cuatro sentidos diversos:

-Palabra de Dios es el Verbo de Dios (el antiguo término verbo, modernamente es común reemplazarlo por Palabra), el cual se hizo hombre y en ese sentido la afirmación que se supone como objeción es verdadera; pero es necesario tener presente que el que es Palabra es asimismo Imagen del Padre.

La fe se funda y crece por el conocimiento de la Palabra o de la Imagen, siempre puede ser implícita y, además, goza de una causalidad recíproca: la Palabra o la Imagen suscitan la fe bajo la acción del Espíritu Santo y la fe a su vez sirve para penetrar más en el sentido de la Palabra o la Imagen, lo que acrecienta la fe.

-Palabra de Dios es toda la Revelación que se realiza por la Palabra inspirada por Dios y consignada en la Escritura Santa y la Tradición (DV 7ss.), por “obras y palabras intrínsecamente ligadas” (ib. 2).

En este sentido también es verdad que la fe se funda y se desarrolla por el conocimiento de la Palabra: de toda la Palabra con respecto a la fe de la Iglesia. Pero junto con ello hay que decir que basta algún conocimiento (en el que está implícito lo demás) para la fe de algún individuo o un grupo de individuos en particular.

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-Palabra de Dios en un sentido vulgarmente muy extendido, es toda la Sagrada Escritura, y en él hay que afirmar la misma distinción que se hizo anteriormente.

-Palabra de Dios es toda la predicada (comúnmente en asamblea) en el nombre de Dios, y de toda ella no es verdad lo afirmado en (91).

Más apropiadamente, teniendo en cuenta los tres primeros sentidos, se podría decir que la revelación de Dios es objeto de la fe, y la Palabra sólo en cuanto es instrumento de la Revelación. Y es necesario tener siempre presente la distinción hecha respecto a la necesidad para la Iglesia y la necesidad para algún individuo en particular.

Pero, además, Palabra de Dios lleva una carga de significación moderna que la hace más discutible.

El protestantismo (en su acepción más general de protesta contra enseñanzas de autoridades eclesiásticas post-apostólicas, que incluye movimientos no luteranos) en lucha contra instituciones y autoridades de la Iglesia, afirmó exclusivamente la Palabra de Dios como la contenida en lo que ellos juzgaban Libros inspirados.

La Iglesia asumió, de modo bastante generalizado, la costumbre de usar también la expresión Palabra de Dios, pero no logró rescatar y darle de modo común el sentido expresado en (93 y 95).

Al contrario, se acentuó en el sentir del vulgo el sentido de Palabra de Dios como la palabra escrita contenida en las Sda. Escritura, y ese sentido es el que hoy comúnmente prevalece (96).

Por otra parte nuestro pueblo, según su cultura propia, capta más viva y fácilmente las personas y hechos concretos que las palabras e ideas (que son abstractas).

Por eso capta mejor, como ser y como norma, a Dios, Cristo, la Virgen y los Santos, que a la Palabra de Dios como expresión de ideas que le resultan abstractas.

Por eso mismo le resulta más fácil recurrir a aquellos como personas vivientes que afirmarse en la Palabra que sea sólo expresión o enseñanza de ideas pías.

[Esto es importante en la catequesis y en la práctica pastoral de nuestra Iglesia].

La fe y la Virgen

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Una nueva dificultad teológica respecto de la verdad de la fe del pueblo se suele ver en el lugar que ella le da a la Virgen María.

Hay que tener en cuenta, sin embargo, que mirando la confesión de la fe hacia el exterior -frente a los evangelistas en general y las sectas en particular- como un signo de ortodoxia, se suele atribuir al hecho de confesar a la Virgen María, la cualidad positiva de afirmar claramente la verdad e integridad católica.

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A lo cual se le añade a veces (a dicha confesión) un matiz combativo o al menos defensivo; pero mirando la vivencia de la fe en la vida cristiana, se tiene a veces por excesivo el lugar otorgado a la Virgen.

Esto nace de que la fe de nuestro pueblo ve a la Virgen no sólo al lado de Dios sino además del lado de Dios, por lo que es considerada, con Dios, junto con Él, como término de la vida del hombre.

Y esto se juzga falso y excesivo (por eso se llegó a hablar de “marianitis”) diciendo que:

La Virgen es sólo un instrumento -privilegiado, sí- de la salvación dada por Dios y realizada por Cristo. No hay que minusvalorar la acción mediadora de la Virgen -hay que exaltarla porque es una gran riqueza que Dios nos ha dado-, pero tampoco hay que sobrevalorarla asignándole un rango que parece tocar a la misma divinidad.

Por la fe sabemos que Dios, uno en su naturaleza y trino en personas, es el fin propio de la vida del hombre.

Por tanto, lo son también no sólo el Padre -principio sin principio- sino, además, el Hijo y el Espíritu Santo.

Pero éstas, que en cuanto personas de la Trinidad son fin, son también enviadas para conducir los hombres a Dios, y en cuanto enviadas son asimismo medio.

Ambas no vienen a los hombres sino por una ligazón libremente asumida, pero irrevocable e indestructible y en adelante eterna, con la Virgen María, Madre del Verbo y templo de la presencia del Espíritu.

El Dios-con-nosotros lo es por medio de la Virgen; Ella es así el instrumento y medio por excelencia de la unión con Dios.

Y aunque la relación es con las dos personas divinas enviadas, concretándonos ahora por razones de brevedad sólo a la relación con el Hijo, tenemos que decir que la Virgen María queda constituida -ya para la eternidad- con una relación de maternidad, relación no sólo con la naturaleza humana de Cristo sino también con la persona divina del Hijo, como lo reconoce la tradición, los Padres y toda la Iglesia, al proclamarla Madre de Dios.

Por esta relación que es real y no sólo de razón -es realmente Madre de Dios, y no solamente llamada tal- la Virgen está real e indisolublemente unida a una persona divina que es fin y término de todo el proceso de la vida humana. Y, además, está unida a ella por la gracia, que es participación de la naturaleza divina, de tal modo que más que unida es “uno” con ella, como lo dice el mismo Señor en el Evangelio de San Juan.

Por eso, porque es en realidad Madre de una persona divina y un “uno” con ella -en cuanto tal- la Virgen participa del carácter de fin de la vida humana. Y no debe el hombre separar lo que Dios ha unido.

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Y así se cumple lo que enseña el Concilio Vaticano II y retoma Juan Pablo II en Redemptoris Mater, que sólo en el misterio de Cristo se esclarece el misterio de María (cf. RMa 4).

Sobre la relación de la Virgen con el Espíritu Santo en la fe y la devoción de nuestro pueblo, convendría tener muy en cuenta la llamada a dar relieve a la persona y obra del Espíritu –“uno de los contenidos esenciales de la fe”- hecha por Pablo VI en la Exhortación Apostólica Marialis cultus, del 2-II-74 (nos. 26, 27).

