Para leer a Francisco. Teología, ética y política


EMILCE CUDA, Para leer a Francisco. Teología, ética y política, Buenos Aires, Manantial, 2016, 260 pp.



Emilce Cuda

propone en este libro claves hermenéuticas que nos permitan leer el magisterio del Papa Francisco en un triple eje temático: teología, ética y política. El tema es de suma importancia coyuntural y la autora nos permite acceder a una mirada sobre el modo de concebir la política del Sumo Pontífice desde una perspectiva peculiar: es creyente- teóloga, conoce el contexto teológico-político en el que se formó Francisco y ha estudiado ciencias políticas. Esta convergencia temática y existencial es una invitación a sumergirnos en la lectura de un texto con un inicial espíritu de curiosidad.

El libro está estructurado en cuatro partes, articuladas por la preocupación transversal de los tres ejes propuestos como objetivos del ensayo. 

En la primera, presenta el nuevo escenario en el que la autora percibe que se da el debate ético-po- lítico actual donde la gestualidad y la palabra del Papa Francisco juegan un papel central. 

Esa palabra, proviniendo del ámbito magisterial, es principalmente una palabra teológica que ha reconfigurado la manera de estar de la Iglesia en el mundo.

La segunda parte propone pensar las categorías éticas y políticas desde los aportes de la llamada Teología del pueblo, desarrollada en argentina desde mediados de la década de 1960 y que Francisco universalizó desde el ejercicio del papado. 

Cuda propone un recorrido histórico de los conceptos que va presentando progresivamente. La primera formulación de ético-político es fruto de una preocupación pastoral-teológica que evoluciona a lo largo de los años hacia la noción de pueblo (adjetivada en el texto con las categorías pueblo y trabajador) y hacia la postulación de una cultura popular, que va más allá de lo folklórico y se propone, en palabras de la autora, como un discurso preformativo, hegemónico y contrahegemónico. 

Es aquí donde se estudian los trabajos pioneros en el tema tanto de Lucio Gera como de Rafael Tello.

La tercera parte analiza detenidamente el aporte filosófico y teológico de Juan Carlos Scannone. 

La relevancia de dedicarle toda la tercera parte del texto a Scannone (45 páginas) tiene, a mi entender, dos motivos principales. El primero es que estamos ante el único exponente vivo de la Teología del Pueblo en sus orígenes. 
Si bien el teólogo jesuita es considerado como parte de la segunda generación de esta expresión teológica, creo que conviene pensarlo también como quien articula los primeros pensadores con las generaciones actuales. 
Es una voz que participó en los debates del pasado y no sólo un eco de la historia. 
La segunda razón es que Scannone es reconocido mundialmente como uno de los maestros de Francisco.
Siendo ambos jesuitas y habiendo compartido juntos un camino en la historia de la congregación y del país, ameritaba detenerse en el pensamiento de Scannone.
 En este sentido, Cuda muestra un conocimiento cabal de la obra del autor argentino y logra plasmarlo en una síntesis que expresa el aporte de ese pensamiento a la Teología del Pueblo.

Finalmente, la última parte está dedicada al Magisterio de Francisco. 
La autora nos propone un recorrido que partiendo de Bergoglio y comprensión de la teología de la cultura como una forma de hacer teología política, avanzar en el análisis de dos momentos muy importantes en donde el Cardenal de Buenos Aires intervino: el documento de Aparecida en la última reunión de los obispos latinoamericanos y la Exhortación Evangelii Gaudium. 
El tema de la cultura con sus diversas variantes (cultura de la vida, cultura de la muerte, cultura del encuentro, cultura del descarte) atraviesa toda la cuarta parte resignificando las categorías de ética y de política.


Una de las notas destacadas del libro es que Emilce Cuda trabaja los tres ejes transversales en una perspectiva interdisciplinar. 
La teología de Gera, de Tello y de Scannone entra en diálogo con las propuestas de Schmitt, Peterson, Laclau o Chantal Mouffe.
 La consecuencia de esta interacción es la búsqueda de una nueva ética que sirva como criterio normativo en un mundo fuertemente deshumanizado. La autora no yuxtapone simplemente sistemas de pensamiento de campos académicamente diversos, sino que intenta proponer una síntesis en la convergencia de dos miradas.
Esta intencionalidad se refuerza por el conocimiento y el uso de las fuentes tanto del universo teo- lógico como del de las ciencias políticas. Detrás de este ensayo se nota la abundancia de lecturas previas y la capacidad para encontrar puntos en común para pensar la historia.

