LOS PRIMEROS DISCIPULOS
Pedro Trigo sj
Salmos del Evangelio
Salmos del Evangelio
(Jn 1,35-51)
¡Qué desconcertante es el modo de Jesús de reunir discípulos! Por eso, Padre, te pedimos que nos lo des a conocer
para que también nosotros sepamos escuchar su invitación. Jesús no monta ninguna campaña propagandística
no hace actos sorprendentes para darse a conocer. Jesús simplemente pasaba.
Oyendo la palabra de Juan, había ido a bautizarse a disponerse para tu venida.
Juan lo señaló como el que venía a quitar el pecado del mundo es decir, la opresión, el oprobio de tu pueblo.
Se lo imaginaba como el leñador que examinaba a los árboles para talar los que no daban fruto.
Así lo señaló a dos de sus discípulos.
Se lo tuvo que señalar
porque no tenía nada que llamara la atención.
Se lo quiso señalar para que fueran tras él
porque Jesús era más grande que él.
Los discípulos obedecieron a Juan por última vez y lo dejaron para irse tras Jesús.
Jesús sintió que lo seguían
nunca lo había sentido
hasta ese momento te había seguido a ti
-2-
en los representantes de tu pueblo
y últimamente en Juan.
Ahora, sin llamar a nadie, lo empezaban a seguir.
Era una hora nueva. Jesús no hizo aspavientos
preguntó sencillamente qué buscaban.
Ellos eludieron también las grandes palabras.
No dijeron que buscaban al que quita el pecado del mundo
la figura de Jesús les borró las fórmulas establecidas comprendieron confusamente que empezaba algo nuevo.
Se limitaron a llamarlo maestro y le preguntaron que dónde vivía El que plantó su tienda entre nosotros
les invitó a conocerla por dentro. Les dijo: "vengan y lo verán". ¿Qué vieron, Señor? No, por supuesto, riquezas ni sirvientes tampoco armas ni libros
no vieron nada que los hiciera sentirse extraños
y sin embargo supieron que habían entrado
a un ámbito decisivo.
Jesús no les echó discursos, no los adoctrinó
no intentó hacerlos prosélitos.
Lo que vieron era inefable.
Ellos supieron que ya no podrían vivir sin él.
Con el tiempo verían muchas cosas
serían todo ojos para contemplar
todo oídos para no perderse ni una palabra
todo manos para tocar y palpar
porque era la Vida misma, tu vida, lo que se manifestaba.
Pero tu vida era más que proyectos y programas
tu vida era Jesús, el hijo de José, el de Nazaret.
No sabían cómo decirlo
pero se quedaron para siempre con él.
Habían encontrado lo que andaban buscando
y tenían necesidad de comunicarlo
no les cabía la emoción en el cuerpo.
¡Con qué alegría, Señor, salían a dar la noticia!
Pero ¿cómo trasmitir lo nuevo si todas las palabras estaban usadas? Se limitaron a decir: "hemos encontrado al Mesías"
porque ese era el que esperaban
"vengan y verán" decían
y llevaban a Jesús a quienes tenían su misma esperanza. Jesús los recibía de un modo personalizado
Se están poniendo, Señor, las bases de un pueblo nuevo
está inciándose algo definitivo
y todos toman la iniciativa.
Jesús acepta y recibe, como la red los peces que llegan a ella. Vienen porque buscan y no encuentran
vienen por su propio impulso
vienen a ver y se quedan.
y últimamente en Juan.
Ahora, sin llamar a nadie, lo empezaban a seguir.
Era una hora nueva. Jesús no hizo aspavientos
preguntó sencillamente qué buscaban.
Ellos eludieron también las grandes palabras.
No dijeron que buscaban al que quita el pecado del mundo
la figura de Jesús les borró las fórmulas establecidas comprendieron confusamente que empezaba algo nuevo.
Se limitaron a llamarlo maestro y le preguntaron que dónde vivía El que plantó su tienda entre nosotros
les invitó a conocerla por dentro. Les dijo: "vengan y lo verán". ¿Qué vieron, Señor? No, por supuesto, riquezas ni sirvientes tampoco armas ni libros
no vieron nada que los hiciera sentirse extraños
y sin embargo supieron que habían entrado
a un ámbito decisivo.