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 Índice

Virtudes teologales y vida cristiana.......................................................................................73 Las virtudes teologales y el pecado.......................................................................................74 La FE.....................................................................................................................................77

Fe y cultura ............................................................................................................................. 77

Presupuestos teológicos .......................................................................................................... 79

El acto de fe ............................................................................................................................ 80 Credere Deo: Adhesión a Dios...................................................................................................80 Credere Deum: Penetración de lo revelado................................................................................81 Credere in Deum: Movimiento hacia Dios ................................................................................83

Fe e inteligencia espiritual ...................................................................................................... 84 Fe y Palabra de Dios ............................................................................................................... 87 La fe y la Virgen ..................................................................................................................... 88

Índice ........................................................................................................................................91

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POBRES Y POBREZA, HOY

P. Rafael Tello

 Fascículo Extraordinario n° 2


Pobres y pobreza, hoy

  Pobres y pobreza, hoy

La cuestión: pobreza y

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  modernidad

 La Iglesia, por Cristo, debe siempre atender a la pobreza en cada lugar en que encuentre. La pobreza universalmente, hoy está condicionada por la organización de la modernidad: por eso la Iglesia hoy debe considerarla necesariamente.

Pobreza, riqueza, mundo

La pobreza se opone a la riqueza. La riqueza se opone a Dios, es un ídolo (Col 3, 5), Mamón (Mt 6, 24) que pertenece a este mundo.

El mundo es enemigo de Dios25, por eso “si alguno ama al mundo el amor del Padre no está en él” (1Jn 2,15), y el mundo produce orgullo de la riqueza, el cual no viene del Padre (cf. 1Jn 2,16).

Pues el mundo es el reino de Satanás (Jn 12,31; 14,30; 16,11; Hch 26,18) y está sometido a poderes que lo dominan, actuados por hombres de carne y hueso. Hombres que ejercen su influencia y dominio sobre otros hombres. [Acerca del mundo en este sentido ya hemos hablado más largamente en otras partes26].

1.

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entregado en 1994 el p. Tello dice: “Mundo tiene un doble sentido: como mal, opuesto a Dios, y como creación sensible en la que se vive en este tiempo (“teatro de la historia humana” GS 2). En los dos sentidos tiene un acento determinado para nuestro pueblo cristiano. Mundo en el mal sentido no es sólo el mundo como objeto de concupiscencia (cf. 1Jn 2,15s.) sino también el mundo como poder injusto (cf. Jn 12)”.

N del e: Por ej. En el apunte sobre La caridad (1996): “¿Pero en concreto quién es el mundo en este aspecto que es el predominante en el Evangelio según S. Juan? MATEOS-BARRETO en la obra El Evangelio de Juan, en el índice temático, voces: Enemigo, Mundo y Pueblo, pág. 985, 1041, 1061, dicen: ‘Hay un grupo humano que tiene por principio inspirador el provecho, concretado en la ambición de riquezas y de gloria humana. Ese principio se traduce en una ideología que justifica el dominio y explotación de los demás y se objetiva en una estructura social (el orden éste / del mundo). “El mundo” es la violencia institucionalizada. Respecto al pueblo la represión crea el miedo a los dirigentes. Entra en la misma línea el desprecio por la multitud (Jn 7,49). Lo que caracteriza en el evangelio a los componentes del “mundo” es ser enemigos del hombre por constituir un poder opresor basado en el poder del dinero. El círculo del poder tiene a su servicio agentes de su violencia. Crea una ideología que justifica su posición. La ideología al servicio del dios-dinero propone una idea falsa de Dios, que oculta el

   N del e: Apunte entregado por el p. Tello en diciembre de 1991.

24 N del e: Si bien los títulos del presente folleto no figuran en la edición original, éstos fueron sacados

del sumario que figuraba al final de la misma.

N del e: “Mundo” se puede usar en varios sentidos, por ej. en un apunte titulado “N.N.”,

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Los poderes del mundo operan con gran multitud de medios, de los cuales los principales son la mentira, la soberbia, el poder o fuerza, y la riqueza. En la idea se pueden reducir todos a la mentira, pues lo son; en la realización práctica a la riqueza, pues su codicia es la raíz de todos lo pecados (cf. 1Tim 6, 10; ST I-II q84 a1).

Cristo expresó esto de modo lapidario: no se puede servir a Dios y al ídolo del dinero (cf. Mt 6, 24).

El mundo moderno aprecia, pero no sólo aprecia sino también codicia la riqueza. Se organiza en función de ella y se enorgullece de poseerla (lo cual no viene del Padre cf. 1Jn 2,16). [Por eso los que la poseen dicen pertenecer al primer mundo y los que codician llegar a poseerla procuran entrar en él].

Cristo y la pobreza

La Iglesia tiene que ver con la pobreza porque el mismo Cristo la asumió como instrumento y se hizo pobre. ¿Qué pobre?

El hombre está llamado e impulsado interiormente hacia la vida, la plenitud, la felicidad, y sin embargo está sujeto al dolor y a la muerte. Todo hombre es pobre, Cristo se hizo hombre y al hacerse tal se hizo pobre.

¿Es esto todo? No. El hombre quedó sujeto a muchos defectos y limitaciones particulares, individuales y sociales que lo empobrecían aún más (ciego, sordo, mudo, tullido, leproso, endemoniado, etc.) y en lo social (siervo, pequeño, etc.), y a todo eso se añadió su condición de pecador, privado de la gracia de Dios. Cristo no se hizo pobre de esos modos, pero quiso liberarlos de esas miserias, y lo quiso especialmente, y ello marcó su vida. En este sentido, se ocupó de sanar la pobreza pero no se hizo pobre.

Cristo, pues, se hizo hombre y con ello se hizo pobre, y como hombre quiso ser para los hombres una esperanza y liberarlos de sus pobrezas y miserias corporales y espirituales, individuales y sociales; ocuparse personalmente de los pobres.

Pero esto no bastó y quiso agregar más: se hizo hombre pobre, y desde su condición de pobre realizó su obra de misericordia, redención y liberación.

[Por eso la Iglesia también tendrá como camino al hombre, procurará sanar sus miserias y apreciará la pobreza material].

   designio de su amor. Presenta un dios que priva al hombre de libertad sometiéndolo a una ley y que pone la observancia de ésta por encima del bien del hombre. Enseña al pueblo a no tener opinión propia y a someterse a los maestros y a los jefes; presenta el plan salvador de Dios en clave de poder y dependencia, no de amor y libertad’.”

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Pobres y pobreza, hoy

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15.

Esta pobreza de Cristo es pobreza material, de cosas, de riquezas. Y toda la Revelación -escrita y tradicional- atestigua fehacientemente el hecho y el sentido de tal verdad. [En otras partes ya se han alegado multitud de textos escriturísticos que muestran que Cristo, nació, vivió y murió pobre en tal sentido; negarlo sería herético27].