Este esfuerzo se concreta en la propuesta de una ética histórico- cultural que la autora denomina
pastoral teológica. 
Por pastoral no entiende el conjunto de acciones que pueda promover la institución eclesiástica para la atención de sus fieles, sino una propuesta abierta al mundo que brote de la interpelación de la historia a la teología. 
No sólo va más allá de los límites institucionales (sin excluir a la institución), sino que pretende tomar la iniciativa antes los acontecimientos históricos y no siempre ir a la zaga de los mismos. 
“Una pastoral teológica sería el resultado de entender la ética, no como principios trascendentales construidos a priori de la realidad, sino como principios trascendentales construidos a posteriori, en el drama de la historia, y por lo tanto contingentes en el curso mismo de la cultura de cada pueblo en particular, y por el pueblo mismo” (49). 

La ética teológica no es un reemplazo de la Teología Pastoral sino un complemento que permita asumir la historia desde otra perspectiva. 
“Mi intención no es definir de otro modo la praxis teológica invirtiendo la fórmula sino construir una herramienta de análisis que -como complemento- permita entender mejor la particularidad que la teología pastoral adopta en América Latina” (50).

Uno de los puntos en donde Emilce Cuda avanza en esta línea es su interpretación de la categoría pueblo. 
Para ella no es suficiente comprender esta noción sólo desde la percepción y valoración de la pobre- za sino también del trabajo. 
El pueblo es pueblo-pobre-trabajador, noción compleja que permite a la Teología del Pueblo distanciarse de la interpretación marxista. 
“La Teología del Pueblo se inclina a defender a los trabajadores porque en ellos está encarnado el pueblo, y será en el mundo del trabajo, y no en el de la pobreza, donde el pastor deviene teólogo del pueblo”. 
Un poco más adelante aclara que trabajador es también el pobre desempleado, evitando la tentación de una lectura clasista en donde el trabajo levante un muro ideológico para comprender la pobreza. 

“Para la Teología del Pueblo, pueblo es un pueblo particular, concreto, integrado también por los desempleados, los desocupados y los empleados de manera marginal o precaria, ya que todo pobre trabaja para sobrevivir al día siguiente y por eso mismo es trabajador y si no se lo considera como trabajador se lo mata” (112). 

Pienso que esta es una perspectiva novedosa propuesta por Cuda para pensar cuestiones de método y de contenido para abordar la categoría pueblo. 
Hay una acentuación en el tema trabajo que yo no encuentro tan destacado en las discusiones históricas de la Teología del Pueblo pero que introduce, en mi opinión, un punto novedoso y abierto a una interesante discusión.

Otro de los aspectos relevantes del libro es otorgarle un lugar central al conflicto de las culturas como clave teológico-político para acceder a la problemática contemporánea. 
“La novedad de la teología latinoamericana [con Francisco] se vuelve a poner en el centro del deba- te teológico lo político, pero ahora como cultura, reabriendo la cuestión sobre los fundamentos como arche del conflicto social emergente en el interior de las sociedades democráticas de las repúblicas occidentales actuales, sin que por eso sus principios constitutivos de igualdad y libertad aparezcan cuestionados o amenazados” (226).
 La problemática del conflicto de las culturas es resignificada por Cuda como una nueva arista en la discusión sobre el sentido y el valor de la libertad y de la igualdad, anhelos profundamente arraigados en las sociedades democráticas actuales y, mucho antes que en éstas, dimensiones específicas de la prédica de Jesús en los evangelios.
 Rescatar esta intuición original de la teología latinoamericana y específicamente argentina con la Teología del Pueblo es un justo reconocimiento a uno de los aportes medulares de esta corriente de pensamiento en el continente.

El libro de Emilce Cuda es un muy buen ejercicio de articulación entre la teología y la política en una coyuntura internacional delicada y donde la Iglesia tiene una palabra con relevancia más de allá de sus muros. 
La autora es doctora en Teología y estudió Ciencia Política en Chicago bajo la dirección de Ernesto Laclau. 
Esta doble pertenencia académica le permite moverse con soltura tanto en el campo teológico como el político, tratando los temas con autoridad y no como una advenediza que improvisa sobre la mar- cha.
La vertiente interdisciplinar genera un atractivo en la lectura, poniendo al Magisterio de Francisco en una clave acorde a la del espíritu y propuesta del Pontífice: una Iglesia y una teología en salida.





Revista Teología • Tomo LIII • No 121 • Diciembre 2016: 197-201 199

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

OMAR CÉSAR ALBADO

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