Jesús no les echó discursos, no los adoctrinó
no intentó hacerlos prosélitos.
Lo que vieron era inefable.
Ellos supieron que ya no podrían vivir sin él.
Con el tiempo verían muchas cosas
serían todo ojos para contemplar
todo oídos para no perderse ni una palabra
todo manos para tocar y palpar
porque era la Vida misma, tu vida, lo que se manifestaba.
Pero tu vida era más que proyectos y programas
tu vida era Jesús, el hijo de José, el de Nazaret.
No sabían cómo decirlo
pero se quedaron para siempre con él.
Habían encontrado lo que andaban buscando
y tenían necesidad de comunicarlo
no les cabía la emoción en el cuerpo.
¡Con qué alegría, Señor, salían a dar la noticia!
Pero ¿cómo trasmitir lo nuevo si todas las palabras estaban usadas? Se limitaron a decir: "hemos encontrado al Mesías"
porque ese era el que esperaban
"vengan y verán" decían
y llevaban a Jesús a quienes tenían su misma esperanza. Jesús los recibía de un modo personalizado
Se están poniendo, Señor, las bases de un pueblo nuevo
está inciándose algo definitivo
y todos toman la iniciativa.
Jesús acepta y recibe, como la red los peces que llegan a ella. Vienen porque buscan y no encuentran
vienen por su propio impulso
vienen a ver y se quedan.
-3-
¡Qué modo tan insólito, Señor, de seleccionar y elegir!
Jesús sabe que eres tú quien los envías
y él no echa a nadie
sino que se empeña con todas sus fuerzas
en conservar los que tú le das.
Así se inicia, Señor, el pueblo de la Nueva Alianza
tan silenciosamente.
Tu Hijo es una semilla que se siembra en los corazones. Los discípulos tendrán crisis, desencantos, pánico
no les logrará convencer Jesús de su camino mesiánico. Pero entusiastas, abatidos, enconchados o en desbandada serán ya por siempre los de Jesús, sus compañeros
los que se quedaron para siempre a vivir con él.
Te pedimos, Padre, fascinación por tu Reino
entregarnos a él como quien saca un tesoro fabuloso.
Te pedimos que lo entendamos, no según nuestros deseos sino al modo de Jesús
como siembra discreta de semillas de vida
como la llama de tu Espíritu de Hijos
que prende llamas de fraternidad
como testimonio desarmado y ofrecido
de la verdad que conduce a la vida
como buena noticia para los pobres del mundo
y en ellos para todos.
Que no nos queramos hacer importantes
como anunciadores del Reino.
Que lo hagamos como Jesús, así de pobre y calladamente. Pero sobre todo, Padre, te pedimos
lo que alcanzaron los primeros discípulos
que no nos separemos de Jesús
que seamos, como ellos, los de Jesús
que ni el pecado nos separe de él
que nos ha aceptado, que nos eligió.
y él no echa a nadie
sino que se empeña con todas sus fuerzas
en conservar los que tú le das.
Así se inicia, Señor, el pueblo de la Nueva Alianza
tan silenciosamente.
Tu Hijo es una semilla que se siembra en los corazones. Los discípulos tendrán crisis, desencantos, pánico
no les logrará convencer Jesús de su camino mesiánico. Pero entusiastas, abatidos, enconchados o en desbandada serán ya por siempre los de Jesús, sus compañeros
los que se quedaron para siempre a vivir con él.
Te pedimos, Padre, fascinación por tu Reino
entregarnos a él como quien saca un tesoro fabuloso.
Te pedimos que lo entendamos, no según nuestros deseos sino al modo de Jesús
como siembra discreta de semillas de vida
como la llama de tu Espíritu de Hijos
que prende llamas de fraternidad
como testimonio desarmado y ofrecido
de la verdad que conduce a la vida
como buena noticia para los pobres del mundo
y en ellos para todos.
Que no nos queramos hacer importantes
como anunciadores del Reino.
Que lo hagamos como Jesús, así de pobre y calladamente. Pero sobre todo, Padre, te pedimos
lo que alcanzaron los primeros discípulos
que no nos separemos de Jesús
que seamos, como ellos, los de Jesús
que ni el pecado nos separe de él
que nos ha aceptado, que nos eligió.

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