Se trata de la pobreza y del pobre que en su sociedad es llamado tal, lo cual surge de una doble relación:

- la posesión de pocos bienes terrenales en esta vida,

- la situación comparativa de ellos en la sociedad en que viven (que puede tener mayor

o menor riqueza). [En otras partes se ha abundado acerca del sentido que se le reconoce a esta pobreza, que la consideramos pobreza en sentido estricto].

Consecuencias

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17.

Si Cristo para salvar a los hombres se hizo pobre en el sentido que llamamos estricto, se siguen dos o tres consecuencias mayores:

a) b)

Él quiso completar y prolongar en el tiempo y en el espacio su Pasión y su Redención, y la completa en los pobres en sentido estricto que son así hechos cooperadores de la salvación.

La Iglesia -sociedad visible- y los cristianos, deben seguir las enseñanzas de su Maestro y Señor.

Luego veremos cómo se hace la lucha contra la pobreza (54) y según eso podemos decir desde ya:

Los pobres completan la Pasión

18.

Con respecto a lo primero:

La vida cristiana es prolongación de la vida de Cristo y ésta es salvadora y orientada preferencialmente hacia los pobres. Ya hemos visto en otros lugares cómo es auténtico el cristianismo popular y la espiritualidad de nuestros pobres (aunque muy distinta de la ilustrada difundida hoy en día). Y por lo tanto en la pobreza, su vida unida a Cristo también es salvadora, y como la de Cristo, preferencialmente de los pobres. Les es aplicable analógicamente lo que se dice del Siervo de Yahvé, de Is 52: “causa de horror, desfigurado(s), sin aspecto de hombre(s) sin que su apariencia sea más de un ser

 N del e: Por ej. En el apunte Moral del pueblo (1998): “Él mismo se hizo pobre por amor a nosotros (2Co 8,9); nació en un portal y fue recostado en un pesebre (Lc 2,7), no tenía donde reclinar la cabeza (Mt 8,20), se hizo como un hombre cualquiera (Flp 2,7), desconocido (cf. Mt 26,72) y, en su humillación, le fue negada la justicia (Hch 8,33); pero, por otra, parte comía y bebía -pareciendo un comilón y borracho- (Mt 11,19). Fue entregado (Mt 26,2) para sufrir mucho (Mc 8,31) y ser crucificado (Mt 26,2). Fue realmente un pobre semejante a los pobres del pueblo.”

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humano,... crecido(s) como raíz que brota en tierra ácida, sin forma ni hermosura que atraiga las miradas, sin aspecto que pueda agradar; despreciado(s), desechado(s) por los hombres, abrumados(s) de dolores y habituado(s) al sufrimiento, ser(es) ante el (los) cual(es) se aparta el rostro, tenido(s) por nada, ... detenido(s) y juzgado(s) injustamente sin que nadie se preocupe de su suerte”. (En otra parte decíamos que esto no es nada exagerado y se cumple todos los días en la realidad).

Se podría alegar que el ser objeto de una preferencia de Dios, y más claramente aún el cooperar a la salvación, supone tener una fuerza o virtud y que ésta debe ser voluntaria y consciente, lo que parece darse en muy escaso nivel entre lo pobres.

Con respecto a la virtud, hay que responder que sí, que debe existir. Pero la virtud, que es efecto y causa de la salvación, puede existir en el tiempo de viador en esta tierra o en el momento de la salvación final y definitiva. Y esto depende del sólo beneplácito divino, que no conocemos en cada caso concreto e individual, pero que por la revelación sabemos que se inclina preferencialmente hacia los pobres, de los cuales es el Reino de lo Cielos.

A la convicción de que los pobres son los preferidos de Dios, se ha de añadir -lo que se manifiesta mejor por la luz de dicha convicción- que ellos se salvan principalmente por lo que tienen que sufrir, más que por lo que tienen que hacer.

Aún con respecto a la virtud en el tiempo de viador, el juicio es difícil y habría que ser muy prudente al hacerlo, y esto por varias razones:

a) Entre los pobres hay una solidaridad, un amor al otro y una entrega tal, que los no-pobres difícilmente pueden imaginar ni ver.

b) Las virtudes son jerarquizadas, las más generales contienen las más particulares -por eso dice el Apóstol que el que ama ya cumple toda la ley (cf. Rom 13,8). Y el pobre conoce sólo los preceptos más generales, los más particulares o los cumple o los viola sin conocerlos (y dadas ciertas condiciones -sobre todo culturales- puede desconocerlos aunque sean de derecho natural como ya le ocurrió al pueblo de la Antigua Alianza).

c) El “mundo” en que se ejercen las virtudes por los pobres y los no-pobres es muy diferente, por lo que es fácil juzgar para el rico que no es virtud lo que vive el pobre, cuando en verdad sí lo es, y muy alta. La mayoría de los sacerdotes coincide con los criterios de los no-pobres, no conoce el ambiente de la pobreza.

d) Las virtudes teologales de los pobres tienen acentos especiales, que tampoco suelen considerarse (ya hemos señalado algunos en otra parte).

e) Las virtudes morales son imposibles de conocer y juzgar si no se conoce el bien común buscado, que es lo que las determina como tales (esto vale para todas las virtudes morales y especialísimanente para la prudencia y la justicia), pero en el mundo moderno la élite directora u organizadora del orden social determina unos

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Pobres y pobreza, hoy

 23. 24.

25.

Con respecto a lo que se afirma de la voluntariedad o intencionalidad y de la conciencia (cf. 19), debemos decir:

Para que algo sea voluntario no se requiere que sea directa y actualmente querido, basta que lo sea en su causa, sabiendo que se produce tal efecto, y basta la intencionalidad virtual (de la cual ya hemos hablado en otra parte29); y ambas cosas suelen ocurrir en el pobre -que es de índole “comunitarista” y no individualista-, cuando vive su vida cristiana, por lo que ésta puede tener un efecto salvífico para otros.

Respecto a la conciencia, debemos hacer una distinción:

- La conciencia supone el conocimiento, y éste puede ser natural, de un hecho natural, o

de fe, de “lo que no se ve” (así en cualquier sacramento se tiene conciencia natural del signo sensible y sólo conciencia oscura, de fe, del efecto sacramental). En el caso del pobre tiene conciencia de su vida cristiana, que es de Dios y para Dios, y quiere tal vida como Dios la ha establecido (conciencia natural y de fe) y eso basta para que su vida tenga efecto salvífico para otros. Si además llega a saber explícitamente que Dios le da a ella, y especialmente a sus sufrimientos, valor salvífico, tendrá de esto además una conciencia de fe, la cual, sin embargo no es imprescindible.

