LA SEMILLA MAS PEQUEÑA
Pedro Trigo sj
Salmos del Evangelio
LA SEMILLA MAS PEQUEÑA
(Mc 4,30-32)
Nos contaron, Padre, la parábola de la semilla más pequeña
como la parábola de la historia del cristianismo:
empezó oscuramente en un rincón
fue creciendo y ahora es la religión más poderosa
la que tiene mayor número de fieles, mejor organización
y la que acoge en su seno a las naciones que son los dueños del mundo.
Sólo tu podrías ser el autor de una expansión tan fulgurante.
Nosotros, Padre, lo creímos así y te dábamos gracias
y nos sentíamos orgullosos de pertenecer a esa historia gloriosa.
Contemplábamos a Jesús de Nazaret hablando a ese pueblo
y no sabíamos si admirar más su sencillez o su seguridad
lo veíamos como un profeta que más que a esos campesinos
hablaba a las generaciones futuras, a nosotros
que podíamos comprender, más que ellos, sus palabras
porque las veíamos ya realizadas.
Nuestra situación era como la de Salomón dándote gracias
al inaugurar su templo porque habías cumplido tus promesas.
Así nos veíamos nosotros: nacimos pequeños
y ya llenamos la tierra.
Al principio fue la semilla
ahora es la planta más grande y esplendorosa
y todo, decíamos admirados, es obra tuya
Sin embargo, Padre, ahora no vemos así las cosas.
Ahora nos parece que tu Hijo Jesús quiso decir
que la semilla más pequeña es la que da mayor fruto
que tú escoges a lo más pequeño para que de ello salga
la vida y la salvación.
Jesús hablaba de él y de sus discípulos
los de entonces y los de todos los tiempos.
Tu Hijo Jesús fue en verdad la semilla más pequeña
tú la sembraste en el vientre de tu humilde esclava
y de ella brotó la salvación del mundo.
Esa es, Padre, tu lógica
por eso son los pobres y los que se hacen los más pequeños
los que, siguiendo a tu Hijo, dan fruto que permanece
lo demás, el poder y la gloria de este mundo
no son dones tuyos sino del Príncipe de este mundo.
Cuando tu Iglesia los ha pretendido para sí
se hace incapaz de dar vida
y como los otros poderes del mundo
vive de la vida que exige a los fieles
y los tiene como súbditos en vez de ser su servidor.
Cuando tu Iglesia busca ser la planta más grande y esplendorosa
agosta la tierra que son tus hijos
les apaga el Espíritu
les quita la libertad
y los entrega al Príncipe de este Mundo
con quien pacta para participar de su poder y gloria.
Pero no lo sabe. Dice: soy rica por gracia de Dios
poseo el depósito de la tradición y nada me falta
Señor, Padre nuestro, haznos entrar en tu lógica
que comprendamos que Jesús nos enriqueció con su pobreza
que comprendamos que los que se hacen llamar bienhechores
y se creen que lo son, son en realidad opresores.
Que oigamos, Padre, a Jesús que nos dice
"ustedes, nada de eso". Lo nuestro es ser servidores
ser sirvientes, como él lo fue.
Que pueda decirse, Padre, a todas las Iglesias del mundo
lo que dijo el Espíritu a la de Esmirna:
"Conozco tus apuros y tu pobreza, y sin embargo, eres rica"
Que no nos tenga que decir lo que dijo el Espíritu
a la Iglesia de Laodicea, poderosa y segura de sí:
"aunque no lo sepas, eres desventurada y miserable
y estás ciega y desnuda".
Señor, hoy somos testigos de que lo que el mundo llama débil
tú lo escoges para que ellos fortalezcan nuestra fe
y lo que es tenido por ignorante tú lo escoges
para revelar tu sabiduría, oculta a los sabios
y lo que es despreciado por no tener categoría
tú lo escoges para sembrar la dignidad y el respeto.
Hoy, Señor, y siempre tú siembras en el mundo
la semilla más pequeña
la piedra que desecharon los arquitectos tú la conviertes
en clave del edificio
esa piedra es Jesús y su cuerpo en la historia.
En la semilla más pequeña
te complace poner tu poder de germinar.
Gracias, Padre, porque te ha parecido bien hacerlo así.
Concédenos hacernos tan pequeños como los niños
para dar lugar, para convivir, para colaborar
para, de este modo, entrar en tu Reino.
Pedro Trigo sj Salmos del Evangelio

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