- Pero la conciencia en la vida cristiana, en muchísimos casos no se da, no es necesaria, basta que el hecho o la conexión entre un hecho y otra realidad haya sido establecido por Dios:

a) “¿Saulo porqué me persigues?” (Hch 9, 4). “¿Cuándo te vimos hambriento, o

26.

f)

bienes comunes -que son principalmente “reales” o de cosas- y el pueblo pobre tiene otros fines, que son personales, es decir miran primeramente al bien de la persona, y son por tanto los moralmente válidos; y los no-pobres no suelen conocer o reconocer estos fines, y por eso no pueden tampoco reconocer las virtudes verdaderas y pertinentes.

A esto se agrega la dificultad para juzgar del pecado verdadero grave y formal del pobre, de lo cual -que puede ocurrir por muchas razones- ya hemos hablado en otra parte28.

sediento, o desnudo, etc.?” (Mt 25, 31 ss.).

28 N del e: Cf. p.e. el folleto n° 4: El cristianismo popular y las virtudes teologales: La fe, 21s

N del e: Por ej. en el Anexo 3 al Cuadernillo 2 Sobre Cultura Moderna (1997) n° 54: “-La intención del fin (la beatitud en Dios) puede ser actual -cuando se tiene en acto, por lo general consciente, la intención del fin perseguido-, o virtual, cuando la virtud o fuerza de la intención perdura y dirige otros actos, y aún podría ser vista como virtud condicional si se mantiene aunque haya otras intenciones actuales (por ejemplo, el que va a Roma, no es necesario que en cada paso piense en el fin, o el que tiene un hábito adquirido puede tener intención de obrar según él en otras ocasiones aunque no lo haga en el presente)... La fuerza o potencialidad de la intención no procede de que ella sea actual o virtual (la virtual puede ser mayor que muchas actuales) sino de la intensidad o vigor del acto o decisión de la cual procede.”

 29

97


b) Los santos inocentes son mártires y testigos de Cristo, aunque totalmente inocentes pues tenían menos de dos años.

c) Is 45 presenta a Dios (el Dios que había sacado a su pueblo de Egipto mostrándose en todo su poder) como un “Dios escondido” que elige al pagano Ciro rey de Persia, para liberar al pueblo de Israel: “yo te llamé por tu nombre, te di un título insigne, sin que tú me conocieras”, “te hice empuñar las armas sin que tú me conocieras”; ¿qué tendría de extraño que usara a los pobres como liberadores y salvadores sin que ellos lo supieran?

La Iglesia debe imitar a Cristo

27.

La otra consecuencia mayor que se sigue (cf. 16 b)) es que la Iglesia y los cristianos deben imitar a Cristo y ser y obrar como Él enseñó; esto implica:

a) Amar la pobreza y a los pobres.

b) Ser pobre.

c) Optar preferencialmente por los pobres.

d) Tenerlos en consideración en su doctrina moral y especialmente, en la doctrina

social (que pertenece a la teología moral como lo enseña el Papa (SRS 41)).

e) Alentar a las iglesias locales, a las instituciones particulares y a los fieles a

comprometerse en acciones prudenciales en favor de los pobres.

Iremos viendo brevemente cada uno de esos puntos.

Lo primero (27 a)) significa que hay que amar a los pobres, pero no solamente a ellos sino también la pobreza misma, como se ama a la cruz (de la que la pobreza es parte). Y así como Cristo tomó la pobreza, la practicó y la vivió, así también la Iglesia y los cristianos deben cargar la pobreza y seguirlo a Jesús.

Lo segundo (27 b)) implica la voluntad, el querer ser pobre, lo que conlleva:

- La renuncia al mundo y a la alianza con los poderes que manejan el mundo.

- La renuncia a la riqueza.

El querer ser pobre así se realiza con una continua tensión en la Iglesia, la cual responde a varias razones:

- La Iglesia es vicaria de Cristo, que es Rey del mundo, de las naciones y de todo lo creado.

- La Iglesia debe dirigir a hombres que son los mismos que están sujetos a los poderes de este mundo.

- La Iglesia como sociedad visible necesita de bienes de este mundo para poder organizarse, prepararse convenientemente y actuar eficazmente.

- A eso se añade que la Iglesia guarda y mantiene, como un tesoro, muchas obras históricamente valiosas de la humanidad.

28.

29.

30.

98


Pobres y pobreza, hoy

 31.

32.

33.

34. 35. 36.

37.

38.

Cada una de estas razones tiene otras razones específicas que sirven para encarar la tensión antedicha, pero de un modo general se puede decir que la relación con los poderes del mundo y la adquisición y conservación de riquezas tienen sentido para la Iglesia en cuanto ellas estén ordenadas al bien y al amor preferencial por los pobres.

Esto nos lleva a la tercera implicancia (27 c)) del principio antes asentado de la imitación de Cristo: la Iglesia universal y todos sus fieles deben tener una opción preferencial por los pobres. Es una opción obligatoria (como elegir a Cristo es una opción y es obligatorio).

Esta opción implica varias cosas:

- Que sea real y con las obras, no sólo verbal y con la lengua (cf. 1Jn 3,18), es decir que realmente se tenga un “amor preferencial por los pobres”, que en los hechos haya para ellos una “forma especial de primacía en el ejercicio de la caridad cristiana” (SRS 42).

- Que lealmente se acepte que la vida de los pobres “completa la Pasión de Cristo” (cf. Col 1,24) y así se enseñe.

- Que se viva realmente y en los hechos la “pobreza de espíritu” que lleva a no querer abundancia de bienes y a usar los que se poseen en beneficio de los pobres.

- Que en el movimiento de ayuda al pueblo se mantenga la prioridad del pobre de modo que dicho movimiento alcance primero al pobre y desde el pobre se extienda a todos, apartándose por tanto del movimiento natural y dominante de que el mejoramiento se dirija a todos y luego llegue y se extienda también hasta el pobre; en suma que sea del pobre a todos, y no de todos hasta el pobre.

El cuarto punto (27 d)) se refiere al lugar que debe ocupar el pobre en la doctrina moral de la Iglesia, que no puede separarse de la consideración de la misma Redención, y cuyo objetivo principal es la dignidad de la persona humana (cf. SRS 47). Como la doctrina moral se acomoda en gran medida a las circunstancias imperantes, este punto será tratado más detalladamente después de considerar algunos efectos de la modernidad.

El quinto y último punto (27 e)) se refería no a la Iglesia universal sino a agentes particulares, y a sus acciones particulares en favor de los pobres, las que son una opción moralmente libre, que es tomada dentro de la opción necesaria y obligatoria de la Iglesia universal (incluso la opción de orientar los trabajos pastorales hacia los no-pobres o ricos, debe poder inscribirse en la opción preferencial por los pobres de la Iglesia universal). Respecto a éste punto nos limitamos a asentar sólo dos cosas:

a) Que esta opción debe ser alentada por las autoridades universales y particulares, lo que ha de valer, de modo general, aunque ello signifique disminuir la ayuda a otras franjas de la población.

  99


  39.

b) Que los que se ocupen de los pobres de ningún modo han de tener una posición marginal en la definición pastoral diocesana o local, sino al contrario han de ocupar un lugar de alta importancia en ella.

Cuestiones ulteriores

Hasta ahora hemos visto la posición de la Iglesia respecto de la pobreza en cuanto está determinada por Cristo. Nos faltaría ver sucintamente cómo se transforma la pobreza en la modernidad, algo acerca de por qué los pobres hoy no están en la Iglesia, las principales líneas resultantes para la acción de la Iglesia, luego agregar algunos criterios que pueden verse como útiles y sobretodo algún modo sencillo de estar con los pobres.

Modernidad y pobreza

En otra parte hemos visto más en detalle qué es la modernidad, que continúa la Ilustración, por eso acá nos limitamos simplemente a anotar algunos caracteres generales que tienen influencia en la pobreza tal como se da hoy.

La modernidad supone otra cultura, diferente de la del pueblo, es una cultura que siempre es de elite. Su elemento fundante es el dinero, su adquisición e inversión, e implica el individualismo (ya veremos más de cerca qué es, cf. Anexo), un orden social de competencia y un saber técnico; por eso las élites que entran en esta cultura pueden enriquecerse, el pueblo sin ella permanece pobre.

La modernidad produce una secularización de la vida del hombre y un materialismo práctico, sin llegar a negarlo explícitamente se vive “como si Dios no existiera” (cf. Sínodo para la Evangelización de Europa, 14-XII, 91). Los elementos “humanistas”, provenientes en su mayor parte de la “Ilustración”, toman el mismo sentido.

La modernidad establece un orden social real o de cosas, es decir un orden social donde las relaciones funcionales, el valor de las instituciones y las relaciones con las cosas prevalecen sobre las personas humanas. Por lo cual tal orden es siempre alienante y discriminatorio.

La modernidad para cumplir su fin principal (41) establece una falsa libertad (prescindente del deber y de la verdad objetiva) y una falsa igualdad (reducida a la igualdad ante la ley), construye el estado moderno y somete a su influencia decisiva al poder político, lo cual da por resultado la dominación del pueblo pobre.

La modernidad conquista y se extiende al mundo entero, cobrando así una importancia especial las “relaciones internacionales”, que envuelven a los distintos estados. Esta universalización conlleva también una inmensa división del mundo entre países ricos y países pobres, Norte y Sur.

  40.

41.

42.

43.

44.

45.

 100


Pobres y pobreza, hoy

 46.

47.

La modernidad da lugar a la aparición de una clase, grupo o franja de la población rica y de otra pobre; la aspiración incluso de ésta por vencer a la pobreza da lugar a la “causa de los pobres”, que se extiende también universalmente.

La modernidad no es estrechamente egoísta y comprende que su beneficio propio está ligado al beneficio de otros, por lo que en alguna medida distribuye los bienes y el bienestar, y lo hace en forma de “cascada”, ofertando más a los más cercanos y haciendo llegar menos a los más lejanos. Esto da lugar a que la pobreza moderna adquiera de modo muy notable un carácter de gradación. Pobres muy pobres y pobres menos pobres.

  48.

49. 50.

51.

52.

53.

-

-

-

¿Porqué los pobres quedan fuera de la Iglesia?

¿Porqué los pobres no están hoy en la Iglesia?

Nos referimos sólo a los países cristianos en los que se desarrolló la modernidad.

El hecho es innegable. Las causas principales serían:

La Iglesia se mostró ligada al poder conservador y a los sectores ricos; en consecuencia el movimiento obrero (sobre todo del s. XIX) se manifestó fuertemente anticlerical, antieclesiástico y en consecuencia anticristiano. Tomó sus más virulentos argumentos del iluminismo anticristiano.

El liberalismo y desarrollismo creó un materialismo práctico, es decir un interés predominante y prácticamente excluyente por el bienestar material que al difundirse en la capa social pobre la desinteresó más de la Iglesia (con esto tiene también que ver el individualismo religioso del que algo agregamos después, cf. Anexo).

La Iglesia desarrolló y tomó una cultura moderna cristiana que no pudo oponerse eficazmente ni vencer a la cultura moderna “laica”, y al mantenerse con ella en Latinoamérica dio lugar a que se alejara más nuestro pueblo pobre que es de otra cultura.

Sintéticamente

En síntesis el problema de la pobreza hoy, aquí en Latinoamérica, se presenta:

- como un problema básicamente cultural (41)

- ligado al individualismo y al secularismo (41-42)

- vinculado con la defensa de la dignidad humana (42)

- y con la falta de poder político (44)

- de alcance universal e internacional (45)

- que incluye la “causa de los pobres” y analógicamente de los países pobres (46)

  101


- y es una pobreza de suyo gradual (47)

Y todo ello con una Iglesia que asumió otra cultura y no se jugó por el pueblo (49-52).

Acción contra la pobreza

54. Esto nos da pie para fijar los rasgos fundamentales de una lucha de la Iglesia y de los cristianos, hoy, contra la pobreza:

Rasgos fundamentales

   55.

56.

57.

58.

59. 60.

Tiene una base netamente cultural; la lucha contra la pobreza hoy comienza por la defensa y apoyo de la cultura popular, la cual -como hemos visto en otras partes- aunque tiene sus raíces propias, no mira sólo el pasado sino principalmente el futuro.

Forma parte de la lucha contra la pobreza la difusión y fortalecimiento del cristianismo popular, que desde este particular punto de vista:

- es el más alto medio de humanización;

- es el más eficaz medio de defensa y promoción de la cultura popular;

- se opone a la secularización de la vida del hombre;

- corrige el individualismo hoy creciente.

También debe formar parte de la lucha contra la pobreza la aplicación de la Doctrina Social de la Iglesia sin recortes, la cual defiende la dignidad de la persona, la verdadera libertad e igualdad de todos y la recta organización jurídico-política, y tiende a establecer un orden social personal, es decir que se subordine al bien de la persona.

Pero en el uso de la doctrina social hay que tener en cuenta que aunque ella tienda de suyo y en general a establecer un orden social personal -y por tanto a cambiar el de hecho existente que es prevalentemente “real”-, es decir que aunque ella sea de suyo revolucionaria y subversiva (esto es que tiende a dar vuelta el orden vigente) sin embargo -y por una exigencia de realismo- contiene muchas, muchísimas propuestas que son sólo “parches”, es decir propuestas sólo para mejorar un mal sin corregirlo totalmente de raíz.

La lucha contra la pobreza debe inscribirse en una lucha universal, que se extiende a naciones diversas y procura una acción internacional solidaria.

Comprometerse con la “causa de los pobres” (como la Jerarquía ha declarado verbalmente querer hacerlo30) y con la causa de los países pobres (llamados benignamente en desarrollo o subdesarrollados).

       N del e: cf. LE 8; SRS 39; LNPE 32: “El Papa, en su homilía en el Hipódromo de Santo Domingo, indica lo que enunciamos como el cuarto cauce que ha de marcar la evangelización nueva: a saber, la solidaridad particular con los débiles y la opción preferencial por los pobres. En efecto, el Papa

102

30


Pobres y pobreza, hoy

 61. 62.

63.

Ella impulsa para la Iglesia no mostrarse aliada a los ricos o al poder mundano, y jugarse por los pobres (50).

Hay que tener en cuenta que en la Argentina el estado moderno construido después de 1853 y sus poderes constitucionalmente constituidos, son ajenos al sentir del pueblo y a su cultura, representan de suyo a las clases e instituciones ricas y poderosas (cf. al respecto la obra del historiador norteamericano SHUMWAY. The invention of Argentine, Universidad de California, 199l 31).

Dado el carácter “graduado” de la pobreza de hoy, y el sentido de la pobreza para Cristo, es necesario comenzar la lucha entre los más pobres y marginados (lo que indudablemente no contribuye a su eficacia humana).

 Algunos criterios

 64.

65.

66.

Asentadas las principales líneas de la acción contra la pobreza pasamos ya a poner ciertos criterios, que sin embargo, no son lo principal y están más lejos de nuestro problema.

Hay bienes que disminuyen al distribuirlos (son los bienes materiales: tierra, alimentos, remedios, dinero; y otros muy limitados: tiempo, presencia, acción). En cambio hay otros que aumentan al ser participados por más gente (alegría, amor, solidaridad, etc.). Son más importantes los segundos que los primeros. La Iglesia debe poner particular empeño en dar aquéllos (no lo hace por ej. cuando se opone a las celebraciones populares o fiestas con motivo religioso -bautismo, peregrinaciones, reza- baile, etc.-).

Hay medios pobres, que son los que dependen de la persona o la cultura popular (la acción personal, la solidaridad de barrio, la comunicación boca a boca o por medios muy locales, etc.) y hay medios ricos, es decir que exigen una cierta riqueza (prensa de gran tiraje, TV, radio, cine) a los que se les puede atribuir humanamente mayor eficacia. La Iglesia, confiando en Cristo, se debe apoyar firmemente en los medios pobres y procurar multiplicarlos. Si usa los medios ricos -muy comúnmente porque el Estado se los procura-

    vuelve a recordar a los misioneros, que ‘el mensajero del Evangelio se convierte -por encima del pecado presente aún entre cristianos- en solidaridad con los débiles’. Y en otro pasaje con un cierto tono de solemnidad ante todo el Episcopado, afirma: ‘En este momento solemne deseo reafirmar que el Papa, la Iglesia y su Jerarquía quieren seguir presentes en la causa del pobre, de su dignidad, de su elevación, de sus derechos como personas, de su aspiración a una improrrogable justicia social’ (Juan Pablo II, Homilía durante la misa por la evangelización de los pueblos, Hipódromo de Santo Domingo, 11-10-1984, 5)" (resaltado nuestro) .

31

ed. Buenos Aires. 1993

N del e: Existe edición en castellano: SHUMWAY NICOLÁS. La invención de la Argentina. Emecé 103


67.

68.

ha de saber que los podrá usar en la medida en que no constituyan un peligro real para las instituciones o el orden social establecidos.

Hay también medios institucionales civiles (un sindicato, una cooperativa, una sociedad de fomento, etc.). Hay que tender a usarlos pues ofrecen muchas posibilidades. Son por lo general intermedios entre los dichos anteriormente; en cuanto son de la gente pobre se acercan a los medios pobres, en cuanto son institución se inclinan hacia los otros.

Hay que distinguir las cosas que tienden a mejorar males (un dispensario médico, por ej.) o mejorar la condición de un grupo más o menos limitado (una cooperativa, por ej.) de las cosas que pueden ser el comienzo de un orden social personal y solidario:

  69.

70.

Hay que distinguir también -aunque aquí los límites son confusos- entre lo que se orienta a perfeccionar la persona misma (cuidados médicos o de enfermería, alfabetización de adultos, cursos materno-infantiles, curación de alcoholismo, etc.) de lo que directa o indirectamente se ordena al trabajo (guarderías, corte y confección, capacitación técnica, etc.) o al confort o mejora de las condiciones de vida (luz, zanjas, veredas, etc.).

Nuestra población (no el pueblo) está culturalmente dividida, parte tiene cultura ilustrada, parte cultura popular. Además el pueblo tiene que moverse en ambientes (de trabajo o cívicos) que responden a la cultura ilustrada y ésta logra profundas introyecciones en la cultura popular (con todo, el pueblo y su cultura no han podido ser vencidos a lo largo de casi 500 años de lucha contra ellos). Todo esto determina que la acción contra la pobreza debe hacerse principalmente con métodos que respondan a la cultura popular (de los que venimos hablando en toda esta parte del trabajo) pero que deben también completarse con métodos y acciones propios de la cultura ilustrada.

Como en la lucha contra la pobreza deben tomar parte los que poseen riquezas, sean instituciones o personas, cristianas o no, parte de la acción podrá ser interesar a los ricos en las necesidades de los pobres. Pero teniendo presente que las soluciones permanentes se han de buscar más en el campo de los mismos pobres. Por otra parte el trato con las personas pudientes ha de procurar suscitar en ellas el amor más que la simple beneficencia o, peor aún, la vanagloria.

El mismo interés que mueve a las asociaciones o corporaciones a ejercer su actividad lucrativa, ese mismo interés puede llevarlas a procurar algunas mejoras determinadas para

- - -

establecimiento de relaciones humanas personales (compadrazgo, amistad, vecindad, solidaridad),

producción en común de bienes comunes (ollas populares, panaderías o comedores populares),

posesión y uso común de bienes comunes (canchita por ej., ermita de la Virgen, etc.). Estas cosas son relativamente más importantes que las primeras.

  71.

72.

   104


Pobres y pobreza, hoy

  73.

74. 75.

76.

los pobres. La Iglesia o los fieles pueden aprovecharse de esa disposición, pero deben sopesar muy bien el grado en que quedarán obligadas o atadas a dichos poderes.

Entre los que organizan las obras es necesario distinguir los que actúan por sola caridad y los que obtienen algún reconocimiento material (D.I.N.E.A., obras sociales municipales, etc.) o aún meramente moral de instituciones prestigiosas (Misereor, Señoras del Socorro, etc.), lo que no quiere decir que no tengan caridad.

En la acción contra la pobreza hay que procurar que los mismos pobres sean actores.

Con todo hay que cuidar dos cosas: que surjan “arribistas”, y que los que dirijan obras se conviertan en “autoritarios” que ejerzan una cierta tiranía, pues es fundamental un espíritu comunitario, solidario y de servicio.

Las obras de asistencia y promoción (teniendo en cuenta lo dicho en 68) vienen después, son inferiores a las de defensa de la cultura popular.

  Modos simples

 77.

78.

Pero más que esos criterios, abstractos y más o menos discutibles, algunos de los cuales suponen cierta organización, nos interesa ahora, a la luz de las verdades asentadas (54-63), buscar modos simples, sencillos, que no requieran organizaciones, de acción con los pobres y la pobreza, y que agraden a Nuestro Señor Jesucristo.

 - - - - - -

- -

En ese camino tal vez podríamos señalar algunos indicadores, pocos y sencillos: Hay que amarlos de verdad y saber que el cristianismo es eso.

Hay que “ir” a ellos y no simplemente esperar que vengan.

Entre los pobres dirigirse a los más pobres.

Estar con ellos y darles alegría, confianza y esperanza.

Conocer su cultura y acomodarse a ella.

Saber que sufren el choque de la modernidad de un modo muy profundo y desgarrador, los que tienen que desarraigarse del interior y venir al cinturón de las grandes ciudades.

Prestarles la ayuda que sencilla y humanamente se pueda.

Confirmarlos en su cristianismo propio, popular, mostrándose cristianos y facilitándoles los bienes de la Iglesia (bautismo, visita de la Virgen, ermitas, retiros, etc.).

Anexo: El individualismo religioso

          79.

La modernidad impulsa el individualismo que impide una correcta noción del hombre y corroe la misma vida cristiana.

105


80.

El hombre tiene una existencia individual, es viviente individual. Pero tiene una naturaleza social, es decir está hecho para vivir y alcanzar su perfección -que es su felicidad- en sociedad.

a)

b)

Si se mira su vida individual y la vida de la comunidad como “unidas”, de tal modo que el crecer de la una se haga en el acrecentamiento de la otra y el crecer de ésta impulse el crecimiento de aquella (por ser miembro de un cuerpo que tiene muchos miembros), se tiene una visión “comunitarista” (nadie puede ser feliz sino comunitariamente. Nadie se realiza sino en una comunidad que se realiza).

Si se mira la vida individual como separada de la de la comunidad, de modo que aquélla pueda desarrollarse independientemente de ésta, es decir que la sociedad sea a lo sumo condición para el desarrollo del individuo, se tiene una visión “individualista”.

 81.

82.

El cristianismo es “comunitarista”, reconoce una solidaridad entre todos los hombres como hermanos, como otros-yo, como miembros al menos potenciales de un mismo cuerpo. Y sabe que Dios destinó la tierra para todos los hombres. Eso es determinante de lo que es debido a cada uno, de lo “suyo”, del objeto de la justicia, y no lo es la mera apropiación individual.

No es así en el individualismo. El alma, principio de la vida, tiene naturalmente una cierta dimensión religiosa, y esto hace que en él se proceda sólo en pro del individuo o acallando lo religioso, o buscando una salida individualista, lo que suele ser:

- Aceptando a Dios, pero no a la Iglesia, su autoridad y sus dogmas.

- Construyendo un Dios a la medida del sujeto.

- O buscándolo fuera de la Iglesia en alguna experiencia, por ejemplo en las sectas.

- O reemplazando a Dios por algo misterioso al que se le da un culto esotérico, o se lo

reviste de formas orientales.

106


Pobres y pobreza, hoy

  Apéndice I: Pobreza de Cristo y acción con los pobres

 1.

2.

El tema de los pobres en la Iglesia es un tema teológico (por lo que es erróneo tratarlo predominantemente desde una perspectiva económica) y debe ser considerado desde la Revelación de Dios, y específicamente desde la revelación acerca de Cristo.

Cristo fue enviado y se encarnó hace 2000 años para dar a los hombres los dones divinos perdidos por el pecado -la gracia y la gloria- y para sanarlos de todas las miserias físicas -consecuencias del mismo pecado- las cuales en el Evangelio se suelen presentar como posesión demoníaca, lepra, enfermedades, ceguera, sordera, mudez, parálisis, cojera, manquera, etc. El hombre privado de esos bienes es pobre en sentido general. Así todo hombre que carece de suyo de la gracia y es incapaz de la vida eterna, es pobre (y de tal “pobre” hablan con frecuencia los Padres, sobre todo al comentar los salmos); todo hombre enfermo, débil, careciente de algunos bienes o perfecciones que los demás o la mayoría de los otros hombres posee, es también pobre (aunque fuera económicamente rico). [Como insinúa el Papa en su enseñanza: el que es más pobre, el mayor de los pobres, es el pecador]. Y para estos pobres se encarnó, nació y vino Cristo.

También se ve en el Evangelio que hay pobres por una injusticia o una opresión de otros hombres que dominan y que por ello se hallan como atados o encarcelados, también por ellos vino Cristo para liberarlos.

Todo esto a nivel de revelación parece cierto e indiscutible y la Iglesia debe continuar el sentido de la misión de Cristo.

Pero la cuestión estrictamente es otra: qué o cómo hizo Cristo para cumplir tal misión, y eso es lo que debe ser imitado en la Iglesia. Cristo no se hizo pecador (que es el mayor de los pobres, ni del pecador en cuanto tal se puede decir que sea bienaventurado o que le pertenezca el Reino), tampoco se hizo débil, enfermo, etc., tampoco se hizo caudillo de los desposeídos. El camino recorrido por Cristo y enseñado a la Iglesia fue otro: fue el camino de la cruz, y dentro de él el de la pobreza.

Así lo dice 2Co 8,9: siendo rico se hizo pobre por amor de nosotros. ¿Cómo se manifestó esa pobreza? Principalmente por dos caminos. La pobreza o carencia de bienes materiales: nace en un establo, es puesto en un pesebre, los padres ofrecen la ofrenda de los pobres (tal vez el hecho de tener que trabajar con sus manos), no tiene dónde reclinar la cabeza, se reparten sus vestiduras, clama de sed, etc. El otro camino es la falta de prestigio y de poder social: proviene de la despreciada Nazareth, tiene que huir y vivir

       3.

4. 5.

6.

  

N del e: A modo de Apéndice, para enriquecer la reflexión sobre la relación entre la pobreza de Cristo y la acción con los pobres, transcribimos aquí un fragmento del apunte Anexo XIII al Jubileo (1995).

107


7.

8. 9. 10.

11.

como extraño en un país extranjero, es incomprendido y despreciado por los sabios y poderosos que gobiernan, es burlado, escarnecido y condenado, etc.

En resumen su pobreza es:

- ser contado entre los pobres

- padecer la falta de bienes materiales

- no ser alguien reconocido en los ámbitos de poder de la sociedad (cf. 1Co 1, 26ss.)

El Verbo se hizo carne y carne material, real, visible y palpable como la nuestra, por eso su pobreza fue también material, visible y palpable.

¿Por qué quiso tal pobreza? El hecho, revelado tanto en el AT (cf. por ej. los Cantos del Siervo de Yahvé en Is) como en el NT, es que Dios eligió para él esa pobreza.

Nosotros podemos buscar explicaciones teológicas -y ciertamente existen- para justificarlo. Los problemas principales parece que serían dos:

1. ¿Por qué carencia voluntaria de riquezas en este mundo?

2. ¿Por qué la pobreza material cuando Cristo vino a enseñar y pedir lo espiritual?

Respecto a lo primero, habría dos causas más manifiestas:

a) la codicia -deseo desordenado de la riqueza- es raíz (en el orden de ejecución, dirá S.

Tomás en ST I-II, q84, a1) de todo pecado (1Tim 6,10).

b) la búsqueda de la riqueza, y consecuentemente del poder, configura precisamente un

  12. 13. a)

orden social injusto, el “orden este”, el mundo como enemigo de Dios, tal como lo muestra el evangelista S. Juan (cf. J. MATEOS Y J. BARRETO, El Evangelio de Juan, Ed. Cristiandad) el cual está sometido al diablo, Satán, que es el Enemigo. Y Cristo vino a quitar el pecado y a vencer al diablo; por eso se hizo pobre.

Respecto a lo segundo, pobreza material cuando lo que interesa es lo espiritual:

Hay en esto tal vez un misterio de los caminos de Dios: interesa lo espiritual (y así Mateo habla de los pobres en espíritu [o en el Espíritu] de los que tienen hambre y sed de justicia), pero cuando se da la pobreza material Dios por ello dará -no sabemos sus caminos- lo espiritual. Así lo afirma: “Bienaventurados los pobres (a secas) porque de ellos es el reino”, “bienaventurados los que tienen hambre porque serán saciados”(Lc 6,20s.), y en Lc 16,l9s. habla de un mendigo que muere y es llevado por los ángeles al seno de Abraham, de lo cual no se da otra razón que la de haberle tocado en esta vida pobreza y males materiales. Consta por otros textos de la Escritura que los pecadores no entrarán en el Reino de los Cielos, luego o los pobres en su pobreza no fueron pecadores (lo que suele estar bastante en contra de nuestras ideas corrientes), o por su pobreza -y lo que conlleva entre otras cosas la solidaridad y caridad con el otro- les son perdonados sus pecados. De todos modos lo que parece quedar firme en el

108


Pobres y pobreza, hoy

 14. b)

Evangelio es que los pobres entran al Reino, aunque nosotros no sabemos los caminos de Dios. Pero la Escritura dice que van32.

Por lo dicho arriba en 11, podríamos considerar también que la pobreza es una disposición a lo espiritual, una óptima disposición puesta por la Providencia divina. Pero entonces debemos creerlo de verdad.

15.

16.

Sean válidas estas explicaciones o sean otras las valederas33, el hecho cierto e innegable es que Dios eligió la pobreza para Cristo, y él la quiso. No quiso ni tomó la pobreza en el sentido genérico del que hablábamos al principio (2-3), es decir no fue enfermo, débil, tullido, leproso, pecador, etc., pero sí tomó la pobreza en un sentido específico (7) y con esa pobreza vino para sanar toda pobreza (la pobreza genérica) del hombre.

La Iglesia debe continuar la misión de Cristo, sanar toda miseria humana, eso es indiscutible, pero lo podrá hacer no de cualquier modo sino siguiendo e imitando a Cristo. Y esto es primero que lo anterior.

  32

Hay otros casos más o menos semejantes. Por ejemplo en Mt 25,31s. donde en el juicio universal “el Rey dirá a los de su derecha: venid benditos de mi Padre, heredad el Reino preparado para vosotros... porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber”. (Hay cosas similares en Mt 10,42). Esto tal vez esté conectado con el poder de salvar de Cristo que “vive perpetuamente para interceder por ellos” (Hb 7,25).

33 N del e: Por ej., en La pastoral popular y el documento de Santo Domingo (1993) el p. Tello agrega otra explicación: “¿Por qué se hizo pobre? ¿Qué es la pobreza? Para saberlo debemos recurrir a la revelación divina y no a otras fuentes. La salvación del hombre -que implica la victoria sobre el enemigo- la realizó Dios hecho carne -Dios y hombre- y esto era necesario para que la derrota del adversario fuera justa y cabal. Pero fue hecha por la virtud de la divinidad, no por la fuerza de la carne. Las dos cosas debían quedar bien manifiestas: que la salvación fue hecha por un Dios en la carne y que fue hecha por la virtud de la divinidad no de la carne. Para que la carne no se gloriara contra Dios, en el acto de la salvación quedó sujeta a la muerte y sólo el poder de la divinidad la resucitó. Pero no sólo eso. Durante la vida del Dios-hombre en la tierra, la carne no desplegó todo el poder que podría tener en este mundo sino que apareció débil en el mundo; así nació Él y así vivió.

Y Jesucristo quiso continuar la obra de la salvación del mismo modo: en la debilidad de la pobreza envió a los predicadores y a los apóstoles (Mt 10,9s) y en ella eligió a sus seguidores, según atestigua San Pablo: ‘Dios eligió lo que el mundo tiene por necio para confundir a los sabios; lo que el mundo tiene por débil para confundir a los fuertes; lo que es vil y despreciable y lo que no vale nada, para aniquilar a lo que vale. Así nadie podrá gloriarse delante de Dios’ (1Co 1,27-29).”

109


 Índice

Pobres y pobreza, hoy .............................................................................................................93

La cuestión: pobreza y modernidad ......................................................................................93 Pobreza, riqueza, mundo .......................................................................................................93 Cristo y la pobreza.................................................................................................................94

Consecuencias......................................................................................................................... 95 Cuestiones ulteriores ...........................................................................................................100 Modernidad y pobreza.........................................................................................................100 ¿Porqué los pobres quedan fuera de la Iglesia?...................................................................101 Sintéticamente .....................................................................................................................101 Acción contra la pobreza.....................................................................................................102

Rasgos fundamentales........................................................................................................... 102 Algunos criterios................................................................................................................... 103 Modos simples ...................................................................................................................... 105

Anexo: El individualismo religioso.....................................................................................105

Apéndice I: Pobreza de Cristo y acción con los pobres......................................................107 Índice ......................................................................................................................................110

 110


  Índice General:

Página

  1 Breve fundamentación de las peregrinaciones y misiones con la Virgen. 4

2 Iglesia y sectas. 35

3 Palabra de Dios e Imagen en la pastoral popular. 54

4 El cristianismo popular y las virtudes teologales: La FE. 72

        5 Pobres y pobreza, hoy.

92

   Fascículo Extraordinario n° 2


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